Por Félix Torres
Introducción de Carlos de Bustamante
( Nuestra señora de la Soledad. Obra de Mariano Bellón -1874)
Los tres foramontanos estamos acostumbrados las impresionantes escenas de las procesiones de la semana santa en Valladolid y más concretamente el compendio de ella del Viernes Santo. Sé que las que hoy me honro en presentar de mi amigo Félix Torres de Toledo, su tierra, parecerán de menor nivel que las de nuestros insignes imagineros castellanos viejos.
Os ruego, mis amigos y probables únicos lectores, que no hagáis comparaciones. Se trata de leer y meditar la incomparable devoción y cariño puestos en las oraciones plasmadas por un maestro -Félix Torres- en inspirados sonetos que tituló Felix “Sonetos aPSiONados, 2014”.
Leídos despacio, nos ayudarán, no a contemplar escenas esculpidas en tallas excelentes, que lo son, sino a vivirlas como un personaje más en ellas durante estos días que, semirecluidos, invitan a la oración.
Así pues, comencemos por la de Nª. Sª. de la Soledad, con la que empiezan las procesiones, el viernes de Dolores. Sirva este comentario como introductorio general anticipado a los que, a lo largo de esta Semana de Pasión, requiera cada nueva entrega en los de las propias fechas santas.
LA PRIMERA
(Soneto)
Tú en la calle, Señora, la primera;
tu dolor el mayor de los dolores,
que a su muerte tremenda en sus rigores
te trajeron el odio y la ceguera.
Que, en un viernes, el tuyo, en primavera,
¡silencio!, no hay bullicio ni clamores,
a tu paso oraciones y fervores:
tú en la calle, Señora, la primera.
Enlutadas tus damas, tu cortejo
va a la luz de las ceras; luctuosa,
toledana la noche en la su hora.
Y volviendo a mis cosas hoy te dejo,
transida, traspasada, dolorosa:
la primera en la calle, tú, Señora.
- ENTRADA DE JESÚS EN JERUSALÉN
Os ruego, mis amigos y probables únicos lectores que os trasladéis con la imaginación a la ciudad imperial. Y, como en nueva Jerusalén, seáis un personaje más de los que contemplan la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Cantad, si os place, el hossana que allí entonó la muchedumbre. Mujeres hombres, niños y mayores; los mismos, aunque quizá no los niños, gritaron luego desaforados: ¡Crucifícale! Turba que, como todas las que fácilmente adoctrinadas, se convierten en acusadores furiosos de lo que antes defendieron enfervorizados. Historia que se repite hasta hoy en día por los astutos manipuladores de la opinión pública. Ayer como hoy. Ahora os ruego, amigos míos, que como vates dignos del soneto, viváis la escena:
PRESINTIENDO
(Soneto)
Entre palmas, olivos y laureles
Jerusalén te acoge alborozada,
mas bien lo sabes Tú, que desairada,
en breve habrá permuta en sus papeles.
Que pronto llegarán momentos crueles:
pedirán que tu sangre en la algarada
sea sobre sus hijos derramada,
gritando cual fantoches y peleles.
Y vas, majestuoso y apacible,
sobre humilde montura ensimismado,
presintiendo tu muerte y tu Pasión…
y en el gesto en tu mano, perceptible,
quiero ver me la tiendes, y confiado,
hoy espero, Jesús, tu bendición.
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