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Una generación engreída y sin sentido de la Historia

Tres foramontanos en Valladolid 31 Mar 2021 - 07:25 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

(Viñeta de Nieto en ABC el pasado 26 de marzo)

Para la generación actualmente dominante la Historia debe ser interpretada desde una torpe visión de nuevos ricos. Deslumbrada por los avances impulsados por las últimas generaciones anteriores – y sobre todo por la de sus padres y abuelos, que nos legaron los ordenadores e incluso nos llevaron a la luna – parece incapaz de digerirlos, con lo cual se ofrece a los aprovechados la posibilidad de dar pasos atrás en nuestra historia y desandar lo andado en beneficio de objetivos que se creían ampliamente superados tras la experiencia del pasado siglo.

Según una visión sesgada sólo posible confundiendo las realidades de la Historia mediante la agitación y propaganda hoy apoyadas por la tecnología, todos quienes hemos vivido en el planeta Tierra seríamos inmorales por no decir estúpidos desde el punto de vista del necesario juicio histórico del hombre o la mujer de hoy, o de lo que corresponda según la novedosa clasificación LGTBIQ+ que ahora se nos impone.

Así queda excluida cualquier visión ponderada y matizada de hechos y situaciones que puedan ser valorados en cada circunstancia histórica. Con lo cual, lejos de una visión ponderada de nuestras raíces, sólo obtendremos un insoportable despropósito. Sólo el hombre de hoy responderá, si bien debidamente adoctrinado, al ideal de perfección que nos exigen los profetas de una realidad acorde con los nuevos tiempos.

Esto es lo que estamos a punto de tragarnos gracias a que hoy en día no se encuentra tiempo para nada y si nos quedara algo sobrante lo emplearemos en consultar el whatsapp, el instagram y todas esas cosas. De forma que, aunque la mayor parte de ellas se nos presenten con los ropajes de una modernidad que las exhibe como productos de diseño, no hacen sino repetir teorías superadas que para quienes conozcan de verdad la Historia se revelarán como una realidad prefabricada desde la ignorancia o la impudicia, como una foto fija según la cual nunca hubo en España un sabio, un santo, ni, por supuesto, un héroe, sino tan sólo gente que abusaba de otros pues por lo visto todos pecaban, de algo, no como ahora que por primera vez hay quienes, aunque puedan parecer impresentables, son tenidos por seres tan perfectos que incluso no utilizan las botellas de plástico.

Pero en este contexto de descreimiento generalizado y de asalto al poder hecho posible gracias a la previa anulación de la ciudadanía, cuando se pretende interpretar nuestra gloriosa Historia según torcidos criterios ideológicos; cuando nos imponen su política determinadas fuerzas que pretenden alcanzar el cielo del poder mediante la aplicación de la agitprop; cuando lo que ya en el fondo se pretende es destruir la unidad de la nación partiéndola en pedazos – una vez quitados ya de en medio los poderosos recursos democráticos de la ley y el orden – el resultado es una confusión que alcanza a todo, incluso a los nombres de las calles, que hay que cambiar para mayor pureza, Así que no sería de extrañar que cualquier día estas fuerzas disolventes aprovecharan la ocasión para ensalzar con ellas a quienes en el pasado permitieron o alentaron la mayor matanza de cristianos del pasado siglo XX, tarea en la que se llegaron a batir récords mundiales.

Nadie diría que tras el brillante final del siglo XX en el que España llegó a alcanzar la definitiva normalización política gracias a la prosperidad pacientemente conseguida por los laboriosos españoles en una contexto de convulsión mundial en el que se mantuvieron tercamente en paz; después de haberse incorporado ya definitivamente a todas las instituciones internacionales y estando ante un prometedor futuro de paz protegida – cuando todo parecía seguir en el mejor camino – una generación de ineptos pretenciosos e incapaces de enfrentarse al futuro con serenidad ante los cambios olvidaría despectivamente el sacrificio de sus predecesores en una torpe exhibición de egoísmo y de torpeza que con el tiempo sufrirá sin duda el juicio que merece de la Historia.

Tres foramontanos en Valladolid

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