Por Javier Pardo de Santayana
(Viñeta de Ramón en El Norte de Castilla el pasado día 15)
Comunico a mi lector que este artículo mío hace el número mil trescientos de mi lista. Y que el hecho para mí reseñable es haber encontrado siempre un tema para no faltar a la obligada cita, sobre todo en este año y ya bastante pico en que nos presiona el monotema que hoy copa todos los espacios existentes.
Mi colaboración empezaría con consideraciones geoestratégicas, es decir con unos temas que en aquellos días dominaban la actualidad pero de los que ahora estoy casi desconectado. Y sin embargo pronto me hice con la clave para responder al reto de escribir siguiendo un calendario y buscando mi inspiración en otros campos. Y lo encontré sin proponérmelo en la inagotable fuente que me ofrecieron los asombros y sorpresas que constantemente brindan mis paisanos y en cierto modo también estas generaciones nuevas que se esfuerzan hoy en destruir lo construido.
Naturalmente, mi preocupación inicial fue evitar preocuparme en exceso por esta exigente obligación sobrevenida y la posible obsesión del cumplimiento. Mas pronto perdería el miedo al constatar que me bastaba con recurrir simplemente a la ducha matutina, cuando al calor del agua la mente se despierta y el cuerpo se dispone a hacer lo que parezca necesario.
Así empecé un buen día del año 2008, y así continúo en abril cuando ha pasado la friolera de otros trece y ya contabilizo los mil trescientos artículos escritos para este blog de los Foramontanos con la casi obligación de festejarlo. Para lo cual no puedo imaginar mejor sistema que hacer constar mi agradecimiento hacia quien me lo solicitó en su día y a quien me lo aceptó sin conocerme, ya que, pasado el tiempo, lo de escribir con los Foramontanos pasaría de ser un exigente compromiso a una forma de vida que me transformaría el tiempo y me concedería la posibilidad de explayarme sobre cualquier cosa y no guardarme casi nada dentro.
Sí, de verdad que no exagero al reconocer hasta qué punto aquella invitación de 2008 contribuyó a mi buena salud y mi felicidad al ayudarme a mantenerme activo y en conexión con todo cuanto ocurre durante nada menos que trece años de mi vida durante los cuales dos veces por semana me siento obligado a comentar sobre las cosas de la vida. Y es que trece años dan para demasiado, de forma que la colección de mis artículos se me ha convertido en una verdadera crónica que en su conjunto nos transporta a unos tiempos difíciles especialmente para España y ahora ya incluso para el mundo entero. Pero que no es una crónica política, sino plural y colorista; que trece años dan para mucho folclore y mucha observación de las costumbres.
Así he tocado desde algunos asuntos trascendentes en estos tiempos de confusión política hasta los aparentemente más banales de una moda que alcanza ya a las camisetas con mensaje en lengua inglesa. Sin olvidar otros temas más exóticos, como los relacionados con mis viajes a la República Sudafricana, Ghana o Mozambique. Así que en esto entrará todo lo imaginable, pues nunca pretendí sino describir sencillamente los múltiples aspectos del panorama que vivimos en los comienzos de este nuevo siglo, cuando nuevas generaciones fueron sustituyendo el esplendor de la llamada “sociedad del bienestar” – y los proyectos de consolidación de una paz que pareció posible – por el desbarajuste en que nos encontramos enredados y que hoy se refleja en múltiples facetas destructivas.
En cuanto al paso del tiempo en los trece años de nuestra convivencia, se hace patente sobre todo en la presentación de nuestras tres aportaciones, que ahora hay que leer en un contexto de mayor presencia de la publicidad acompañante, y por lo que a mí respecta, en una menor presencia del lirismo y la poesía. Y en una gran actividad correctora de nuestro paciente editor sobre mis textos; algo que de verdad agradezco y que supongo atribuible por mi parte a una cierta pérdida de agudeza visual y quizá también a una redacción mía bastante menos espontánea que me obliga con mayor frecuencia a revisar lo escrito.
PS: Con ansiedad espero conocer el número de errores que acabo de cometer en este artículo.
Nota del editor: tres errores, está muy bien. Y felicidades, has sido una mina de oro.
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