Por Carlos de Bustamante
(Ovejas. Acuarela de José Montiel)
Permitidme amigos un breve (¿) prolegómeno a esta nueva Égloga. La última tal vez de la nueva miniserie pastoril. En tantos años como os llevo adormeciendo en este bendito blog, creo haberos dicho que la Dehesa de Peñalba es una explotación agrícola y ganadera, familiar desde tiempo inmemorial. Trescientas cincuenta hectáreas en forma de huso, se extienden a lo largo del padre Duero. Ribera prodigiosa que jalona de belleza muy verde la de por sí Dehesa de Peñalba “La Verde”.
Escondida el agua en la panza de los páramos que encajonan el valle del Duero, la vierten sobre el río, fresca, cristalina y abundante en numerosos manantiales compartimentando los seis kilómetros de ribera en la Dehesa. Pero no solo alimentan el caudal de Duero, sino que antes de caer rumorosa sobre él, inundan de frescura el terreno por donde afloran. Pastizal de hierba a su paso y riego de savia para multitud de chopos y sus hermanos los álamos, como el encaje en los vestidos de las novias.
No se refiere pues el título al prestigioso vino que, producido en estos pagos ribereños, tiene ya merecido fama en el mundo entero: RIBERA DEL DUERO. Puesto que, sin proponérmelo salió a colación, recuerdo el poema con el que por las buenas notas en literatura compensé en parte las desastrosas en matemáticas; colegial imberbe y vate destacado, dicho sea de paso: `Una cena´ del poeta andaluz Baltasar de Alcázar. Elogio al vino clarete (`aloque´) en ella que lo hago propio del vino mentado.
En Jaén donde resido…
“Esto, Inés, ello se alaba, /no es menester alaballo;/sólo una falta le hallo
que con la priesa se acaba”.
Con el ruego de vuestras disculpas por la extensión de este prolegómeno, vuelvo al tema bucólico.
Eutimio el tercero de los pastores, iba en cabeza del hatajo con las más selectas ovejas de los tres rebaños existentes. Tomó el camino, otrora calzada romana, que conducía `a la puente´; para él, camino conductor al pasto de la Ribera. Ribera del Duero. Placer incomparable para sus churrillas.
Con la sonrisa puesta, toma asiento junto a la fuente de la Teja, al pie de un gran álamo cuajado de follaje verde y blancura de plata vieja en las hojas. `Deseguida´ saca del zurrón la cazuelilla con sabrosas viandas que le preparó su Felicitas para el almuerzo.
Las churrillas pacían -`cariaban´- por la ribera pastos que `nian´ el prado. Más pendiente Guardián, el perro de Eutimio, del pan y huesos de pollo que se estaba `enveredando´ su amo que de las `uvejas´, salió de pronto extrañamente agudo hacia la orilla del río, a tan solo unos metros de ande Eutimio almorzaba descuidado. Con ladridos desaforados, indicaba a su amo una `catastro´/fe. Como un resorte dejó éste los placeres del yantar y de la frescura de la arboleda, para acudir tan precipitado, que la cazuelilla salió por los aires que se enredaban entre el ramaje impregnándolo con el `extraordinario´ sabor del guiso. El espectáculo cuasi le hiela la sangre en las venas. Estragado el simental, ganador de la feria internacional del campo en Madrid, tanto se orilló al río para comer el bálago apetitoso que crecía abundante junto al agua, que se `abocicó´ `caendo´ en las profundidades.
Sin pensárselo dos veces, Eutimio trepó por un árbol seco que lamía las aguas y trató de coger al carnero por el pescuezo con la curva de la `cayada´. Enganchó al animal `deseguida´, pero fue tanto el esfuerzo para salvarle y tanto el peso del animal, que la rama seca `ande´ se sentó a horcajadas, chascó estrepitosa confundido el crujido con la zambullida del pastor en las profundidades. Nacido en el páramo, `seco como chistos´, su `conocencia´ del río y de `bañar´ en él era como el de un pez… de plomo. Antes de pedir socorro a nadie, porque allí nadie había, se aferró a las lanas largas del simental, y más mal que bien, y con el torpe nadar del carnero llegó a los zarzales de la orilla, suaves `áhura´ para él como la seda. El salvador se convirtió en salvado. Desde la oriila, `áhura´ sí, atrapó el pescuezo del salvavidas con la cayada y con las pocas fuerzas que `nian´ los gurriatos tras el esfuerzo, sacó al padre de muchas de sus uvejas hasta tierra firme.
Foramontano de Castilla y ya andaluz enamorado de esta tierra, recordé la copla por sevillanas del maestro Manuel Pareja-Obregón; la que cantada por mi mujer como los ángeles (andaluces…) viene a ser cuasi pintiparada al caso:
“Un pastor perdió la vida, por salvar a su cordero/Por salvar a su cordero/Un pastor perdió la vida/Un pastor perdió la vida, Carmelo dale al tambor/Un pastor perdió la vida/Por salvar a su cordero/Por salvar a su cordero/Qué buen corazón tenía/Qué buen corazón tenía/, Carmelo dale al tambor/Qué buen corazón tenía/Qué leccción al mundo entero/.
En la orillita del río/Los zagales le lloraban/En la orillita del río, Carmelo dale al tambor/Ya estará con el Pastor/De mi Virgen del Rocío” //.
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