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Acuarelas de Faustino Blanco en las Angustias

Tres foramontanos en Valladolid 12 Jun 2021 - 07:24 CET
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Por José María Arévalo Riera

(Folleto de mano de la muestra)

Como la prensa raras veces anuncia las exposiciones en salas no oficiales –de lo que se quejan las salas privadas con toda razón, por qué no las incluyen al menos en los avisos generales- no tenía la menor noticia de esta exposición de Faustino Blanco en el salón de cabildos de las Angustias que se viene celebrando desde el 1 de junio y se prolongará hasta el día 21 próximo, y me la encontré por casualidad, al salir de una visita a nuestra maravillosa “Zapatona”, la imagen de Juan de Juni que da nombre a la cofradía penitencial titular del templo, pues caía una lluvia torrencial en esos momentos y me refugié en el salón de cabildos, abierto cruzando la esquina, a la salida de la iglesia, a mano derecha. El horario para ver esta muestra es de 11 a 13,30 y de 18 a 20,30.

En estos momentos en que han desaparecido la mayoría de las salas de exposiciones de las entidades bancarias, se agradece poder utilizar ésta de las Angustias, pues aunque sea pequeña y no es su uso habitual, todos hemos expuesto en ella –recuerdo que obtuve un segundo premio del Taller de Otoño de la Unión Artística Vallisoletana justo en una muestra en esta sala-. Nada más entrar para cobijarme de la lluvia, me llevé la agradable sorpresa de encontrar el aviso de que podía entrar a una exposición de acuarelas, lo que para mí como acuarelista es siempre grato, pero además la foto del cartel me agarró tanto que no pude sentir la tentación.

A través de la luz

Además, en este caso no importa el espacio reducido de la sala, pues las acuarelas que nos ofrece enmarcadas Faustino Blanco son de pequeño formato –y por ello supongo que más asequibles al bolsillo de los interesados- así que entran sin aprieto unas veinte, además de dos o tres cuadros de formato grande en acrílico, que curiosamente presentan el mismo tipo de temas pictóricos a pesar de tratarse de técnicas tan distintas.

La muestra se titula “A través de la luz”, y resulta un título muy adecuado pues, dentro de la expresión figurativa, supone reducir al máximo los detalles dejando únicamente la forma de bulto de las imágenes de personas que incluye en la mayoría, quizá solo a excepción de la acuarela del folleto de mano que regala (de un bar en el que se distinguen mejor las mesas y sillas, y el bulto de las personas resulta más normal sea difuminado por la distancia a la que se recoge, mientras que las baldosas aparecen perfectamente dibujadas en detalle); en común efectivamente tienen, esta y las demás, que reflejan en todo caso el efecto de la luz que entra por el fondo en todas ellas.

Quitando, pues, ésta del bar que recoge el folleto de mano, me han parecido todas las demás fuera de lo normal, muy rompedoras, igual que los acrílicos que también presenta,  y distintas de las que he podido ver en varias webs que recogen obra suya anterior a esta exposición. Es evidente que Blanco ha evolucionado hacia una cada vez menos detallada expresión de las formas humanas, y, quizá con la escusa de recoger con más fuerza la luz, se ha dedicado a abstraer más.

En otras ocasiones he comentado que la acuarela es una técnica poco adecuada para la pintura abstracta por la falta de intensidad de los colores –en cambio facilita muchísimo obtener en la paleta colores reales gracias sobre todo a su efecto de transparencia- teniendo en cuenta que cuanto más se prescinde de las formas más hay que explotar el color, que es lo que queda. Bueno, en esta  línea, podríamos decir que las nuevas acuarelas más abstractas de Blanco se sustentan en la luz en vez de en el color, que  aprovecha más en los acrílicos que también enseña con los mismos motivos, pero ciertamente más vibrantes. Viendo y comparando pensaba que las acuarelas se defienden –facilitan-  de la abstracción por el pequeño tamaño; que  no podrían pintarse en 50×70 por ejemplo, mientras que sus acuarelas menos abstractas, aunque muy impresionistas, como la del folleto de mano, sí podrían plasmarse en gran formato. En todo caso son acuarelas con suficiente transparencia –como no podía ser menos para reflejar la luz- y con técnica muy elaborada, que es evidente domina Faustino Blanco.

Si quieren mi opinión crítica, prefiero el Faustino Blanco más impresionista que el más abstracto, pero viendo en las webs a que me refiero fotos de acuarelas suyas antiguas, éstas me gustan mucho menos que la última del folleto de mano, que para mi gusto es la mejor de todas. Como no puedo manejarme bien por esas webs con sus fotos y no descubro títulos ni fechas de creación, no me atrevo a decir más.

En fin, son lucubraciones mías, como las que he encontrado de otros críticos en esas webs, y de las que ahora recojo algunas. Pero primero vamos a ver, tomadas también de ellas, su formación y trayectoria.

Formación y trayectoria

La primera formación artística de Faustino Blanco Vega, nacido en Valladolid, comienza en el estudio del pintor José Paéz Giralt, donde da sus primeros pasos en el aprendizaje de la técnica de la acuarela.

Posteriormente se traslada a Madrid para dedicarse al mundo de la música y el espectáculo durante años (profesión que simultanea con las clases libres de dibujo y pintura del Círculo de Bellas Artes) comienza así su dedicación durante muchos años a la práctica de la acuarela

“La contínua búsqueda y el temor al encasillamiento –dice el propio autor en su currículum- le ha llevado a la investigación de nuevos recursos expresivos, técnicos y conceptuales, pasando de paisajes y temas urbanos, a la figuración expresionista y a la abstracción.

Otras críticas

Alberto Campos escribe –y por lo que dice creo que se refiere a su pintura anterior a ésta más abstracta-: “En locales llenos de vida y sugerencias, es donde podemos encontrar a Blanco recogiendo imágenes y formas mediante ligeros y bellos apuntes a la acuarela, que más tarde y a través del filtro de su sensibilidad, convertirá en versos azules, naranjas y violetas: «Color de noche».

Sus atmósferas dibujan el idioma de los gestos rutinas debates… soledad en compañía, momentos estos que pasan desapercibidos para aquellos que miran devorando fotogramas sin pararse a respirar su esencia.

Si conseguimos prescindir de adornos y artificios llegaremos, y con ojos ya fieles, a observar la síntesis de los elementos. Superando ya el tópico y regalándonos la belleza de su espíritu, Faustino Blanco se nos muestra tal cual, portando fuerza creatividad y técnica”.

Y Alejandro Ortiz Cabria, por su parte, escribe también, y creo que ya a la vista de estos temas más abstractos: “Aquellos espectadores que hayan venido a ver la exposición de F. Blanco con la intención de encontrarse con cuadros que sean réplicas figurativas o imitativas de la «realidad, quedarán decepcionados pues el arte hace tiempo que ha dejado de ser gramófono de esta realidad para subjetivizarse en otra realidad transformadora del quehacer creativo del artista, de su sentimiento, pues esta acción incorpora una nueva vida sobre las cosas, las dota de un alma que el pintor medio inventa, medio encuentra, como si leyera entre líneas.

La pintura de Faustino Blanco se convierte en una abstracción de todos los elementos plásticos, en una melodía vigorosa de ritmos y color, de ordenadas sensaciones ligadas más allá del aparente caos, para establecerse en el ámbito de otras resonancias y espacios intuidos, al compás de un azar provocado, sólo guiado por la inteligencia creativa, facultad ésta que consiste en saber lo que es necesario sin perder lo natural y espontáneo y huyendo del peligroso juego de lo que se sabe con facilidad.

El pintor prefiere dar el salto de lo aprendido a lo desconocido, con una visión directa del color puro y de sus insinuaciones atemporales, de sus matices, de las resueltas direcciones de la materia con la energía que un gesto preciso confiere a la misma, en una compulsión casi biológica. Entre volátiles azules emergen sólidos bermellones, naranjas, ocres; entre tímidos verdes azulados se contrastan altos rojos escarlatas; y como rocas flotantes dos o tres masas predominantes marcan rotundas mayúsculas en su lenguaje compositivo, que no ahoga la sonoridad intensa de las pequeñas cadencias hasta llegar al abismo sonoro de la luz, la libertad: el cuadro posee ya vida propia y sigue funcionando si es certero; y como solía hacer Saint Pol Roux antes de dormir al poner un cartel, sobre la puerta de su mansión de Camaret, que decía: «el poeta trabaja», yo diría mejor en este caso: «el poema trabaja».

En fin, interesante exposición de todo luz, que me alegro muchísimo de haber encontrado gracias a un día lluvioso, de poca luz, Se la recomiendo a ustedes.

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