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Ceuta y su compleja situación estratégica (V)

Tres foramontanos en Valladolid 25 Jun 2021 - 07:23 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

(Sáhara)

Centinela en la encrucijada  (continuación)

  1. La OTAN

Ya me referí a la labor que hace la OTAN en relación con el proceso de Barcelona. Es una labor orientada según la doctrina de Helsinki en el sentido de que para aproximarse a quienes recelan de nosotros, no nos quieren o – digámoslo sin ambages – pueden estar incluso dispuestos a borrarnos del mapa, lo único verdaderamente eficaz que se puede hacer es generar y desarrollar medidas de confianza. Porque, naturalmente, no vamos a aliarnos con ellos, que cosas de este tipo sólo se las he oído a Gila.

Ahora me referiré a algo que también tiene relación con la OTAN y con Ceuta. Algo que suele ser objeto de preguntas cuando hablo de la Alianza Atlántica, y es el hecho de que Ceuta y Melilla no estuviesen incluidas dentro de las fronteras establecidas por el Tratado del Atlántico Norte. Suelo yo contestar que nadie podía esperar que en plena Guerra Fría se fueran a modificar las fronteras de la OTAN, pero que entonces eso no me importaba demasiado porque los artículos 5 y 6 del Tratado de Washington reclaman consultas en caso de amenaza a una de las partes, se valoraba especialmente el papel de España en el Estrecho, y entonces reinaba un sólido espíritu de solidaridad. Ahora es cuando quizá me preocupe más, porque el interés prioritario se orienta a apoyar Marruecos para protegerle del peligro de un Islamismo radical, y además se ha perdido parte de la solidaridad a toda prueba. La reacción de alguno de nuestros socios europeos y euroatlánticos con ocasión de la ocupación del islote de Perejil da motivo para una razonable preocupación.

Por eso me parece a mí que en este escenario de nueva conflictividad el peligro principal no está fuera, sino en que nuestra postura no sea suficientemente firme y decidida y no se aproveche debidamente – o que incluso se malogre, como ha estado a punto de ocurrir – lo que durante medio siglo ha sido una relación especial con EEUU, país muy sensibilizado en lo que se refiere a la seguridad y la defensa contra la amenaza de sello islamista. Es una pena que cuando se cumplía el medio siglo de relación especial con la mayor potencia mundial, se mandase todo al garete. Luego hemos intentado arreglarlo un poco, pero ya nadie se fía.

Desde luego, España es mucha España, y sólo necesitaría creerse lo que hace y ser firme en sus principios, pero claro, lo que no puede hacer es dilapidar tan tontamente su prestigio.

Respecto a la Alianza Atlántica y al Estrecho y Gibraltar, les recordaré que una labor tenaz y firme de las autoridades españolas logró hacer valer nuestros intereses frente a los de nuestros amigos británicos cuando se negoció el control del Estrecho de Gibraltar y sus accesos. Luego hubo que defender el acuerdo ante una maniobra británica que pretendía demostrar la inviabilidad de este acuerdo, y, al regularizarse nuestra participación en la Alianza, que Gran Bretaña sacase partido de la supresión del nivel OTAN de la colonia inglesa en beneficio de la Roca. Además, con la creación del Mando del Estrecho y otras medidas de carácter militar, se fue reduciendo el peso específico militar de la base de Gibraltar, lo que demuestra que la firmeza es posible y además puede dar réditos. “Sí, podemos” sería la lección que de esto se deduce, pero…

Hoy, los cambios en política exterior y la construcción de un nuevo puerto y una nueva base naval marroquíes en el estrecho están cambiando el panorama. Y digo yo que se trata de algo que nos debiera

interesar a los españoles. Por otra parte, ahora hablamos a tres bandas sobre Gibraltar, cosa que yo creía incompatible con el tratado de Utrecht.

De estos asuntos les supongo a ustedes mejor informados que yo mismo y preocupados también, pero a mí se me alcanza que, como mínimo, a los demás debieran informarnos del porqué de todo esto que hacemos ahora y explicárnoslo un poco.  Por lo menos a los que hicimos el bachillerato antiguo.

  1. El conflicto del Sáhara

Ahora hablaré de un tema que, por ser ajeno a Ceuta, podría pensarse que en nada afecta a esta ciudad. Pero les recordaré que, tal como creo haber ya indicado, la incierta situación del Sáhara, patata caliente por excelencia para las Naciones Unidas, sigue y presumiblemente seguirá siendo por mucho tiempo un mecanismo compensador que repercutirá en las reivindicaciones que afectan a esta ciudad autónoma cada vez que resulte conveniente a nuestros vecinos. Así vemos como la inoperancia de la ONU acaba por tener también un reflejo concreto en la realidad de esta ciudad, lo cual da indudablemente que pensar.

  1. Tendencias de futuro

Tras “los felices noventa” – en que el panorama estratégico era de paz protegida; cuando nuestros esfuerzos se orientaban prioritariamente a prevenir conflictos y gestionar las crisis, hemos entrado en la perplejidad, la confusión y la sensación de inseguridad, puesto que los pilares de nuestra seguridad (Naciones Unidas, Estados Unidos, la Unión Europea, el sistema financiero, y nuestras convicciones más profundas y tradicionales, hoy sometidas a un asedio) han ido deteriorándose estrepitosamente; y esto en un tiempo de creciente globalización que evoluciona hacia la multipolaridad – es decir con la presencia de varias grandes potencias de ámbito global y no sólo una como hasta ahora. Los expertos anuncian que dentro de unos quince años China se pondrá a la altura de EEUU. Nos esperan, por tanto, tiempos de incertidumbre. No sabemos siquiera si las nuevas potencias considerarán vigentes los principios y valores que hasta ahora se tuvieron como fundamentales para la paz. Desde luego, esto nos obligará a estar preparados para todo evento; algo difícil de conseguir en un periodo de vacas flacas como el actual.

Ante este horizonte de incertidumbre e inseguridad, sólo es seguro el desplazamiento del centro de la atención mundial hacia el Este. El Mediterráneo, flanco que había que asegurar y proteger durante la Guerra Fría y que luego recuperó su carácter de unidad estratégica, pasará, como España y Marruecos y toda nuestra amplia región, a una posición bastante más periférica y marginal. A menos que las cosas cambien radicalmente, la Unión Europea será una potencia singular con especificidad propia en el juego diplomático, y, por tanto, una potencia complementaria. Esto significa que contaremos cada vez menos en el mundo. ¿Cómo repercutirá en la seguridad la pérdida de la luz de los focos que antes se proyectaban sobre nosotros?  Dios dirá, pero en todo caso convendrá ir pensando en ello para evitarnos nuevos sustos.

(seguirá)

 

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