Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Coro de veteranos

Tres foramontanos en Valladolid 02 Jul 2021 - 07:23 CET
Archivado en:

Por Carlos de Bustamante  

(Escudo de la Academia General Militar)

Con no poca satisfacción veo en el último número de nuestra Revista (320/2) año 2021, cómo la formación de un orfeón de veteranos, va viento en popa.  Más que un proyecto, es ya una gozosa realidad en la que cada actuación de las muchas que ha tenido es un éxito más que notable. Desde mi nueva ubicación en Sevilla, mi más cordial enhorabuena al director y a todos y cada uno de los componentes.

Al leer detenidamente su extraordinaria andadura no he podido por menos de sentir una profunda añoranza; y por qué no decirlo una `miajita´ de desazón.

Añoranza, porque me trajo vivo el recuerdo de nuestro coro en la AGM: más de 50 voces bien timbradas, varoniles, recias, que, dirigidas por el inolvidable Reguéira -José Luis Fernández Reguéira-, tuvimos tan amplio repertorio, que nada tuvo que envidiar al de los orfeones más acreditados.

Pero ¿quién era Reguéira?  Cuando una persona es “alguien”, bien merece esta sencilla pero muy afectuosa dedicatoria. Hijo de militar, fallecido en nuestra guerra civil contra el comunismo y sus desmanes, Reguéira cursó estudios en los colegios para huérfanos de militares. En los `Carabancheles´ Alto y Bajo, hizo su bachillerato con excelentes calificaciones. Deportista y buen estudiante, pronto se ganó la simpatía de profesores y compañeros. “Pínfanos” como él. Que así se nos denominaba a los alumnos de los colegios para huérfanos de militares.

Pero no fue esa la nota predominante en la que más sobresalió el Pínfano   Reguéira. Autodidacta y dotado de una inteligencia proverbial para la música y composición musical, pronto dejó su impronta en la formación de coros (enseguida con la categoría de orfeones) con amigos y compañeros, de curso y colegio.

En `los Carabancheles, ´el coro de Reguéira adquirió tanta fama y prestigio, que con toda justicia pudo ya denominarse orfeón. Las numerosas virtudes que se adquieren con la música se hacían notar en los componentes bajo su batuta. Con los ensayos en horas libres detraídas del juego o de las salidas a la capital, los `chicos del coro´, alumnos de tan gran maestro, vivieron momentos realmente felices. Y lo fueron   numerosos de cada curso escolar, según la clasificación de voces que incansable examinaba cuidadosamente:  desde Pínfanos con voces atipladas, infantiles, (soprano, o tiple, y contra alto) a las más graves en los casi hombres de los últimos cursos del bachillerato. (tenor, barítono y bajo)

El pínfano Reguéira ingresó en la AGM con la novena Promoción. (año 1950). Novato, no tuvo prejuicios humanos para, enseguida y con los debidos permisos de la superioridad, crear el primer coro formado, que yo sepa, en el prestigioso Centro Castrense. No menos de sesenta voces entre veteranos de la octava promoción y compañeros novatos como él de la novena, aceptaron encantados el mandato de su batuta.

Lo que comenzó modesto, al poco tiempo se hizo grande y de reconocida categoría por todos los Caballeros Cadetes y el claustro de profesores (los ` protos´).  Tanto con las actuaciones en las festividades propias del colegio primero y de la milicia luego, los sucesivos coros adquirieron prestigio y categoría. Fueron pocos los pínfanos o cadetes que no pasaron examen con el `maestro´, para calificar aptitudes y clasificación de voces para integrarse en el conjunto musical. Quién tenor o contratenor en `voces claras´, quién barítono o bajo en `voces oscuras´.

Pronto, los aires del Moncayo transportaron preciosas melodías, primorosamente ejecutadas con cuasi perfecta ejecución por el prestigioso `coro de la Academia´. Los ensayos tenían lugar en el salón de actos, bien detrayendo, con permiso, una hora de estudio en días festivos o semifestivos, o bien en horas libres que los Caballeros Cadetes `perdían´ con agrado. Porque, permitid mis amigos que lo exprese de corazón, ensayar o cantar en el coro era una auténtica gozada.

Cuando los de la octava promoción ascendieron a Caballeros Alféreces Cadetes, hubo renuevo de voces con las de los recién ingresados de la DÉCIMA. Mayúsculas, porque, a mucha honra, es la mía.

Con conocimiento, pues, de causa, os confieso, amigos y compañeros de otras promociones sin coro, que, si bien es cierto que la vida académica dejó huella por momentos de extrema dureza, los del coro de Reguéira, tuvieron con él una caricia -dedada de miel- reconfortante, en los diarios avatares de la milicia vivida a tope.

Aunque no es probable, por los muchos años transcurridos, que alguno de los actuales componentes del orfeón de veteranos actual haya pertenecido a este coro, con el mayor afecto me permito deciros, que vuestra afición y éxitos, bien pudieran tener reminiscencias de la impronta dejada por nuestro `director´. Huella indeleble tanto en la Academia como en los diferentes destinos de su larga vida en la milicia con los soldados de la propia Unidad, normalmente de su querida montaña, y con veteranos de las distintas capitales donde ejerció con éxito sin precedentes una auténtica musicoterapia.

Desazón, en fin, porque rota la voz por el malhadado accidente en acto de servicio, muy a  mi pesar  he de permanecer  en `dique seco´.

 

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by