Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Nubes en el horizonte (II)

Tres foramontanos en Valladolid 07 Jul 2021 - 07:22 CET
Archivado en:

Por Javier Pardo de Santayana

(Logo del Instituto de Estudios de Seguridad y Defensa de la UE)

Del documento elaborado por el Instituto de Estudios de Seguridad y Defensa de la UE retendré sobre todo su definición del nivel de ambición europeo, al poner de relieve la singularidad de su perfil en los aspectos relativos a la seguridad y la defensa. Según esta definición, Europa estaría dotada de una cierta vocación y de unas estimables capacidades específicas para el ejercicio del “poder blando” (soft power), lo que la conferiría una particular utilidad a la hora de intentar resolver los eventuales conflictos. Mi opinión es que este perfil de Europa, además de hacer de la necesidad virtud, constituye un reconocimiento implícito del carácter de potencia complementaria que asume la Unión. Ante tal actitud por parte de Bruselas, la  primera pregunta que surge es la siguiente: ¿complementaria respecto a quién? Y la respuesta es evidente: complementaria respecto a los Estados Unidos. Quizá sea ésta una de las razones por las que el nuevo concepto estratégico enfatiza la necesidad de que la UE desarrolle sus propias capacidades de seguridad y defensa, que en este sentido no sería sino una forma directa y eficaz de materializar el “burden sharing”. E, indudablemente, el refuerzo de los lazos entre la UE y Norteamérica contribuiría, no sólo a conseguir la eficacia de la deseada sinergia, sino también a imponer en los círculos internacionales la idea de que se mantiene la validez de los valores y fundamentos occidentales en un futuro y previsible contexto de multipolaridad.

Una de las utilidades de los estudios prospectivos es que éstos han de facilitar la definición de las capacidades que se estiman imprescindibles para afrontar el futuro, sobre todo cuando éste es tan confuso como el que ahora prevemos. Pero en este sentido he de decir que, como la extensión de este artículo no me permite entrar en mayores profundidades, me limitaré a señalar que la amplia gama de riesgos y amenazas que nos describe el documento “Multiple Futures” exige en todo caso dotar de una gran flexibilidad a nuestra panoplia de recursos y a nuestra orgánica, pues sólo así podremos orientar una u otra según cómo evolucione el modelo hacia uno u otro de los escenarios descritos en el estudio realizado por la Alianza Atlántica.

En todo caso habrá que tener en cuenta que el tiempo requerido para el desarrollo de un sistema de armas es del orden de los diez años, por lo cual los veinte años disponibles entre 2010 y 2030 – y con mayor razón los quince que separan 2010 y 2025 – no nos conceden un plazo tan amplio como a primera vista pudiera parecer. Téngase además en cuenta, que, tal como ya apunté, partimos de una situación sumamente desfavorable, y que, para empezar, los europeos tenemos que recuperar el mucho tiempo perdido. En efecto, aún está por hacer bastante de lo que ya nos habíamos propuesto, o sea que habrá que empezar por ponerse al día. Además, la combinación de nuestra crisis económica y de la deriva que han tomado las misiones en las que estamos actualmente empeñados, hace que gran parte de las inversiones actuales se empleen en reforzar la protección de la fuerza más que a incrementar o perfeccionar nuestros recursos. La exigencia incluida en el nuevo concepto estratégico de la OTAN en el sentido de mantener un nivel adecuado de financiación de los recursos necesarios para nuestra seguridad y defensa, será, con toda seguridad, muy difícil de satisfacer.

En el caso europeo, dos aspectos de carácter psicológico vienen a introducir una dificultad añadida: la creciente tendencia a la re-nacionalización del tratamiento de los procesos y las decisiones, y el estado de confusión propiciado por la sensación de pérdida de seguridad que experimentan los ciudadanos al ver cómo se van viniendo abajo los pilares en los que ésta se cimenta. En efecto, Naciones Unidas, en las que hace tiempo se depositaban tantas esperanzas, se ha convertido en una organización de escasa utilidad; los Estados Unidos, cuya simple presencia causaba respeto, ya no es lo que fue, sobre todo después del Once de Septiembre; Europa, que no ha mucho asombraba al mundo con sus espectaculares logros, se halla ahora carente de ilusión y de impulso y escasa de solidaridad; y, por si todo esto fuera poco, acabamos de presenciar el fracaso – que esperamos superable, pero que sin duda dejará profundas cicatrices – de un sistema financiero que suponíamos casi perfecto y, desde luego, suficientemente sólido. Y todavía, lo que podríamos considerar en Occidente como nuestro último recurso, es decir, aquellas convicciones profundas que forman parte de nuestra base cultural, se muestran ahora debilitadas por un relativismo moral propiciado incluso desde el poder.

Hace algo más de un año que la red de Asociaciones de EuroDefensa acogió una propuesta española en el sentido de que se organizara un grupo de trabajo para analizar el documento prospectivo de la OTAN desde una visión europea. El desarrollo inicial de esta iniciativa dejó bien claro que la importancia del documento dependería de la eficacia que tenga para abrir los ojos a la Unión Europea sobre la necesidad de asumir cuanto antes una realidad muy distinta de aquélla a la que estábamos acostumbrados, así como tomar conciencia de ella. De ahí debe derivar la autoexigencia de realizar todos los esfuerzos necesarios para ponernos en condiciones de afrontar un futuro preocupante e incierto. También habrá que tomar conciencia de la desfavorable situación de partida, que obligará a recuperar el tiempo perdido y sentar las bases de una imprescindible reacción en un entorno de profunda crisis económica.

En todo caso no podemos permanecer ajenos a unas realidades evidentes y a un futuro preocupante y confuso.

Diciembre de 2010

PD. Como constatará probablemente mi improbable lector, parece que la nueva generación de gobernantes hubiera perdido el sentido de su responsabilidad, y que quienes tuvieron la responsabilidad de asegurar nuestro futuro estos últimos años tampoco parecen haberse preocupado demasiado o que quisieron cambiar el rumbo de las cosas desvíándolas del prometedor rumbo que se les ofrecía. Y el caso es que ya será difícil enderezarlo de nuevo en el sentido que entonces se juzgó más conveniente, es decir, trabajando a partir de un paz protegida y asegurada por el reforzamiento de la Unión Europea y de su relación con la OTAN y los Estados Unidos y haciendo valer el predomino del hasta entonces prestigioso “pensamiento occidental”. Desde luego, no parece que éste haya sido el caso durante el mandato del presidente Trump, paro tampoco demasiado con el Presidente Obama.

Y así estamos ahora, cuando ya hemos perdido mucho tiempo. Espero que el lector se dé cuenta de ello y aprecie la urgencia de volver al buen camino.

 

 

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by