Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

El mérito de soportar la crítica

Tres foramontanos en Valladolid 10 Jul 2021 - 07:29 CET
Archivado en:

Por Javier Pardo de Santayana

(La selección española en acción)

El deporte siempre ha sido un modelo extrapolable a otros aspectos de la vida. En él contemplamos la realidad del ser humano en su expresión total: en la debilidad y en el esfuerzo, en la victoria y el fracaso, en la alegría y la tristeza, en la ilusión de la victoria conseguida y en la decepción de la derrota. Y en tantos otros aspectos de la vida. En España lo vemos casi diariamente en el inevitable fútbol, cuyos resultados repercuten poderosamente en el bienestar de muchos de nuestros compatriotas, que se sentirán felices o infelices según vayan las cosas en el césped en relación con sus equipos favoritos. Así hemos visto muy recientemente toda una exhibición de contrastes multitudinarios en el comportamiento de los aficionados.

Ahora la cuestión es que está en juego el papel internacional de nuestro futbol en su obligado confrontación con los demás equipos europeos en el contexto de una situación sui generis distinta de la de los programas habituales que generaba el calendario deportivo, hoy puesto ya patas arriba por la famosa pandemia de coronavirus, es decir, en una situación anómala por no decir caótica que, para mayor complicación, coincide además con un relevo de nuestro equipo nacional. Digo esto porque por el momento – quien sabe luego cómo acabará la cosa – los acontecimientos nos deparan una ocasión perfecta para constatar hasta qué punto los resultados deportivos se muestran capaces de cambiar nuestro talante.

Empezamos, efectivamente, interesados por el resultado de los muchos cambios fraguados en un ambiente enrarecido, y el resultado fue, ya de entrada, decepcionante, así que puede usted imaginar lo sucedido cuando los españoles, incluidos los expertos de siempre, llegamos a la conclusión de que nuestros muchachos se mostraban claramente incapaces de colar un gol en puerta ajena. Y he dicho puerta ajena porque en el último encuentro de la serie parecieron confirmarse los malos augurios iniciales al ver como el partido comenzaba con un estúpido tanto en propia puerta, hecho luctuoso que parecía demostrar, no sólo que nuestra selección era incapaz ante la meta ajena, sino que éramos capaces de ganarnos a nosotros mismos. Aunque conviene decir que un servidor de ustedes mantenía la impresión de que si a nuestros jóvenes goleadores les costaba marcar, era por dedicarse a pasarse el balón unos a otros hasta el aburrimiento sin crear así mayor peligro. Es decir, que el problema estribaba en una táctica seguida y mantenida a toda costa. Tan es así, que muy frecuentemente la interminable jugada concluía en manos del portero propio, que fue lo que ocurrió también en ese caso.

Y, sin embargo, a partir de ese momento, cuando la situación era para tirar ya el partido por la borda, la serenidad se impuso y no sólo se reaccionaría en sentido positivo, sino que acabó ofreciendo todo un modelo de comportamiento. Y aquella tragedia que se presagiaba pasó a convertirse en un encomiable gesto de comportamiento que pasaba a iluminar nuestro futuro. Porque, en efecto, no sólo no se envió a nuestro portero a los vestuarios, sino que se confiaría en él y éste reaccionaría con una serenidad y un aplomo sorprendentes. Y quienes antes echaban los balones para atrás pelearían ahora bravamente superando no sólo la desgracia inicial sino adquiriendo además una ventaja inicial de un par de tantos y volviendo a hacer lo mismo al llegar un desempate forzado por nuestro adversario en los últimos minutos del encuentro. Es decir, marcando un total de cinco goles.

Ni qué decir tiene que los que tan mal había comenzado al sentirse tocados incluso por insultos personales, pasarían a convertirse en la esperanza de un mejor futuro, restituyendo de esta forma la fe en unos muchachos que demostraron ser capaces de superar una opinión en contra y la presión de sentirse criticados sin la menor muestra de respeto. Y hay que ponerse en la piel de estos muchachos de veintitantos años que se sienten criticados permanentemente por una masa de aficionados que no les pasan una, y que, pese a todo, se vieron forzados a actuar en cada instante con la espontaneidad y la soltura necesarias para rehacerse y hacer fluir el juego en pugna con un adversario cuya afición tampoco admitirá – supongo –  la posibilidad de una derrota.

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by