Por Javier Pardo de Santayana
(Jabonera de plástico)
Usted, querido amigo, se preguntará que tienen en común las dos palabras que curiosamente componen nuestro título, por lo que trataré de despejar la incógnita.
Pues bien, para empezar, ambas coinciden en compartir la actualidad. Y la razón es que tanto una como otra se dieron a conocer como muestras de progreso. Seguro que lo recuerda usted, pues la invención del plástico constituyó un interesante avance tecnológico. Se trataba en su día de una sustancia nueva muy compleja que se veía como solución a muchas pegas presentadas por los materiales habitualmente utilizados para la fabricación de una vasta colección de diferentes artefactos y sobre todo de contenedores y de envases. Me refiero, por ejemplo, a la loza y al cristal, que además de ser bastante caros se rompían fácilmente sin ofrecer la posibilidad de repararlos.
En cuanto a los llamados “scalextric”, surgieron como una solución inteligente para resolver los problemas de la circulación rodada en aquellas ciudades invadidas por la afluencia imparable de vehículos en determinados puntos.
Por eso lo curioso es que lo que fue considerado no sólo como una enorme conquista de la ciencia desde el punto de vista de su posible repercusión en el ambiente, como es el caso de los plásticos, ha pasado a ser visto exactamente como lo contrario: algo así como un problema de dimensiones planetarias. Gran decepción para quienes creyeron haber puesto su granito de arena en mejorar nuestro futuro y nuestras vidas, y ahora deben andar con la cabeza baja como colaboradores necesarios para poner en peligro nuestro mundo.
Parece conveniente recordar que el impactante invento de los plásticos ofrecía la posibilidad de fabricar una diversidad de cosas muy notable. Se trataba de un material ligero y muy versátil, más barato que sus antecesores, adaptable a las necesidades y exigencias más diversas y con un componente “democrático” por ofrecer una solución de poco coste para casi todo. Y, para colmo, con una duración tan asombrosa que le hacía parecer eterno. En cuanto al “scalextric”, proporcionaba la posibilidad de una circulación fluida ante el peligro creciente de atascos producidos por el extraordinario aumento de vehículos. Además, con él se evitaría tener que proceder a la apertura de comunicaciones subterráneas, con lo cual uno se puede imaginar también en este caso la decepción que debieron experimentar al ver, no sólo como aquellas obras suyas acababan por ser eliminadas, sino como eran además consideradas algo así como un ultraje a la naturaleza o a los avances del conocimiento. .
Y la razón de que esto ocurra es que el ser humano se reconocía desde siempre enfrentado a una naturaleza que le superaba, y en consecuencia se esforzaba por sobrevivir de la mejor manera, mientras que ahora se plantea exactamente lo contrario, de forma que su preocupación primera ha pasado a consistir en protegerla de los desaguisados que la hacemos. Extraña sensación, por consiguiente, la de los expertos que dedicaron su vida a la fabricación del increíble plástico, cuya virtud de durar eternamente plantea unos problemas de tal envergadura que en la actualidad se considera indeseable. Tal como sucederá, supongo, con quienes en los países avanzados se consideraban pioneros en la aplicación de soluciones tecnológicas a la circulación rodada.
Ambos serán las víctimas de la revolución que estamos ya viviendo, no sólo como sufridos ciudadanos sino en nuestra condición de seres de naturaleza planetaria que contemplan ya a la madre Tierra como otro ser también perecedero.
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