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Vuelve el impulso destructor del odio

Tres foramontanos en Valladolid 31 Jul 2021 - 07:25 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

(El Valle de los Caídos)

Se ve que un gobierno tan numeroso como el que estamos sufriendo se esfuerza por dar tarea a todos sus componentes, cosa encomiable mas poco necesaria en una situación tan escasamente halagüeña como la que hoy tiene esta España que como es sabido no rebosa precisamente de salud ni de puestos de trabajo. Así que nuestros numerosos ministerios se entretienen inventando nuevas tareas que simplemente  tengan buena venta.

Y lo están haciendo, por ejemplo, generando más deuda de la que ya teníamos – aspecto en el que siempre ha sido un hacha – o fundiéndonos a impuestos, materia en la que ya nos tiene situados en los primeros puestos. Así que no paran de dar vueltas a la cabeza, esfuerzo que habrá que agradecer todos los días y que no es cosa fácil desde luego. La prueba es que hasta ahora no todos los ministros y ministras han encontrado una tarea decente. Todavía hay quienes nos preguntamos qué demonios hace la mayoría de ellos y de ellas sobre todo a la luz de sus respuestas a las preguntas de los periodistas.

Lo que sí tenían ya entre ceja y ceja era una obsesión que les motivó desde el principio: aprovechar la situación vivida para encajar de cualquier modo su revancha. Se trata de vengarse ahora que pueden, aunque fuera después de ochenta años y tomando de modelo lo que ya perpetraron en su día quemando templos a destajo y causando la mayor matanza de cristianos del pasado siglo, incluidos 7000 religiosos incapaces de asustar siquiera a una mosca, que en eso se esmeraron sus ancestros. Se ve que que han visto la ocasión de probarlo de nuevo aunque sea quizá con menos muertos para no empañar tanto su imagen.

En realidad lo conseguido hasta el momento era reconstruir una alianza social-comunista como la que en los viejos tiempos tuvo la osadía nada menos que de cargarse al jefe de la oposición cumpliendo una amenaza proferida en sede parlamentaria. Se ve que la actual circunstancia de una pandemia universal y de una consiguiente restricción de libertades constituye una ocasión pintiparada. ¡Y qué mejor demostración de sus deseos que entrar a saco en Cuelgamuros, donde el piadoso recuerdo de los muertos es también expresión de la fe que ellos detestan!

El primer paso acabaría en el ridículo, ya que creyendo eliminar la presencia del principal objeto de sus odios trasladaron a ése exactamente al lugar que él eligió para el descanso eterno. Pero esto no les bastaría, por cuanto ahora pretenden transformar aquel lugar tranquilo y silencioso – un valle sublimado por el mutuo perdón y el paso de los años; aquel lugar de paz y de oración – en una vomitona de amenazas como expresión del odio que aún conservan.

Pero aún hay más, ya que otro de sus objetivos es eliminar del panorama la oración, es decir, la esencia misma de lo que pretendía ser el Valle, y para conseguirlo han anunciado su intención decidida de expulsar del lugar a los benedictinos, santos varones cuyas plegarias por las almas de los muertos se elevaban al cielo diariamente en un recuerdo permanente de las víctimas.

Y aún esto es sólo parte de la historia, puesto que su obsesión enfermiza va todavía más allá de la revancha, y se propone también la eliminación de cualquier vestigio de la fe cristiana, se trate de los acuerdos con la Santa Sede, de la enseñanza religiosa de los niños y jóvenes como es ahora el caso, e incluso de la presencia del Crucificado en el silencio esencial de Cuelgamuros. Sí, aunque parezca imposible imaginar la posibilidad de que alguien en su sano juicio pueda concebir la idea de destruir la formidable imagen de sacrificio y de perdón que impone en el paisaje la Cruz de Juan de Ávalos – esa obra maestra que se encuadra dentro de la más auténtica tradición española – se sabe de la existencia entre nosotros de personajes que ya mueven el rabo para ponerse a la altura de los desgraciados e ignorantes talibanes: aquéllos que, hace ahora precisamente veinte años, en una exhibición de vandalismo, se cubrieron para siempre de vergüenza destruyendo los famosos Budas.

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