Por Javier Pardo de Santayana
(Botellas de plástico)
Hace unos días repusieron en televisión una película que usted recordará sin duda. Su título era “Sabrina” y su protagonista Audrey Hepburn, un bella holandesa que cautivaría al respetable. Acompañaban a la actriz en este caso otros dos grandes de la historia del cine, William Holden y Humphrey Bogart que para entonces eran ya dos estrellas consagradas. Recordaré lo que era más o menos su argumento: La protagonista, hija del cocinero de un rico caballero de Long Island, regresaba a su casa tras una estancia en París para formarse en el oficio de su madre cocinera, y lo hacía convertida en una joven atractiva y elegante. Sintetizaré la película diciendo que siempre se había sentido enamorada del más joven y atractivo de los hijos del dueño y sin embargo acabaría por casarse con el mayor y más sensato de ellos.
Mas lo que quisiera especialmente resaltar es la coincidencia de la historia – recordamos que el filme se estrenaría el año 54 – con el todavía cercano invento de los plásticos, cuya presentación y venta sería precisamente la base principal del importante negocio familiar y la tarea que correspondería en consecuencia al hermano mayor de los dos hijos y futuro esposo de Sabrina.
Todo lo dicho viene oportunamente a cuento porque en el curso de la historia el espectador del filme asistiría a una curiosa exhibición de las increíbles novedades que venía a aportar una sustancia cuyo invento rompería muchos moldes y abriría nuevas e increíbles posibilidades. Así veríamos en la película una curiosa exhibición tendiente a demostrar que se trataba del descubrimiento de una sustancia casi indestructible; un verdadero sueño que parecía imposible. Y lo harían, por ejemplo, mostrando ante nuestros ojos una placa de pequeño grosor sobre la cual se subiría, sin lograr romperla, toda una multitud de voluntarios,
Lo cual nos hace recordar hasta qué punto era considerado entonces deseable descubrir o producir una sustancia que no sufriera desgaste o destrucción alguna, es decir, que fuera casi eterna. Cosa fácil de comprender como desiderátum, es decir, como deseo no cumplido incluso en el terreno de la inteligencia humana. Y la importancia de conseguir para el futuro la posibilidad de utilizar una materia muy ligera, de baja densidad e incluso transparente y fácilmente modelable amén de muy versátil y especialmente apta para la fabricación de envases y embalajes, que, como ocurre con el plástico, permite su utilización frecuente y repetida prácticamente sin desgaste. Y compuesta de una muy amplia gama de materias orgánicas de uso frecuente y de baja densidad tales como el petróleo, el gas, la celulosa o el carbón entre otros muchos conocidos.
Lo cual da que pensar lo suyo al ver ahora el rechazo, teñido hasta de odio, que produce como consecuencia de sus propias virtudes, pues ofrece a mucha gente el espectáculo de unos mares actualmente convertidos en grandes basureros. Pero no creo que tan perturbadora circunstancia deba llevarnos a abjurar de la eficaz naturaleza de los plásticos, sino, por el contrario, a protestar de la desidia de los hombres, que bien podrían haberse dado cuenta de la necesidad de establecer un ciclo en el empleo de un invento tan perfecto como éste cerrando el ciclo de su vida con su transformación para otros usos diferentes, y en último término, para su mayor y mejor aprovechamiento a largo plazo mediante un sistema razonable de transformación casi automática del material sobrante por exceso en instrumentos aplicables a otros usos, ya que el actual acaba creando acumulaciones tan frecuentes y abundantes que llevan a necesitar la constante y engorrosa utilización del “punto limpio”, engorrosa obligación que poca gente cumple mas que de realizarse bien y puntualmente quizá permitiría evitar esa saturación que impulsa a la gente a deshacerse de la acumulación de las sobras de cualquier manera, y hacer a entrar en juego a las autoridades.
Así que lo que en realidad se hace preciso es un buen sistema de aprovechamiento directo de tan importante medio a nuestro alcance acompañado de un mecanismo de recuperación y nuevo empleo o de transformación para otro empleo diferente.
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