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Morandi en Mapfre-Recoletos

Tres foramontanos en Valladolid 29 Oct 2021 - 07:27 CET
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Por José María Arévalo

 

Una de las grandes exposiciones de la temporada va ser la que presenta Fundación MAPFRE en su sala madrileña de Recoletos, “Morandi. Resonancia infinita”, que traza un exhaustivo recorrido retrospectivo por la obra de Giorgio Morandi (Bolonia, 1890 – 1964), uno de los artistas más significativos, inclasificables y desafiantes para la historia del arte del siglo XX. Del 24 de septiembre pasado al 9 de enero de 2022, comisariada por Beatrice Avanzi y Daniela Ferrari, ofrece más de un centenar de obras que muestran cómo, a través de motivos cotidianos –desde un paisaje recurrente hasta los objetos de su estudio–, el artista supo, en palabras del crítico Roberto Longhi, «restituir timbres sentimentales diferentes y declinar de manera siempre distinta su severa elegía luminosa».

Morandi fue un artista fiel a su búsqueda personal, a una pintura silenciosa e inmóvil que registra en la poesía de los objetos los estados del alma y el transcurrir del tiempo. Apenas viajó fuera de Italia y permaneció casi toda su vida en su casa-taller de la Via Fondazza en Bolonia. Allí abordó un trabajo en el que los objetos cotidianos, las flores y el paisaje se convirtieron en protagonistas, con la intención de crear, tal y como señaló Ardengo Soffici, «un conjunto armonioso de colores, formas y volúmenes que obedecen exclusivamente a las leyes de la unidad, como la belleza de los acordes».

Un artista entre los artistas

Alejado de toda corriente pictórica, de las vanguardias, de los experimentos con la abstracción y de cualquier lenguaje oficial o académico, el pintor italiano encontró en los objetos que le rodeaban el hilo conductor de una poética coherente, aparentemente inmóvil y siempre idéntica a sí misma, pero, en realidad, atravesada por continuas variaciones. Ese proceso basado en modulaciones sobre los mismos motivos, en ocasiones tan sutiles que son difíciles de percibir, se conecta con la conocida declaración del pintor en 1955: «Para mí no existe nada abstracto; por otra parte, creo que no hay nada más surrealista, nada más abstracto que lo real». Su lección, en este sentido, resultó fundamental para los pintores que le sucedieron, quienes le consideraron «un artista entre los artistas».

Esta muestra realiza un amplio recorrido por la producción morandiana a través de siete secciones en las que se abordan todos los temas queridos por el artista, fundamentalmente naturalezas muertas, paisajes y jarrones con flores. Al inicio del discurso destacan Autorretrato y Bañistas, dos de los escasos ejemplos de la representación de la figura humana en su producción.

Influencia internacional

Con el paso de los años, el artista boloñés se convirtió en un pintor internacional que, con su obra serena y silenciosa, tuvo la oportunidad de influir en generaciones posteriores. Esta fuerza sigue hoy vigente y son numerosos los artistas, escritores y cineastas que, desde lugares físicos y conceptuales diversos, continúan estableciendo un diálogo con la esencia de su trabajo. Es el caso de Joel Meyerowitz, Tacita Dean, Edmund de Waal, Rachel Whiteread, Bertozzi & Casoni, Alfredo Alcaín o Gerardo Rueda, por citar solo a algunos de los autores representados asimismo en esta exposición. Sus obras hablan, mediante planteamientos y técnicas diferentes, de un Morandi «vivo», cuya poética mantiene su influjo en la escena artística internacional.

Así, a lo largo de la muestra el visitante encontrará una selección de obras de artistas contemporáneos que, desde distintos medios (fotografía, pintura, escultura y cerámica principalmente), han sabido establecer un diálogo con el lenguaje del pintor italiano. Entre ellos destacan, además de los citados, Tony Cragg y Luigi Ontani,

Morandi. Resonancia infinita ha sido coproducida por la Fundació Catalunya La Pedrera y podrá visitarse en Barcelona a partir de febrero de 2022.

Los inicios

A pesar de las reticencias familiares, Giorgio Morandi se formó en la Academia de Bellas Artes de Bolonia entre 1907 y 1913. Allí desarrolló una inclinación por el impresionismo y el postimpresionismo, que estudió a fondo a través de los escritos de Ardengo Soci para la revista La Voce y del libro Gl’impressionisti francesi, publicado por Vittorio Pica en 1908. Asimismo, prestó atención al cubismo desarrollado por Georges Braque y Pablo Picasso, e igualmente le atrajeron brevemente las propuestas de los futuristas y asistió, entre 1913 y 1914, a algunas veladas y exposiciones del grupo en Florencia y Bolonia.

Estas influencias marcaron su obra temprana, como se aprecia en las dos naturalezas muertas de 1914. En ambas, el artista ha dispuesto unos objetos cotidianos sobre una mesa, motivos que, a partir de ahora, se convertirán en una constante del repertorio morandiano. La perspectiva en alto, los planos sesgados y la reducción de los tonos de la paleta remiten a un planteamiento cubista, sin olvidar la in‑uencia futurista, visible en las pinceladas rápidas y densas que hacen aflorar la característica principal a la que aspira esta tendencia: la sensación de dinamismo.

La deuda con Picasso y Cézanne está también presente en los paisajes de este período inicial. Los dos ejemplos aquí expuestos, de 1913 y 1914, beben del maestro de Aix y forman parte de los primeros estudios del natural que Morandi realiza durante sus estancias en Grizzana, el pequeño pueblo de los Apeninos tosco-emilianos que frecuenta con su familia desde el verano de 1913. Bañistas, de 1915, otra de las pinturas estrechamente vinculadas al modelo de Cézanne, está inspirada claramente en las Cinco bañistas (1885-1887) del maestro francés, obra por aquel entonces perteneciente a una colección privada de Florencia y hoy en el Kunstmuseum de Basilea. Junto con el Autorretrato de 1925, constituye una de las escasas muestras de la representación de la ­figura humana en la producción de Morandi.

Encantamientos metafísicos

Durante la Primera Guerra Mundial, en 1915, Morandi fue llamado a fi­las, pero pronto una grave enfermedad le llevó a licenciarse y regresar a casa; tras su restablecimiento en 1917, destruyó buena parte de la obra realizada hasta el momento. En ese período de crisis creativa, entre 1918 y 1919 compartió unos meses de trabajo con Giorgio de Chirico y Carlo Carrà, que habían fundado en Ferrara la tendencia conocida como pintura metafísica, caracterizada por composiciones a partir de elementos de la realidad que, en su conjunto y presentados en  atmósferas estáticas, generan un cierto extrañamiento, como si lo representado fuera más allá de lo real.

Las obras de Morandi asociadas a esta tendencia se poblaron de maniquíes, esferas y elementos geométricos típicos de la nueva corriente. Pero, a diferencia de la pintura de sus compañeros, la del boloñés carece del componente narrativo o legendario propio de la metafísica. Su misterio es otro: el de una pintura que adquiere su fuerza en la repetición, en ese intento reiterado de captar la «realidad de las cosas» que conduce al artista a una rigurosa investigación formal. El enigma de la pintura metafísica surgía, entre otros aspectos, de la disposición conjunta de objetos dispares sin una lógica aparente entre ellos. Por el contrario, tal y como apunta Marco Valsecchi, los motivos de Morandi «no se aventuran más allá del límite de lo ilógico: para la poesía es su­ciente su presencia rítmica y tranquila».

En esta sección dialogan con Morandi tres artistas que han encontrado inspiración en esa personal declinación de la pintura metafísica. Joel Meyerowitz, Dis Berlin y Andrea Facco, desde tres medios distintos (fotografía, escultura y pintura), re‑exionan, respectivamente, sobre la permanencia de los objetos en ausencia del artista, acerca del carácter eremítico y solipsista del creador, y en torno al enigma que subyace a una obra metafísica que desapareció sin dejar rastro.

Paisajes de duración infinita

Junto con la naturaleza muerta, el paisaje es el otro género más cultivado por Morandi. Ambos son los que mejor se prestan a una representación directa de la realidad, así como a repeticiones y variaciones, aspectos, todos ellos, fundamentales en la poética morandiana; en sus propias palabras: «Creo que expresar la naturaleza, es decir, el mundo visible, es lo que más me interesa».

A lo largo de su carrera, el artista pintó dos tipos de paisajes especialmente queridos por él. Por un lado, los alrededores de Grizzana, una aldea en los Apeninos, entre la Toscana y Emilia-Romaña, donde solía pasar los veranos desde 1913 y donde se refugió de la guerra entre 1940 y 1944. Por otro, el patio que se veía desde la ventana de su estudio en la Via Fondazza de Bolonia, motivo que abordó a partir de 1944, tras haber dejado de lado casi por completo este género. Los primeros, en Grizzana, siguen el esquema de Cézanne en sus famosas vistas de la montaña Sainte-Victoire, obras reproducidas en diversas revistas italianas en los años veinte y treinta. Uno de los ejemplos más signi­cativos es el Paisaje de la colección Giovanardi, fechado en 1928 y en el que Morandi repite, con alguna variación, una composición del año anterior.

El pintor aborda el paisaje de modo similar a como crea sus bodegones: pocos trazos que insinúan un camino apuntan la forma de los árboles, las casas y las colinas, como si estuviera construyendo una Italia detenida, en silencio, eterna.

Artistas en activo que han recuperado el paisaje como laboratorio de indagación han encontrado en Morandi un referente en su apuesta por la pintura como un medio que se resiste a desaparecer. Alessandro Taiana y Juan José Aquerreta remiten directamente a esa desmaterialización de las formas presente en los paisajes que el maestro italiano realiza durante el período bélico y en sus acuarelas. Mientras, Riccardo Taiana investiga una realidad posindustrial que nos muestra las tripas de una Italia desgastada, contaminada y envenenada; una imagen en negativo del presente eterno de Morandi.

El comentario al resto de las salas puede verse en https://www.fundacionmapfre.org/media/arte-cultura/exposiciones/textos-sala-morandi-es.pdf  y fotos en https://www.fundacionmapfre.org/media/arte-cultura/exposiciones/folleto-morandi-es.pdf

 

 

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