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Sorpresa en la Ruta de los Corzos

Tres foramontanos en Valladolid 11 Nov 2021 - 07:27 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

 

(Lo que parece cabeza de un elefante en las proximidades de Oña)

A estas alturas mi improbable lector quizá recuerde un artículo mío en el que le describía una parte de mi itinerario preferido en los viales a Cantabria. Se trataba de lo que he venido en llamar “La ruta de los corzos” por la abundancia en ella de estos tímidos pequeños animales que suelen pasar desapercibidos para el común de los mortales y que sin embargo pueblan una considerable parte de nuestra geografía. Así me lo hizo ver mi hijo, que como avezado cazador – quizás usted recuerde alguna mención mía de su larga estancia en Sudáfrica – es capaz de detectar su presencia en todas partes.

Sólo esto justificaría ya de entrada mi interés por esa ruta, pero hay bastante más en ella que lo hace. Ahí tiene usted la curiosidad por lo grotesco, suscitada durante mucho tiempo por la decisión de las vecinas del pueblo de Cornudilla, que estimuladas por su comparación con las de sus vecinas de “Hermosilla”, decidieron reducir el suyo con pintura blanca para dejarlo en “Nudilla” simplemente.

Y ya que hablamos de nombres de pueblos castellanos también encontrará usted la poesía cuando compruebe la proximidad de un lugar evocador de tronos y princesas que responde al nombre de Cillaperlata mientras contempla impresionado la grandiosidad imponente de un desfiladero donde las luces juegan con las sombras y donde cualquiera se imagina a nuestros guerrilleros españoles cerrando materialmente el paso a los franceses. Pero no queda ahí la cosa, porque no tardará en toparse con la ciudad de Oña, espiritual, señorial y evocadora – pura Historia de España – con sus tres túneles seguidos (La Blanca , El Buitre, el Pastorcillo) como único paso posible en el camino al norte.

Y aún podremos ver un atractivo ejemplo del arte románico en la pequeña Ermita dedicada a San Facundo allá en los Barrios de Bureba, siempre arropada por los girasoles. Y nos sorprenderemos al alcanzar un pueblo que planta una incógnita en su nombre y nos induce a imaginar una tragedia. Porque decir “Nofuentes” nos obliga a preguntarnos lo que ocurrió para ganar tal expresivo nombre.

Y nos sorprenderá darnos de bruces con la Historia al ver surgir un castillo de gran porte – pura Castilla – en un lugar de resonancias árabes – Medina – atemperado por la referencia local a la manzana:  “Medina de Pomar”.

He aquí tan sólo un salpicón de ejemplos significativos del variado interés de nuestra ruta, de la cual aún podríamos citar lo que es el Puerto de los Tornos o su punto final en Ramales llamado de la Victoria porque fue el escenario de la victoria del liberal Espartero sobre el carlista Maroto y dio curiosamente origen a la verbena del Mantón de Manila…*

Pero para mí, quizá lo más curioso de la ruta fue el descubrimiento de una poderosa roca que se encuentra a la vera del camino ya en las proximidades de Oña. Se diría la cabeza de un elefante de grandes dimensiones. La había localizado yo mas no tenía la menor idea de si alguna otra persona se había percatado al encontrarse semioculta por los árboles. Así que cuál no ser mi sorpresa al comprobar que, efectivamente alguien más que un servidor de ustedes se había percatado de tan curiosa coincidencia. Tan es así que se la había ocurrido añadir al elefante un rasgo más de parecido colocándole un colmillo al susodicho.

En efecto, allí quedaría un gran colmillo blanco no sé si real o fingido. Téngase en cuenta que en según el caso tendría que fabricar o adquirir el susodicho complemente artístico y trepar por la figura con el correspondiente riesgo de caerse. Así que al volver ahora a Cantabria lo primero que he hecho ha sido asegurarme que podría fotografiar la susodicha  roca para enviársela a ustedes cuanto antes. Pues tengo la impresión de que, con el paso del tiempo, el colmillo ya ha empezado a deslizarse levemente,

* Según parece, al retirarse el General Maroto sus tropas abandonaron un baúl cuyo fin era desconocido, y también se dice que Espartero, al constatar el entusiasmo que en su despedida le mostraban las mujeres, ordenó que se las regalara aquél con su curioso contenido. En esto está el origen de una verbena que ha cuajado y que añade un toque ciertamente simpático e impropio al ambiente de un pueblo montañés.

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