Por Carlos de Bustamante
(Street_peoples. Acuarela de Alesandro Andreuccetti en aandreuccetti. altervista.org)
¿Qué tiene que pasar para que usemos el femenino para referirnos a hombres y mujeres? Veamos…
Esta frase es correcta si me refiero a 20 hombres. O a diez hombres y a diez mujeres. O a 19 mujeres y un hombre.
En español, el masculino puede usarse para referirse tanto a ellos como a ellas, mientras que el femenino solo se usa para ellas. ¿Esto podría cambiar en un futuro? ¿Podríamos acabar usando también el femenino para referirnos a grupos de hombres y mujeres? ¿La RAE acabaría admitiendo este cambio si todos (¿todas?) usáramos así el femenino?
Por qué no es correcto
En su Libro de estilo de la lengua española, la RAE explica que el masculino en español es el género no marcado. Es decir, es la forma por defecto y considerada más o menos neutral. Igual que en otros idiomas, la forma no marcada funciona tanto para el femenino como para el masculino.
No es algo que ocurra solo con el género, como explica a Verne Pedro Álvarez de Miranda, miembro de la Real Academia Española y autor de El género y la lengua. También pasa con el singular y el plural: el singular es el número no marcado y puede asumir la representación del plural en frases como “el perro es el mejor amigo del hombre”, en la que no nos referimos a un perro en concreto sino a todos en general.
Lo mismo ocurre con los tiempos verbales y el presente. El tiempo no marcado, el presente, puede usarse para el pasado («la Revolución Francesa comienza en 1789») y para el futuro («la semana que viene no voy a trabajar»).
Álvarez de Miranda explica que es muy posible que el origen de esta característica de la lengua está “en que la sociedad ha sido en buena medida androcéntrica o patriarcal”. Pero también apunta que “es ingenuo pensar que vamos a cambiar la sociedad por cambiar el lenguaje. En todo caso, será al revés”.
¿El femenino podría llegar a usarse para hombres y mujeres?
Cuando Pedro Sánchez nombró a una mayoría de ministras en su Gobierno, se mencionó la posibilidad de hablar del Consejo de Ministras. No cuajó, pero Fundéu recordó que «cuando estos usos se generalicen” y los hablantes “entiendan que el femenino es más adecuado que el masculino en algunas situaciones y lo empleen así”, la RAE, “notaria de la lengua, previsiblemente registrará que el masculino ya no es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto».
Pero esto no es nada fácil, sobre todo si tenemos en cuenta que hay más de 480 millones de personas que tienen el español como lengua materna: “Los cambios en el sistema gramatical son lentísimos -explica Álvarez de Miranda-. Pueden durar siglos”. Coincide en este punto María Márquez, profesora de la profesora de la Universidad de Sevilla y autora del libro Género gramatical y discurso sexista, que añade que los cambios se deciden en el uso de los hablantes. Son ellos quienes decidirán qué soluciones son “las más eficaces, económicas, claras y precisas”. Estos cambios, apunta, no se llevan a cabo por un acuerdo, sino que son “inconscientes y progresivos”.
No es lo mismo que introducir un neologismo, que puede tener éxito más o menos rápido, dependiendo del término y del contexto, como tuitear, walkman o televisión: “La gramática es la columna vertebral de la lengua”, recuerda Álvarez de Miranda. Podemos incorporar una palabra y luego dejar de usarla si ya no es útil, pero los cambios en la gramática afectan a toda la lengua.
Otra cosa, apunta Márquez, es el uso político de algunas de estas formas, como la candidatura de Unidas Podemos: este uso del femenino genérico “quiere reflejar cuestiones sociales” y generar debate, “pero difícilmente pasará a la lengua general”.
Por qué a veces es un problema
Pero todo esto no quiere decir que el masculino genérico se entienda siempre bien. Como recuerda Márquez, el masculino genérico puede presentar ambigüedad, ya que “su mención puede ser específica o genérica, dependiendo del contexto”.
Esto quiere decir que ha habido “usos abusivos del masculino genérico en el que no funcionaba como un auténtico genérico”. Por ejemplo, recuerda, “en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de la Revolución Francesa, en ningún momento se contemplaba a la mujer, que ni siquiera votaba”.
En ocasiones, “el abuso del masculino genérico invisibiliza a la mujer”, añade. “Esto no tiene que ver ni con sentimientos ni con lo políticamente correcto, sino que es un fallo en el comportamiento comunicativo”. Es decir, hay contextos en los que es necesario especificar si nos dirigimos solo a hombres o a hombres y mujeres. Hacerlo es, precisamente, una cuestión de “eficacia comunicativa”, apunta Márquez.
Hasta ahora, esta necesidad de especificar en muchos contextos no era tan habitual porque los hombres monopolizaban muchos espacios públicos, por lo que la ambigüedad no se manifestaba de forma tan habitual. No se trata de que con la lengua se quiera cambiar la sociedad, como se apunta en ocasiones, sino que la sociedad ha cambiado y los hablantes buscan nuevas formas de reflejar estos cambios.
Desdoblamientos: manual de uso
La RAE considera que desdoblamientos como “ministros y ministras” son “artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico”. La mención del femenino solo se recomienda cuando es relevante en el contexto, como en el ejemplo “el desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad”.
En conclusión: que decir, por ej. En el ofertorio de la Santa Misa refiriéndose al pan o al vino: “frutos de la tierra o de la vid y del trabajo de los hombres y mujeres”, no es correcto. ¿O sí?
Leída la parrafada anterior, “parece” que no es correcto. Pero no del todo claro. Si no lo es, ¿por qué algunos sacerdotes lo dicen u otros y como condescendiendo dicen “de los hombres”?
De los sociatas, no digamos… Destrozan la RAE, el idioma y cuanto encuentra a su paso que malinterpretan como machismo. Por tanto, ¿en qué quedamos? Que me lo aclaren, porque no lo entiendo.
Home