Por Javier Pardo de Santayana
(Simulación de meteorito cayendo)
No deja de ser curiosa la impavidez con la que el hombre de la calle vive la circunstancia de ser habitante de un planeta que vaga por el espacio y cuya integridad se halla en peligro. Cierto es que últimamente nos vemos incluso obsesionados por los efectos en la atmósfera de nuestras actividades habituales, y que en este sentido nos pasamos quizás algo de rosca. Pero poco parece preocuparnos el peligro de que se nos venga encima un insidioso meteorito que se cargue de un golpe nuestra especie, quizá porque individualmente poco podemos hacer a tal respecto y lo que pudiera suceder parece referirse a un horizonte muy lejano. Y así ha estado la cosa hasta que, coincidiendo por cierto con las noticias diarias sobre la erupción de un poderoso volcán en nuestra geografía hemos sabido que desde hace tan sólo unos días surca el espacio un artefacto construido por el hombre con el cual éste se propone realizar un interesante experimento que quizá salve a la raza humana de ese trance. Y sin embargo dudo de que algo tan crucial para nosotros haya suscitado siquiera un comentario que debería ser de alivio y de esperanza.
Se trata de una auténtica “machada” que se encuadra en el proyecto de Defensa Planetaria AIDA y que se ha bautizado como DART. Un atrevido experimento que se inició el día 24 de noviembre desde la prestigiosa estación de Vandenberg en California y surca ya el espacio en dirección a un gran pedrusco – en realidad un asteroide de 160 metros de ancho llamado Dimorphos, al que pretende simplemente desviar el curso, probando de este modo la eficacia de la maniobra actualmente ideada para evitar que en el futuro nos pudiera alcanzar un meteorito o cualquier otro objeto entre los muchos que habitan el espacio y que algún día pudieran colisionar con el planeta Tierra. Es decir, evitar algo semejante a lo que ya tuvo lugar en el pasado con enormes efectos destructivos.
Naturalmente de poco serviría una prueba tan compleja si no se tuviera constancia permanentemente de la situación de los actores y del resultado del encuentro, lo cual exige toda una colección de datos relativos a un acontecimiento organizado por el hombre que tendrá lugar a muchos millones de kilómetros, a velocidades casi inverosímiles y con un buen número de participantes, ya que además del asteroide que se pretende desviar se hace presente la cercanía de otro más, el conocido por el nombre de “Didimos” (“Los mellizos” en su nombre griego) del cual nuestro objetivo final es “una luna” y, además para seguir la maniobra y conocer su resultado se precisa de un sistema que nos permita verlo desde fuera, Y a tal efecto se hace esencial la colaboración de la Agencia Espacial Europea, conocida vulgarmente como ESA.
Así que creo haber motivo para el vértigo con tan solo pensar en las dificultades que nos plantea la exigencia del éxito cuando añadimos a tan audaz experimento la imprescindible presencia de los aparatos que dejarán constancia de los hechos y que habrán de conseguir los datos exigibles tanto para lograr el impacto del DART con el pedrusco como para comprobar in situ el resultado sin estorbarse mutuamente. Y, naturalmente, permitiendo que cada uno efectúe su trabajo. Todo ello en un contexto de velocidades y distancias increíbles para el ser humano.
Ver para creer, ya que se diría poco menos que imposible a partir de nuestras experiencias personales. Sólo el hecho de poder controlar un artefacto a tal distancia parece cosa imposible por mucho que sepamos respecto a la electricidad y su manejo, así que ser capaces de coordinar además las diversas y complejas acciones exigidas con el orden necesario y a tamaña distancia se diría imposible a todas luces. De ahí que resulte sorprendente que estando ya en trance de llevarlo a cabo esto pueda ocurrir sin que la gente verdaderamente se interese, por mucho que confíe en que la generación presente se encuentre todavía lejos de sufrir tal amenaza.
Claro que para amenazas destructivas ya tenemos ahora suficientes en España sin tener que pensar en el espacio.
PS: Está previsto que el encuentro de DART con el asteroide Dimorphos tenga lugar en octubre del año 2022.
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