Por Carlos de Bustamante
(Franco, Primo de Rivera y Sanjurjo, Alhucemas, 1925)
En contra de lo que hoy dicen políticamente correcto, me es sumamente grato añadir a este excepcional documento que sigue un breve comentario. Servidor vuestro, mis amigos, pretende esclarecer errores y aciertos atribuidos a nuestro general y jefe del estado español hasta su fallecimiento. No ocultaré la posible parcialidad de este mi escrito por ser fiel cumplidor de nuestro Decálogo del cadete, en el que el “hacerse querer y respetar” atribuido a los mandos, con el generalísimo Franco no hubo duda alguna puesto que, pese a su férrea disciplina, se hizo querer y respetar en grado sumo por todos los que estuvimos a sus órdenes. Porque quise y respeté al generalísimo Franco, escribo estas líneas en su memoria de este nuevo 20 de noviembre; 46 aniversario de su fallecimiento exprimido como un limón en `servicio´ de España
Os ruego, amigos míos, que leáis lo que, como esto, solamente es del todo creíble cuando se dice en el momento de la verdad.
“Españoles:
Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio, pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir. Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo.
Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación, en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido”.
Sin descartar fallos o equivocaciones -como todo ser humano- ante su pueblo y el Dios y Señor de todos los pueblos, continúa:
“No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria.
Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte:
¡Arriba España! ¡Viva España!”.
Firmado: Francisco Franco Bahamonde
Aunque de impresionante claridad estas palabras testamentarias, me permito, no obstante, resaltar conceptos en ellas que considero fundamentales:
-Plenamente consciente de haber llegado su hora, expresa con claridad meridiana: `pido a Dios que me acoja benigno en su presencia, pues quise vivir y morir como católico´… ` en el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser fiel hijo de la Iglesia en cuyo seno voy a morir´.
-Para no repetir lo ya escrito, resalto -ahora que tanto se exige pedir perdón- cómo el Generalísimo lo pide ¡a sus enemigos! Sin que él los tuviera como tales, y sin reconocer otros que los enemigos de España con la que adquirió el compromiso de `servir hasta el último aliento de su vida que sabe ya próximo´.
-El que nos advierta de estar alerta de los enemigos de España y de la civilización Cristiana, creo que razona muchas de las medidas que adoptó tras la contienda y que han sido objeto de las más duras críticas, que opino si no infundadas, desde luego tan bárbaramente exageradas, que, a mi entender no son sino odio revanchista.
-Además del deber que adquirió cuando `juró bandera´, lo refrenda ahora con el valor, una vez más acreditado, en el no menos meritorio, en su caso, campo de batalla de la cama de un hospital.
-Como de bien nacidos es ser agradecidos, agradece las colaboraciones recibidas. Nos pide de forma testamentaria mantener la unidad de España.
-Y por si quedasen dudas a la posteridad, expresa la unión Dios y España.
Ahora, pues, queda patente con absoluta claridad el porqué de tanto odio y la obsesión socialcomunista de la infame `memoria democrática´. ¿O no?
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