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Hechos contradictorios

Tres foramontanos en Valladolid 23 Dic 2021 - 07:26 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

(El telescopio espacial Hubble)

Dos reportajes casi simultáneos en los medios y referidos ambos a avances tecnológicos me han llamado poderosamente la atención a la vez que me sugieren una comparación curiosa.

Entrado ya en un nuevo siglo después de haber vivido mayoritariamente en otro, no puedo por menos de comparar la evolución que estamos experimentando en dos aspectos decisivos: la ciencia y la convivencia. Comenzaré por esta última.

Habíamos vislumbrando al final del siglo XX un panorama muy prometedor para la convivencia humana en el que incluso una paz protegida parecía posible, y, sin embargo transcurridos tan sólo veinte años del siguiente vemos como tal ilusión se ha ido al garete. Y lo ha hecho de forma bastante estúpida, como si nuestros actuales gobernantes no estuvieran interesados por mejorar la situación en este aspecto o ni siquiera se hubieran percatado de que tal cosa es posible. Así que en vez de progresar en aquella unión entre los europeos que en su día fuera un poderoso ejemplo para el mundo, los ingleses rompieron tontamente – sin apenas quererlo – sus lazos con Europa, y, para mayor abundamiento, los desprestigiados comunistas volvieron a la carga en su versión bolivariana nada menos.

Mas, sin embargo, en un contraste aparatoso con este desperdicio estúpido, los avances de la ciencia no pararon, sino que, como tendremos ocasión de constatar más adelante, se desarrollaron hasta alcanzar extremos inimaginables  Este es el caso de aquel par de reportajes cuya mención me sugirió la idea de este artículo .

El primero se refiere a la situación actual de los esfuerzos que se están realizando con objeto de aprovechar la energía acumulada en las calderas magmáticas del interior de este planeta nuestro; energía que, como es sabido, se acaba de poner en evidencia aquí en España con la aparatosa erupción de un volcán en la isla de La Palma. Y la noticia es que, según pude saber por un reportaje de la COPE que tuve ocasión de oír el otro día al despertarme, ya está previsto iniciar la exploración a tal efecto mediante perforaciones en Islandia, operaciones que, naturalmente, se deberán realzar con las debidas precauciones por cuanto cualquier descuido podría desencadenar una tragedia. Motivo por el cual, según pude entender en el citado reportaje nos veremos  obligados a realizar unas catas extraordinariamente estrechas.

En cuanto a la segunda noticia, que me llegó casi al mismo tiempo que la otra con un reportaje periodístico del diario ABC, se trata de un  más que impresionante telescopio espacial cuyo lanzamiento, inicialmente previsto inicialmente para el año 2007, se ha ido posponiendo hasta ahora mismo como consecuencia de su complejidad, ya que se trata de un invento que supera cuanto pueda imaginarse. Y es que, en efecto, tal como se nos dice, está llamado “a reescribir! lo que sabemos respecto del  universo”. Nada menos.

Para hacernos idea de lo que se pretende conseguir con el invento, que será lanzado hoy mismo viernes 24 de diciembre desde la Guayana Francesa si el tiempo o las circunstancias no lo impiden, ya que su complejidad bien podría dar al traste con  tal sueño, “revelará las primeras estrellas y galaxias que se formaron tras el Big Bang hace unos 13.500 millones de años”. Estrellas y galaxias cuya luz es ya tan tenue que el telescopio hasta ahora más potente diseñado por el ser humano, que es el Hubble, es incapaz de detectarlas.

No me diga mi improbable lector que no resulta inexplicable que un hecho de tal envergadura como éste, con el que el ser humano se  supera a si mismo e incluso nos ofrece la emoción no sólo de un descubrimiento de dimensiones siderales sino del indudable riesgo del fracaso, no merecería mayor interés por parte de nosotros, quienes, lejos de mirar a las estrellas, permanecemos enredados casi siempre en fastidiarnos los unos a los otros.

Tres foramontanos en Valladolid

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