Por Javier Pardo de Santayana
(Una tienda china en Galicia)
Supongo que mi improbable lector recordará que durante un buen número de años viajé con cierta frecuencia algunos países africanos, de los que le hice llegar determinados aspectos que juzgué particularmente interesantes. Uno de ellos fue Ghana, cuya evolución hacia la estabilidad política parecía bien encaminada hasta el punto de haber merecido una especial atención por parte de Estados Unidos. Tanto que fue el último de los países de aquel continente de que se despidió el presidente Bush y del primero que visitaría el presidente Obama.
Pues bien, creo que fue durante mi primer a estancia allí cuando circuló la noticia de que la República China acababa de presentar oficialmente un ambicioso plan para África que implicaría al continente en su conjunto. Gran noticia que reflejaba la creciente importancia de una nación al alza que era consciente de su colosal potencia. Y excelente noticia para los africanos, ya que auguraba una intención expresa de promocionar a una región necesitada generadora de conflictos internos y movimientos migratorios, pero también para la propia China necesitada sobre todo de materias primas para satisfacer las necesidades de su industria y su comercio.
Y dicho y hecho. Tan es así que no tuve que leer la prensa para saber que el plan ya estaba en marcha, pues casi inmediatamente tuve ocasión de comprobarlo en Mozambique de la manera más visible: sufriendo a la par que disfrutando toda una serie de obras de modernización de carreteras y de construcción de hoteles en las proximidades de Maputo. Quiero decir con esto que en cierto modo lo sufrí también. Pondría como ejemplos la carretera Marginal y su prolongación en dirección a Marracuene, o un imponente hotel de cinco estrellas que alcancé a ver ya casi terminado.
Pero no acaba ahí la cosa, ya que hace dos días recibí una revista que recogía precisamente una interesante información precisamente sobre este mismo asunto. Y puede usted imaginar mi gran sorpresa, ya que, curiosamente, sería la primera referencia seria y detallada sobre este trascendente asunto.; algo realmente respetable teniendo en cuenta que se trata de una realidad de importancia geoestratégica y reveladora de la existencia de un cambio muy importante en el reparto de poderes e influencias que se está produciendo en nuestros días.
Dice el autor del referido informe nada menos que China ya ha desplazado a los norteamericanos en el papel de paladín del apoyo a los países africanos, y este refrendo informativo es cosa a la que debe concederse un interés de indudable importancia en el futuro por no decir ya en el presente. Y no es que no lo viésemos venir, porque se inscribe en una operación en marcha que está llamada a trascender considerablemente.
En realidad nosotros mismos estamos ya viviendo un cambio en nuestra propia carne. Los españoles hablamos con frecuencia de “los chinos” y los vemos como familias emigrantes que buscan un modus vivendi. Y sin embargo somos fruto de lo mismo: de una colosal operación de economía estratégica desarrollada por el gobierno chino, puesto que allí nada escapa de la influencia de éste. Claro que con características muy propias y distintas de cualesquiera otras, pero en ningún caso despreciables. Sin ir más lejos, en el pueblo en que ahora mismo habito existen nada menos que tres establecimientos de grandes e incluso enormes dimensiones en los que se venden productos especialmente fabricados en China para España, reflejando una peculiar capacidad de adaptación a cualquier mercado europeo.
No hace mucho que me permití informar a mi improbable lector dela existencia de un antiguo artículo mío en “Atenea” en el me que referí a la urgencia que había entonces de adelantarse a las futuras posibles consecuencias de cambios como éstos en el panorama. Y ya de entrada tengo la impresión de que el asunto nos ha cogido ya sin haber suscitado tan siquiera el interés debido.
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