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Evocaciones futbolísticas

Tres foramontanos en Valladolid 21 Ene 2022 - 07:26 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

(Gento y su palmarés)

La evocación de sus recuerdos futbolísticos hecha por un conocido embajador y articulista español con motivo del fallecimiento del fabuloso Paco Gento – quien acumuló en su vida la consecución de doce ligas españolas y seis copas de Europa – me induce a evocar algunos de los míos. No en vano los tres somos más o menos de la quinta, pues el futbolista del Madrid y un servidor de ustedes vio la luz el año 33 y el conocido diplomático nació el año 40. En su casa, donde conservaba una famosa llama muy conocida por los medios, recuerdo haber cenado en vísperas de mi segunda neumonía, y esto me impediría realizar un viaje previsto a la Argentina.

La diferencia entre nosotros sería, según creo, que mientras él siempre sería madridista, quien esto les relata comenzó siendo socio con carnet del Atleti Aviación,  militancia ésta que provenía de la influencia de un tío suyo que a la sazón era Gobernador Civil. Y, naturalmente, la vinculación de aquel equipo con la Aviación Española suponía un poderoso atractivo para unos muchachos como éramos nosotros.  Además de que en aquellos el Atleti era el campeón de Liga.

Así que los domingos por la tarde mi hermano mayor y yo cogíamos el metro para llegarnos al Metropolitano, que por aquellos años fue además pionero en la iluminación nocturna con un partido entre el Atleti y el Valencia que ganaría el primero por 3 goles a 1, y con la celebración de carreras de galgos y de motos sobre tierra, o sea en la modalidad conocida por “dirt.track”. Eran los tiempos de Tabales, Mesa, Aparcio. Gabilondo, Germán, Machín, Manín, Arencibia, Pruden, Campos y Vázquez, pero también del “patadón y para alante”.

Claro que la inclusión en el Atleti de un gran plantel de jugadores canarios en la media y en la delantera había supuesto un gran avance en la elaboración del juego desde la zona media de la cancha. Luego, a boca ya de portería, estaba un gran rematador – en nuestro caso, Pruden-, con la valiosa aportación del  poderoso Campos. Aún tardaría en llegar el San Lorenzo de Almagro de Argentina para que nos mostrara cómo se podía llegar hasta el mismísimo fondo de la meta pase a pase.

Luego, durante los luminosos años de Lisboa los hermanos fuimos socios del Sporting Club de Portugal, y por tanto adversarios del Benfica, mientras nuestro interés respecto a los equipos españoles se centraba en que nuestro equipo nacional ganara al portugués en las confrontaciones internacionales. Y, fíjese usted qué mala pata, fue precisamente uno de aquellos años cuando a nuestro seleccionador se le ocurrió la malhadada idea de hacer un experimento consistente en sacar a la palestra un once basado no recuerdo si completamente por jugadores del Atleti de Bilbao, lo que acabaría siendo un gran fracaso. Y eso que entonces teníamos a Zarra – el famoso Telmo Zarraonaíndía – a quien los alumnos del Insti fuimos a recibir allá en Lisboa para verle de cerca en  la estación donde llegaba el Lusitania Express.

Más tarde, de nuevo ya en España, la conversión del Atleti Aviación en Atletico de Madrid y el consiguiente abandono de su vinculación con los ejércitos, más los éxitos internacionales obtenidos por el Real Madrid y el hecho de haber pasado a ser vecinos de su estadio, cambiaron de tal forma el panorama, que pasé a seguir los pasos de quien de tan buena forma nos representaba. Y mi hijo se haría miembro del club e incluso se acercaría algunas noches con un primo suyo al Bernabéu para colarse dentro a dar paradas.

Tiempos gloriosos bien recordados por el embajador citado, cuando Di Stéfano reinaba en los estadios con la decisiva colaboración del imparable Paco Gento, cuya endiablada velocidad superaría la de cualquier defensa y le permitiría lanzar aquel pase final – mortal – al argentino. Y eso que en nada reunía que yo sepa los rasgos propios de un atleta.

Hoy ya ninguno de los dos se encuentran vivos, y el gran extremo yace en su tierra montañesa – hoy conocida como cántabra – no lejos de donde se encuentran mis raíces.

PS: Aunque quizás usted no se lo crea, llegué a ver jugar al memorable Zamora junto con Quincoces. Fue en  el Club Santiago de Madrid en un partido de nuestras viejas glorias.

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