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Vuelta al pasado

Tres foramontanos en Valladolid 28 Ene 2022 - 07:23 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

(Los líderes de la OTAN durante la Cumbre de Londres en 2019)

Hace ahora exactamente treinta años que culminaba la incorporación militar plena de España en la OTAN superando las dificultades que aquí se presentaban en aquellos tiempos del famoso “no a la guerra”. Lo recuerdo bien porque me correspondió personalmente la responsabilidad de desarrollar desde Mons aquel proceso que el propio Mando de Europa – un General norteamericano con el que he mantenido una amistad entrañable hasta su muerte el año 14 – consideraba a priori un objetivo poco menos que imposible tal como él mismo me expresaría por escrito desde Washington a los pocos días de concluir su mandato.

Eran entonces momentos de cambios trascendentes, de tal forma que si lo primero que hice fue participar desde mi puesto un ejercicio en el que se manejaba la posibilidad del empleo de armas nucleares, acabaría viendo en los pasillos al Jefe de la Defensa rusa de visita.

Evoco ahora estas cosas porque parece oportuno recordar aquel momento histórico vivido por nosotros  mismos porque cerraban nada menos que un siglo de guerras y más guerras y prometían un nuevo siglo caracterizado por la posibilidad prometedora de un siglo de mayor tranquilidad y paz en el que el mayor esfuerzo consistiría en protegerla y afianzarla a partir de condiciones nuevas aprovechando  la existencia de una globalización que acercaría a todos los países y sus gentes y aportaría una toma de conciencia de la necesidad y posibilidad de comunicación y entendimiento mutuo y, naturalmente también de un reconocimiento de las funestas consecuencias de mantenerse aislado o acentuar  o aprovechar las diferencias.

Esencial para este cambio de mentalidad y de actitud sería desde luego sacar partido de la ya consolidada y aceptada superioridad material y moral del liderazgo norteamericano tan influyente y poderoso- y en resumidas cuentas de Occidente – que inspiraría los principios adoptados por las organizaciones internacionales.

Mas esa deseable influencia requería verse consolidada por la influencia del prestigio, y éste se debilitaría nada más comenzar el nuevo siglo con la sacudida producida por un aparatoso ataque terrorista de manifiesta audacia que haría caer a muchos en la cuenta  de la relativa inutilidad de las defensas naturales de su líder. Y más tarde, merced a la torpeza de los sucesivos dirigentes que  estaban llamados a impulsar un liderazgo imprescindible que acabaría tocando fondo con el vergonzoso abandono de la operación desarrollada en Afganistan por fuerzas internacionales para introducir allí la democracia:  maniobra que acabaría en un fracaso de primera magnitud en un entorno ya de por sí debilitado por la actitud y por el comportamiento de unos dirigentes norteamericanos que en vez de reforzar sus lazos con Europa se habían ido desentendiendo de ella, Claro que por su parte los mismos europeos, que habían dado una lección de visión de futuro al mundo entero mostrando su voluntad de unión y fortaleza y así se habían convertido convertirse en un modelo para otras regiones del planeta, decidirían dar marcha atrás en el  proceso y se convertirían en un a especie de “contramodelo”.

No es por tanto de extrañar lo que ahora ocurre. Y es que se está volviendo a grandes pasos hacia los usos y costumbres del pasado siglo, empezando por el retorno de los rusos a sus malas artes de antaño demostrando que su procedencia comunista seguía estando viva. Y qué decir de nosotros mismos, españoles que nos adelantamos a esta situación equívoca con un  gobierno en el que los socialistas, tras de defenestrar a aquellos compañeros suyos de partido que habían actuado con moderación y éxito durante los últimos cuarenta años, se aliaban con los comunistas y les hacían miembros del gobierno como si no hubieran aprendido nada de las sabias lecciones de la Historia.

Increíble retorno del pasado que desacredita a la actual generación de gobernantes y a quienes les votan.

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