Por Javier Pardo de Santayana
(Nadal tras la victoria)
Acabamos de vivir un hecho que ha iluminado nuestro panorama superando un cúmulo de noticias negativas incluido el retorno de un peligro que dábamos ya por descartado, como es la posibilidad de una guerra de dimensión mundial. Se trata de una aparentemente simple victoria deportiva que se ha erigido en un ejemplo trascendente. Tan es así que siquiera por un día ocuparía todos los titulares periodísticos: que ésta es precisamente la razón por la cual me aventuro a recordarlo.
El acontecimiento referido es la sensacional victoria de Rafael Nadal, nuestro tenista, que alcanzaría la gloria nuevamente al ser capaz de superar tal cúmulo de circunstancias decididamente adversas que acentuaría hasta el extremo su condición heroica, dando nuevamente ejemplo de su tenacidad y su capacidad de esfuerzo.
Venía nuestro hombre de superar el virus y someterse a los exigentes tratamientos que requería un físico ya duramente machacado durante los muchos años de ejercicio deportivo a tope y en el más elevado nivel de exigencia, así que la cuestión era si podría siquiera jugar después de haber necesitado unas muletas debido a la rotura por estrés de un hueso de sus piernas. Así que lejos de considerarse apto para optar una vez más por la victoria, nuestro tenista trataba simplemente de probarse aunque lo más probable fuera encontrar una respuesta negativa.
Ni qué decir tiene que un servidor de ustedes optó por esperar al resultado de esta prueba, así que ni se le ocurrió correr el riesgo de conectar la tele para contemplar la final del Open de Australia de este año, que casi milagrosamente había alcanzado superando a sus sucesivos adversarios hasta llegar a la final, un acontecimiento que se desarrollaría bajo un sol de justicia cuyos efectos le pondrían al mismo borde del fracaso. Por tanto, seguirle de cerca en la final que acababa de alcanzar a trancas y barrancas me parecía inútil, y decidí esperar al resultado dejando simplemente que transcurriera el tiempo y me llegara la noticia casi segura de su natural derrota, pues he de confesar que habiendo conocido a su adversario ésta me parecía el desenlace lógico. Y así pareció que seguía siendo durante la primera parte del encuentro: dos juegos perdidos por nuestro hombre y con el tercero comenzando igual de mal y presagiando un desenlace ya definitivo.
De lo que sucedió, ustedes lo saben: un cambio radical y la victoria, que le permitiría recuperar un puesto del mayor prestigio a la vez que demostrar una vez más su excepcional categoría como deportista, pero también como persona. Así en su actitud ante la adversidad y la derrota y en su capacidad de sufrimiento o de reacción ante la adversidad. Incluso en su actitud de relativización del éxito obtenido pese al esfuerzo que realizó para obtenerlo. O en su caballerosidad y su respeto al adversario. En suma, en su reconocida categoría humana. Ejemplar digo, y que por tanto debiera aprovecharse en estos tiempos que vivimos de zafiedad moral, cuando nos encontramos inmersos en un ambiente que desprecia los valores que nuestra civilización había acuñado y que ahora son objeto incluso de desprecio. De ahí que me surgiera una idea que estimo interesante y que lanzo al aire porque me parece posible y extraordinariamente conveniente ahora que vemos como nuestros gobernantes establecen un sistema educativo que pretende huir de la excelencia y educar a nuestros jóvenes igualándolos en la mediocridad y despreciando el valor de todo esfuerzo.
Mi propuesta consiste en incluir entre los medios a disposición del enseñante y de obligada aplicación una cuidada grabación de la reciente proeza de nuestro tenista, que se completaría con gestos e intervenciones suyas en los que puedan verse sus reacciones ante la victoria y ante la derrota además de aquellas que mejor reflejen su criterio y su opinión sobre la vida como una lección viva para nuestros jóvenes.
Estoy seguro que, presentada de esta forma, nuestros futuros compatriotas no olvidarían jamás esta lección de virtudes sociales y morales que de seguro se les brindaría.
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