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Contrastes

Tres foramontanos en Valladolid 25 Mar 2022 - 07:24 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

(El telescopio espacial Hubble visto desde el transbordador)

El tema es de contrastes. Por una parte está la actualidad rabiosa que tiene ahora a la humanidad pendiente de una guerra sin compasión que pone de relieve el lado salvaje del hombre, ahora a punto de casi ponernos en peligro de una autodestrucción definitiva cuando parecíamos haber alcanzado una situación de paz asegurada después de haber pasado un siglo entero de esforzadas búsquedas, así que era de suponer que valoráramos lo conseguido y en consecuencia procuráramos asegurarnos su permanencia para siempre.

Nadie diría, por consiguiente, que pudiera suceder lo que sucede, y mucho menos cuando, para mayor sorpresa, el hombre ya ha pisado varias veces la superficie de la Luna, aquel famoso sueño de futuro anticipado un siglo antes por la fantasía del famoso Julio Verne, y ha situado incluso sendos artefactos en el planeta Marte y – más difícil todavía – en un cometa al que llamó Rosetta. He aquí por tanto, un más que aparatoso y sorprendente fallo de la inteligencia de la especie cuando vemos como todo esto se nos fue al garete. He aquí un contraste inesperado que hace poner en duda nuestra inteligencia.

En efecto, uno diría que se nos debe caer la cara de vergüenza al constatar que, habiendo sido capaces de realizar maravillas como aquéllas en asuntos enormemente complejos y exigentes que parecían inalcanzables no hace tanto – cuando lo lógico sería orientar que nuestro comportamiento estuviera más o menos a esa altura – sucede exactamente lo contrario – que en ocasiones como las actuales, lejos de aplicar nuestro dominio de la tecnología a afianzar la paz estemos en canino de hacerlo  para una  mutua destrucción.

Dado lo cual parece que lo normal sería abandonar siquiera parcialmente nuestros sueños de aventuras espaciales y centrarnos en problemas más esenciales y terrenos, casi de supervivencia. Pero curiosamente ocurre lo contrario, con lo cual se acentúan los contrastes, de forma que debamos preguntarnos hacia dónde se encamina el ser humano. Porque la brecha entre el comportamiento de los hombres y las posibilidades que hoy tenemos para vivir en paz está aumentando cada día hasta tal punto que ahora mismo se nos habla incluso del peligro cierto de la utilización de aquellos medios existentes de destrucción masiva que se creían intocables.

Y, sin embargo, parece ser que la ansiedad del hombre continuara imparable intentando aumentar el conocimiento del espacio, y ahora mismo, en nuestros días, curioso hecho,  estamos en trance de poder ver cómo era el universo no mucho después del famoso big bang del universo, gracias a haber sido capaces no sólo de construir un nuevo telescopio mucho más potente que el mismísimo “Hubble”, sino de situarlo en un lugar exacto del espacio donde se encuentra a salvo de una serie de perturbadoras influencias. Y su curiosidad, que por lo que se ve no se ha orientado nunca suficientemente a conocer al prójimo, se orienta ahora, sin embargo, a descifrar la naturaleza de toda una serie de “objetos” espaciales que suscitan la curiosidad del hombre y  de los cuales hay ya una larga lista, y entre los cuales encontramos una estrella intermitente que bien pudiera ser una megastructura producida por civilizaciones alienígenas, un asteroide a remolque de la gravedad terrestre quizás utilizable como base espacial intermedia de avituallamiento y de descanso, un exoplaneta de dimensiones gigantescas, o el misterioso objeto con forma de calabacín conocido como “Oummouamua” que se está alejando de la Tierra y al que se pretende perseguir en una larguísima carrera a partir de año 2028 para descubrir de qué se trata.

En fin, todo un programa de descubrimientos potenciales que justifican al mismo tiempo que demuestran lo poco que sabemos todavía de nuestro propio entorno y hacen aún más patente nuestra enorme ignorancia al tiempo que también lo absurda que parece nuestra incapacidad para entendernos entre nosotros mismos, tan cercanos los unos de los otros.

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