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Insulina: cien años de una inyección que salva vidas

Tres foramontanos en Valladolid 26 Mar 2022 - 07:28 CET
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Por José María Arévalo

 

(Panorama de los síntomas más significativos de la diabetes.)

Hace un siglo – recogía La Gaceta Regional el mes pasado- el nombre del adolescente Leonard Thompson entró en la historia del tratamiento de la diabetes. Gravemente enfermo, recibió   una dosis inyectada de insulina en un hospital de Canadá, un pinchazo que supondría la diferencia entre la vida y la muerte.

Recuerdo de mi infancia -hace sesenta años por lo menos- a mi padre preocupado por conseguir unos frasquitos de insulina que necesitaba uno de mis primos segovianos que tuvo diabetes desde muy joven; yo creo que sobre los doce años ya le advirtieron los médicos. En aquella época era un problemón el tratamiento de la diabetes, conseguir la insulina que podía salvarles la vida. Años después me dijo mi médico de cabecera que los que llegábamos a los 50 años con más de 100 kilos de peso éramos poco después con seguridad diabéticos. A lo que le contesté que habérmelo dicho antes, que no tenía ya arreglo. La verdad es que desde los diez años me he pasado la vida tratando de adelgazar, igual que dejando de fumar, es decir, consiguiéndolo por temporadas pero teniendo que volver a empezar. Desde poco más de cumplir los 50 ya tuve que empezar a tomar pastillas que ayudaran a mi organismo a fabricar insulina, y ahora ya llevo cinco o seis años pinchándome. Así que al leer el artículo de La Gaceta pensé enseguida en dedicar un espacio en este blog.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima – informaba La Gaceta Regional- que en el mundo 422 millones de personas viven con diabetes, una enfermedad que hace cien años   significaba una muerte cierta y que hoy en día se puede tratar gracias a la insulina. El descubrimiento de una tecnología para purificar insulina e inyectarla a personas supuso “una cuestión de vida o muerte para los pacientes”, pues la diabetes mellitus o tipo 1 comienza   cuando aún se es muy joven y hace un siglo suponía la muerte. Así lo señala a Efe el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)   German Perdomo, del Instituto   de Biología y Genética Molecular de Valladolid,   que aborda la historia de esa inyección y las nuevas investigaciones en el tratamiento de la diabetes, desde el llamado páncreas artificial a los ensayos con células madres.

La primera inyección

El 11 de enero de 1922, Thompson tenía 14 años, había sido diagnosticado de diabetes   mellitus dos años antes y estaba en el Hospital General de Toronto (Canadá), al borde de la muerte, tratado con una dieta de 400 calorías diarias y con solo 23 kilos de peso.   Aquel día recibió la primera inyección, pero “no fue muy exitosa”, apunta Perdomo. Aunque bajó algo los niveles de glucosa en orina, se suspendió el tratamiento por una reacción alérgica al extracto de páncreas de perro usado, que aún no estaba lo suficientemente purificado. Sin embargo, el equipo de investigadores de la Universidad de Toronto no se dio por vencido.

De vuelta al laboratorio, el día 23 fue sometido a un segundo pinchazo con un nuevo extracto.   Se produjo una mejoría clínica, su índice de glucemia descendió y empezó recuperar la movilidad, con lo que Thompson se convirtió en el primer paciente tratado con éxito. Unas semanas más tarde otros seis se sometieron al mismo tratamiento. Llegar a ese momento fue fruto de muchos años de trabajo. Ya desde finales del XIX algunos investigadores apuntaron, en pruebas con perros, a alguna sustancia de páncreas como clave para regular los niveles de glucosa y en los primeros años del XX se realizaron pruebas para tratar a pacientes con extracto pancreático de animales.

Una figura clave del descubrimiento de la insulina fue el joven investigador canadiense Frederick Grant Banting, quien en 1921 propuso al catedrático de fisiología de la Universidad de Toronto John Macleod investigar con la ayuda de su asistente Charles Best. Banting sería el autor del primer extracto pancreático que se administró al adolescente el 11 de enero de 1922 y el día 23 se repitió la prueba, en esa ocasión con otro realizado por el bioquímico James Collip, quien “puso el talento para purificarlo”, señala Perdomo.

El descubrimiento de la insulina daría a Banting y Macleod el Premio Nobel de Medicina en   1923, un galardón no exento de polémicas por las desavenencias del equipo sobre la atribución de los méritos. Otros científicos, como el rumano Nicolae Cosntantin Paulescu o el alemán Georg Zuelzer también hicieron objeciones. La primera inyección en un humano la realizó, “sin mucho éxito”, Zueler, que trabajaba en Estados Unidos, y fue el primero en hacer una patente de la insulina. Paulescu fue “el gran olvidado”, agrega el investigador del CSIC, pues había llegado a las mismas conclusiones que Banting antes, pero la Primera Guerra Mundial obligó a suspender sus investigaciones.

Nuevos avances: la minibomba

El siglo XX estuvo jalonado de avances. El primero, pasar a usar páncreas de vacas y refinar aún   más el proceso de purificación. En 1936 se creó la insulina protamina, para reducir el número de pinchazos a uno o dos al día. En 1958, Frederick Sanger recibió el Nobel por determinar la   secuencia química de la insulina, y en 1977 el galardón fue para Rosalyn Yalow, “por un avance   espectacular” -dice Perdomo- lograr medir la insulina en sangre. Poco después se logró la insulina   humana recombinante, que evita el rechazo del cuerpo. La insulina de absorción rápida, “que da más herramientas para manejar a los pacientes” y la primera generación de insulina sintética de larga duración (2000) y la de segunda son otros momentos a destacar, según el   investigador.

La invención en 1981 de la primera minibomba de insulina y posteriormente los primeros sensores llevó, ya en este siglo, al desarrollo de lo que se denomina páncreas artificial. Se trata de “un avance sustancial para el paciente”, según Perdomo, pues combina un sensor de glucosa y una minibomba controlados por un algoritmo informático, que monitoriza continuamente los niveles de glucosa y, cuando suben, inyecta la cantidad de insulina necesaria. Actualmente, la investigación está poniendo énfasis en el páncreas artificial para “mejorar la tecnología existente, que los algoritmos sean más potentes y más eficaces”.

Investigaciones con células madre

En la diabetes tipo 1, el sistema inmune ataca al páncreas impidiendo que el cuerpo fabrique   insulina, una enfermedad que suele surgir pronto. Hoy en día se trabaja en identificar a las personas en riesgo, buscando marcadores biológicos, “que nos digan con alta fiabilidad” esa posibilidad y tratarlas con fármacos para prevenir su   inicio. Perdomo señala también la importancia de las investigaciones con células madre para intentar regenerar y dotar al organismo de las células que destruyen la enfermedad en el páncreas, y que el paciente sea capaz de producir su propia insulina.

Qué es la diabetes

Terminamos recogiendo una descripción básica de esta enfermedad, tomada de Wikipedia.

La diabetes mellitus es un conjunto de trastornos metabólicos cuya característica común principal es la presencia de concentraciones elevadas de glucosa en la sangre de manera persistente o crónica, debido ya sea a un defecto en la producción de insulina, a una resistencia a la acción de ella para utilizar la glucosa, a un aumento en la producción de glucosa o a una combinación de estas causas. También se acompaña de anormalidades en el metabolismo de los lípidos, proteínas, sales minerales y electrolitos.​

La diabetes se asocia con la aparición de complicaciones en muchos sistemas orgánicos, siendo los más evidentes la pérdida de la visión (retinopatía diabética) que puede llegar a la ceguera, el compromiso de los riñones (nefropatía diabética) con deterioro funcional progresivo, requiriendo diálisis y trasplante, el compromiso de vasos sanguíneos que pueden significar la pérdida de extremidades inferiores (amputaciones), el compromiso del corazón con enfermedad coronaria e infarto agudo de miocardio, el compromiso cerebral y de la irrigación intestinal; sin embargo, las complicaciones más prevalentes afectan al sistema nervioso periférico y autónomo. Todo esto significa una carga muy pesada para el paciente que la padece y para todo el sistema de salud pública.

Los síntomas principales de la diabetes mellitus son la emisión excesiva de orina (poliuria), el aumento anormal de la necesidad de comer (polifagia), el incremento de la sed (polidipsia) y la pérdida de peso sin razón aparente.​ En ocasiones se toma como referencia estos tres síntomas (poliuria, polifagia y polidipsia o regla de las 3 P) para poder sospechar diabetes mellitus tipo 2 ya que son los más comunes en la población. Además de estos síntomas, también está el cansancio, el dolor de cabeza, el mareo y vista encandilada.

Una revisión de 2018 concluye que uno de los principales factores de riesgo para desarrollar tanto la diabetes tipo 1 como la diabetes tipo 2 es el consumo de gluten y que la dieta sin gluten durante el embarazo reduce el riesgo de que el bebé desarrolle diabetes tipo 1.

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