Por Javier Pardo de Santayana
(Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania desde el 20 de mayo de 2019)
Una de las cosas más interesantes que a mi juicio nos depara la invasión de Ucrania por los rusos más allá de su significado en relación con sus estragos geopolíticos, es el conocimiento de una nación europea hasta ahora apenas conocida por la mayor parte de los españoles. Al menos así lo ha sido para mí hasta ahora, cuando la he conocido ya invadida por los rusos y he percibido el alma de su gente. De lo cual me propongo tratar siquiera brevemente en este artículo. Y he de decir que me tiene impresionado. Porque debemos recordar que este pueblo europeo nos está demostrado cada día ciertas virtudes trascendentes en un contexto que para la mayoría de la gente sería de desesperanza. Y sin embargo no percibo esta actitud, que por otra parte sería natural y lógica, puesto que lo que hasta el momento parece demostrarnos es una actitud serena y matizada que asume la realidad sin aspavientos: algo admirable en las actuales circunstancias.
Y es que, en efecto, la constatación de la patente superioridad del agresor, ahora empeñado en destruirla, no parece haberse traducido – al menos hasta ahora – en una quejumbrosa reacción de víctima ultrajada, como bien pudiera haber sido la de quien se siente abandonado por los suyos. De ahí que no veamos patente la actitud quejumbrosa propia de quien experimenta ese abandono, por mucho que pueda estar disimulado por un apoyo limitado al envío de algunos medios de defensa que difícilmente cambiarán el signo de una guerra que se sabe perdida formalmente.
La personalización de esta actitud de valiente resistencia ante un agresor que les supera ha recaído felizmente en el curioso pero efectivo liderazgo del presidente electo del país: un cómico transformado en político que asumió su nueva condición con eficacia, personalidad y sencillez; como un ejemplo que perdurará en la historia cualquiera que sea el desenlace de esta guerra. Y como un patriota dotado para superar el trance con una personalidad que es a la vez sencilla, activa, y poderosa. Naturalmente desconozco cual será la huella que nos legue en el futuro, mas desde luego hasta ahora está teniendo la habilidad de hacerse respetar como indudable líder de su gente imprimiendo a su presencia personal y sus acciones un estilo particularmente propio que comparte con sus sufridos y serenos compatriotas.
Desconozco cómo era anteriormente aquel país, aunque distaba al parecer de ser perfecto, pero es un hecho que ahora se nos muestra unido y modélico en su actitud ante la desgracia que le aflige, conectado de una forma muy directa y expresiva con quienes pueden y ahora pretenden ayudarle, y transmitiendo una imagen de serenidad y cercanía. Y, en suma, aportando una imagen muy expresiva de la categoría moral de su país en este trance.
Aún es muy pronto para intuir lo que con el paso del tiempo quedará para la Historia de estos trágicos momentos, mas tengo la impresión de que si no cambian las cosas, Ucrania habrá hecho de su desgracia un episodio trascendente para aquel país, otrora casi desconocido para la mayoría pero que supo reaccionar ante la desgracia siendo ejemplo de actitud ante el abuso y la desgracia. A lo cual contribuirán las imágenes de unas familias maltratadas por la guerra pero serenas en el trance y sobreviviendo como pueden en unas ciudades arrasadas. Como también de un aparentemente humilde presidente del gobierno mostrándose como uno más y transmitiendo sin embargo una voluntad firme y decidida ante los dirigentes internacionales. O de unos ciudadanos rodeados de escombros y entonando emocionados las notas del himno de su patria.
O de la voz de unos poetas suscitando emociones con sus versos.
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