“¿La última oportunidad?”, de Ana Samboal; “El sello de urgencia de Feijóo”, de Antonio Burgos; y “Feijóo entierra el hacha de las batallas culturales de Casado, y el fracaso del PP madrileño”, de Lucía Méndez
( “La alfombra de Zelenski“, viñeta de Tomás Serrano en El Español el pasado día 6)
¿LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD?
Artículo de Ana Samboal publicado en El Debate el pasado día 7
Es la oportunidad que tienen hoy Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. No sólo está en su mano salvar el bipartidismo, sino también reconstruir un país que se sostiene con pies de barro para alejarlo del abismo al que se asoma
El 15 de mayo de 2011, en la campaña de las elecciones autonómicas y municipales, la Puerta del Sol de Madrid y las grandes plazas de las ciudades de España despertaron sembradas de tiendas de campaña. Desoyendo al Tribunal Supremo, estuvieron tomadas durante días. Eran la «gente». La gran mayoría, personas que no estaban obligadas a levantarse a las seis de la mañana para ir a ganarse el sueldo con el que dar de comer a sus hijos y podían permitirse el «lujo» de celebrar asambleas en las que debatir de lo humano y lo divino aplaudiendo tocando los pitos con los dedos cada moción. Una década después, nadie sabe cómo se organizó aquello, pero lo cierto es que funcionó: lograron conectar con el profundo malestar de los españoles. Despertaron la simpatía de los jubilados a los que Zapatero congeló después la pensión, de los funcionaros a los que bajaron más tarde el sueldo, de los autónomos desesperados por el impacto de la crisis en sus negocios, de los que se habían quedado en paro y de los trabajadores a los que habían recortado el salario, de los desencantados con la política o de los frustrados por la corrupción.
Podemos acertó de pleno al hacer suya su bandera. Era la ventana de oportunidad que, desde un pequeño plató de una televisión local, Pablo Iglesias y sus amigos llevaban años esperando para saltar al ruedo de la política nacional. Se sentían legitimados y lo hicieron a lo grande. Garantizaban el éxito de audiencias en las televisiones comentando, línea a línea, los gastos cargados a las célebres tarjetas black de Caja Madrid convenientemente filtrados desde un despacho, sin recato ni respeto a la protección de datos. Las facturas de los trajes de Francisco Camps se convirtieron en noticia de portada. La noticia política, convertida en espectáculo del corazón, encumbró a una entonces desconocida Mónica Oltra, que posaba con la camiseta en la que, bajo la palabra «Wanted» figuraba la foto del expresidente de la Generalitat Valenciana. A las puertas de la casa de Rita Barberá, se apostaban las cámaras para dilucidar si cerraba o abría la cortina de la ventana. Pan y circo para entretener a la airada «gente».
Diez años después se han quedado en nada. El chalé de Galapagar fue el primer indicio. Pablo Iglesias aspiraba a «asaltar el poder», no para cambiarlo, sino para alcanzar el estatus de los que entonces lo ocupaban. Mónica Oltra se revuelve pegada a su asiento de aforada, buscando conspiraciones para tratar de zafarse de una imputación por un asunto tan feo como obstaculizar la investigación de un abuso sobre una menor por el que está condenado su exmarido. Y la esperanza blanca de Yolanda Díaz ha tenido que renunciar a su plataforma política porque dos de las tres compañeras con las que posó en la presentación, la propia Oltra y Ada Colau están en el punto de mira de los jueces. Sólo le queda Mónica, médica y madre. Es decir, si quiere seguir adelante, tendrá que echarse en brazos de Íñigo Errejón. O unir su destino al de Pedro Sánchez.
La mal llamada «nueva política» venía a salvarnos, pero encarnaba los peores vicios de la vieja y no aportaba soluciones para los problemas de una sociedad del siglo XXI. Las clases medias han adelgazado, y la inflación llenará de nuevo las colas del hambre. Por mucho que Hacienda engorde sus arcas gracias a la subida de los precios, no habrá para pagar las subvenciones que prometen. El Efecto del Plan de Estabilización de 1959 y de los Pactos de la Moncloa se ha agotado. Los buenos profesionales buscan futuro fuera de casa y las empresas se han internacionalizado para salvar su negocio. O racionalizamos la estructura del gasto público, dimensionamos la administración, incentivamos la transición del modelo económico hacia una economía productiva y de creación de valor y establecemos un modelo meritocrático en la enseñanza y los salarios o los que queden por estos lares estarán condenados a la pobreza y la irrelevancia. Es la oportunidad que tienen hoy Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. No sólo está en su mano salvar el bipartidismo, que se lo han puesto en bandeja, sino también reconstruir un país que se sostiene con pies de barro para alejarlo del abismo al que se asoma.
Artículo en: https://www.eldebate.com/opinion/20220407/ultima-oportunidad.html
EL SELLO DE URGENCIA DE FEIJÓO
Artículo de Antonio Burgos publicado en ABC el pasado día 6
Para muchos, Alberto Núñez Feijóo ha surgido de Galicia como por un ensalmo de meigas y no conocen de su biografía más que su concatenación de mayorìas absolutas como presidente de la Xunta. Pero no saben que antes, mucho antes, en 1996, se trasladó a Madrid para formar parte del gobierno de Aznar. Fue nombrado secretario general de Asistencia Sanitaria en el Ministerio de Sanidad y Consumo, y ese mismo año se convirtió en secretario general de Asistencia Sanitaria y presidente del Insalud, cuando las competencias en Salud aún no habían totalmente sido troceadas entre las autonomías. Entre mayo de 2000 y enero de 2003, Feijóo fue director general de la Empresa Estatal de Correos y Telégrafos. En esa etapa, Correos sufrió un viraje desde el servicio público monopolístico hacia la libre competencia empresarial. Mantener el tipo ante las mensajerías privadas fue algo que Feijóo hizo muy bien, en algo aparentemente tan oscuro como director general de Correos; donde triunfó, antes de volverse 2003 a su tierra para dedicarse a una Xunta que habría de llevarlo primero a la presidencia del ente autonómico y después al actual liderato del PP en toda España, según acaba de ser elegido presidente en Sevilla.
Sevilla debe traer buenos recuerdos de esta etapa de Correos a Alberto Núñez Feijóo. Entonces fue cuando lo conocí y me di cuenta de su talla de político. Como director general de Correos rompió una costumbre que hasta entonces había: dedicar los sellos sólo a personajes ya desaparecidos. Feijóo, y nunca mejor dicho, se puso esa costumbre por montera y decidió en el 2001 dedicar un sello a Curro Romero, que acababa de retirarse en octubre del año 2000. ¡Cualquiera es el guapo que ahora dedica un sello a nada ni a nadie relacionado con los toros, bueno está el patio como para arriesgarse! Pero eran otros tiempos, y Feijóo vino a Sevilla para presentar en su propia tierra el sello de Curro, en el que aparecía dando una de sus históricas medias verónicas cargadas de esencia y de arte. Había, no obstante, una contradicción en el sello, que algunos le advertimos cuando lo presentó en los Reales Alcázares. El sello tenía un valor facial de 260 pesetas, equivalentes a 1,6 euros. Y consultando las tarifas postales se podía comprobar que 260 pesetas era el franqueo de las cartas urgentes. Con lo despacito que toreaba Curro Romero, el que más lento lo hizo nunca, Feijóo lo homenajeó… ¡con un sello urgente!
Sevilla y aquel sello urgente para el torero que manejó más lento su capote le trajeron buena suerte a Feijóo. Sevilla siempre le trae buena suerte al PP. Aquí refundó Aznar el partido que lo llevó a la Moncloa y aquí lo ha puesto el gallego de modo que con Feijóo vuelve a haber oposición a Sánchez, que estaba en sede vacante. Parece que le ha puesto al partido aquel sello de urgente a lo que iba tan lento, en este caso como un defecto, no como una virtud artística. Con sus palabras en estos días ha demostrado Feijóo que tiene un sello especial. Ojalá que esa personalidad en el liderazgo, ese sello de urgencia en los cambios, sea la que nos libre de Sánchez por el bien de España.
Artículo en: http://www.antonioburgos.com/abc/2022/04/re040622.html
FEIJÓO ENTIERRA EL HACHA DE LAS BATALLAS CULTURALES DE CASADO, Y EL FRACASO DEL PP MADRILEÑO
Artículo de Lucía Méndez publicado en El Mundo el pasado día 3
Del octubre de Valencia al abril de Sevilla, de cuestionar la regulación del aborto al respeto a todas las familias, del pánico comunista al amigo comunista, del caído Casado a un sucesor con calma revolucionaria. «Si alguien me llega a decir hace tres meses que esto iba a suceder, le hubiera mandado al psiquiatra. Ha sido mucho mejor de lo esperado, es una revolución. Es un partido distinto porque tenemos un líder distinto, completamente distinto del anterior. Firme, dialogante, sensato y con experiencia. Su discurso ha sido impresionante. Sin dogmas ni gritos. Con templanza y sin sobreactuar. Eso no nos garantiza la victoria electoral, pero es un comienzo».
Con esta letra y este espíritu salieron del XX Congreso del PP la inmensa mayoría de los dirigentes y compromisarios, después de escuchar la intervención de una hora del nuevo presidente del partido, Alberto Núñez Feijóo. Nadie podría catalogar al ya líder del PP como un político revolucionario, ni siquiera disruptivo. Alberto Núñez Feijóo es un hombre más bien sosegado y manso, esto último en el sentido bíblico. Sin embargo, hay circunstancias excepcionales en las que las cosas están fuera de su lugar y alguien puede ejecutar un movimiento revolucionario no siendo en absoluto un político revolucionario.
En la acepción número 4 de la entrada «Revolución», la RAE dice: «Cambio rápido y profundo en cualquier cosa». El concepto cualquier cosa incluye a un partido político que cambia rápidamente a su presidente y profundamente el discurso aparejado al liderazgo saliente. Ya no es que Alberto Núñez Feijóo y Pablo Casado tengan caracteres y biografías diferentes. Es que difieren en el discurso, las formas, los contenidos, la retórica, el tono, la interpretación, la letra y la música. El primer discurso como nuevo presidente es la prueba del algodón del cambio revolucionario que se ha producido en la cúpula del PP. Adiós a las batallas culturales, adiós al partido cuya misión es dar testimonio del bien contra el mal, adiós a la retórica encendida contra el diablo izquierdista, adiós a la España imperial y uniforme. Núñez Feijóo abrazó a la España plural en su primer discurso, a la España autonómica como «garantía de la unidad de España».
Hace medio año, el ex presidente Casado presentó su programa de Gobierno en la Plaza de Toros de Valencia en la Convención nacional organizada para asegurarse de que todo el mundo pensara que tenía La Moncloa al alcance de la mano. En aquel país y en aquel momento, Casado se sentía psicológicamente jefe del Gobierno. El ejercicio de comparar aquella pieza ideologizada hasta la médula con el discurso pragmático y racional del presidente recién elegido deja bien a las claras la profundidad del cambio ejecutado en el PP más allá de las caras y los cargos.
Donde el ex presidente proponía iniciativas identitarias para reforzar la unidad nacional, el nuevo presidente defiende la esencia autónomica de la Nación española, con especial mención a todas sus lenguas. Aquí es necesario advertir que el aún presidente de la Xunta ha sufrido descalificaciones de personas de su partido por hablar en gallego. Como resumen de lasdiferencias, podríamos decir que Casado quería convertir la sede del Ministerio de Agricultura en un museo de la Historia de España, mientras que Feijóo lo que prefiere es gestionar ese Ministerio.
Casado, con lenguaje bélico, orientaba en Valencia su combate contra la «izquierda inmoral de los puños cerrados, que subsidia y estabula a los jóvenes, adoctrina en las escuelas, expropia los beneficios empresariales, defiende a lasdictaduras comunistas y aplica políticas indignas para traicionar a España». Núñez Feijóo prefiere «sacar a la política española del enfrentamiento, de la hipérbole permanente». «Basta ya de discutir, no seremos un partido de mera confrontación ni de mero rechazo».
Casado cargaba contra la regulación del derecho al aborto, mientras que Feijóo expresa respeto por todo tipo de familias. «No soy yo quien para juzgar a nadie». Donde Casado situaba al comunismo como el enemigo que acecha por doquier, dentro y fuera del Gobierno, el gallego expresaba su respeto por el único amigo comunista que tiene, el líder de CCOO de Correos con el que pactó reformar el servicio postal cuando presidió Correos.
La batalla cultural contra la izquierda, considerada como el primer punto del programa político del partido, siempre ha sido el deporte favorito del PP madrileño, concretamente del mismo centro de Madrid. El PP madrileño situó a su hijo más querido, Pablo Casado, en la Presidencia del PP nacional, pertrechado con todas sus armas ideológicas. El PP madrileño ha fracasado en la gestión del PP nacional, y eso ha producido un giro de 180 grados en el discurso de esta formación política.
El PP madrileño tiene ahora una nueva líder, que lo será formalmente dentro de poco. Isabel Díaz Ayuso no va a dejar de ser la política más icónica de la España actual, ni sus fans van a dejar de pedirle selfies y fotos dedicadas. Pero es indudable –y en su deslavazada intervención en el Congreso quedó claro– que sin Pablo Casado, ella no podrá ser lo mismo que era. Díaz Ayuso creció como líder bis del PP en la confrontación con la anterior dirección. La presidenta madrileña era una amenaza para Pablo Casado. Pero es más que dudoso que lo vaya a ser para Alberto Núñez Feijóo. Su estrella seguirá brillando, pero tendrá que hacerlo de otra manera. El nuevo presidente no confrontará con ella, como sí hizo el anterior. La respetará, como al resto de los presidentes autonómicos. Ni más ni menos. Posdata. Los compromisarios del PP aplaudieron tanto el discurso de Casado en la Plaza de Toros de Valencia como el de Núñez Feijóo en el Congreso de Sevilla. Una realidad que convierte el liderazgo fuerte en lo más importante.
Artículo en: https://www.elmundo.es/espana/2022/04/02/624893afe4d4d86d678b4575.html
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