Por Carlos de Bustamante
(Familia Bustamante)
Pocos frentes le restaban al ya comandante donde dejar huella indeleble de sus actuaciones tantas veces heroicas; y tantas en el anonimato. Sencillamente, servía a España como España merece ser servida.
Roto el llamado cinturón de hierro en Bilbao, con la intervención destacada del grupo artillero al que pertenecía la ya renombrada “batería legionaria”, el mando superior lo destinó al frente de Andalucía como jefe del Servicio de Información Avanzado de Artillería.
Allí el comandante prestó servicios – ¡siempre servir! – más que notables. Poseían las tropas comunistas un arma poderosa que, causando estragos en otros frentes (Oviedo…), hizo lo propio en el de Andalucía.
La Leona y Oviedo
“Memoria histórica de un «cerco» que comenzó un mes de julio hace 84 años y que dejó graves secuelas en la ciudad”:
Muchas fueron las toneladas de bombas que cayeron sobre la ciudad durante el llamado cerco a Oviedo (1936-37), durante el asedio que comenzó en el mes de julio del ejército republicano-comunista a la capital y a las tropas “nacionales” de guarnición en la capital. A raíz del uso de obuses de gran calibre como el de 155 milímetros en el frente asturiano, el imaginario ovetense creó con notable humor negro y resignación el mito de La Leona: un tremendo cañón que tomó el nombre de la pierna derecha del histórico futbolista Lángara.
Para Artemio Mortera, experto de la Guerra Civil en Asturias y miembro de la Asociación para la Recuperación Arquitectura Miliar Asturiana, no existió una sola Leona dando zarpazos. «Hay varios sitios donde dicen que estaba y, en realidad, nunca se emplazaba una pieza aislada» en un lugar, sino por lo general una batería: habría, por tanto, varias leonas al mismo tiempo machacando la capital.
Mito o no, los silbidos de los proyectiles que atemorizaban a todo Oviedo-militares y civiles, hombre mujeres o niños- partían de una loma situada al suroeste de la ciudad. Mortera escribe de La Grandota como lugar de asentamiento de las piezas (508 metros de altitud, junto a Naves); pero en realidad hay tres “casamatas” (asentamientos) para piezas de 155 milímetros que aún quedan en Bendones, y otras para 105 milímetros cerca de allí», explicaba Mortera. Otro historiador, relativamente imparcial, -Arama-(estuvo años explorando, documentando y luchando por conservar esos restos de la guerra como parte de la historia asturiana, a menudo con poca atención por parte de las distintas administraciones.
Si sobreviven las casamatas y trincheras es, muchas veces, porque para los propietarios de los terrenos en que se encuentran resulta caro destruirlas. A veces, si depende de los ayuntamientos, son simplemente olvidadas y quedan medio enterradas en maleza y basura. Frecuentemente una nueva urbanización o una obra pública las destruye sin contemplaciones.
Ruge La Leona:
Algunos de los proyectiles de 155 mm. pudieron ser los que impactaron en la torre de la Catedral, donde se dice (¿) que el bando nacional había apostado tiradores. Los republicanos afirmaron que solo querían silenciar el nido, y no dañar a propósito el templo… (¿), como por otro lado aseguraron los defensores. Si es así o no, ya es probablemente tarde para juzgarlo.
El mito (o historia real) cuenta también que el autor del disparo de la Catedral fue el famoso Celestón “el Topu”, uno de los líderes mineros y artillero improvisado, al parecer con talento natural para la puntería.
Tanto los cañones de 105 mm. como las presuntas Leonas de 155 mm. eran fabricados en Trubia y se usaron en todos los frentes, desgraciadamente con letales resultados. En el caso de estos últimos, eran armas montadas con licencia francesa del obús Schneider 155/13 C (corto) modelo 1917, modificado en 1922 y que, según Mortera, estuvo en funcionamiento hasta los años 60 «con mucha efectividad».
Ambos bandos utilizaron este monstruo durante la Guerra Civil; el ejército republicano dispuso de unas 60 piezas que se repartieron en distintos puntos de España. No era fácil mover sus 3,3 toneladas pese a sus grandes ruedas; tampoco se podía ser de constitución delicada para cargar los más de 40 kilos de cada proyectil.
Eso sí, una vez situado en el sitio adecuado, bien asegurado en plano o bien anclado en una casamata, podía alcanzar con eficacia objetivos a 12 kilómetros de distancia. Por ejemplo, las casamatas de Bendones están separadas del centro de Oviedo, en línea recta, por apenas cinco kilómetros, un punto perfecto para un buen artillero en un lugar elevado y con buenas vistas, como era el caso. El jefe de tan tremendas baterías, no tenía que ubicarse directamente a la vista el objetivo; un observador se colocaba en un punto un poco más alto y daba las indicaciones, para batir al objetivo.
Dice Mortera que el bando republicano (social comunista) también usó piezas inglesas Armstrong Vickers de 127 mm., pero estas pertenecían al ejército del Norte y, aunque operaron en noviembre de 1936 desde la localidad de Vidayán, donde ahora se ubican unas escuelas, luego salieron, entre otros, para el frente de Bilbao en refuerzo del “cinturón de hierro”.
Que La Leona fuera un mito no quiere decir que los cañones no existieran e hicieran su siniestra labor: de eso no se puede olvidar ninguno de los que sobrevivieron a la Guerra Civil, en ambos bandos.
Pese al horror de la guerra, no faltaba el humor en los contendientes y si en el frente asturiano se le bautizó como la leona al temeroso cañón, en el de Andalucía, con mayor sentido del humor, se le nombró “el Felipe”. Los conocimientos adquiridos por el comandante en Alemania, hicieron posible que, con el radar, descubriera el asentamiento del Felipe y otra leona desplazada para refuerzo del frente. Así, leona y Felipe fueron capturados al ejército social comunista. En conmemoración a tan importante evento, ambos estuvieron expuestos en la plaza de las Tendillas de Córdoba.
Situado el nuevo puesto de mando del comandante próximo a la localidad de Peñarroya (Córdoba), sucedió lo que mis amigos y probables únicos lectores conocerán en el próximo, si Dios es servido.
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