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Por fin alguien dio en el clavo

Tres foramontanos en Valladolid 16 Abr 2022 - 07:23 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

(Concentración en Sevilla en defensa del Sáhara Occidental)

Y mira que ha tardado…

Como ya se ha hecho frecuente, los españoles nos hemos visto sorprendidos por una decisión de nuestro ejecutivo tomada sin previo aviso ni conocimiento previo de las fuerzas políticas, es decir, a la brava y con total desprecio de las obligadas normas democráticas, siendo así que se trataba de algo que nos afectaba peligrosamente a todos. Se hace difícil concebir mayor desprecio hacia los españoles por parte de nuestro gobierno y una más desacertada reacción de nuestros medios, que trataron del tema sin abordar la cuestión más importante.

Se trataba, como usted bien sabe, de un cambio copernicano en nuestras relaciones con nuestro vecino, acogido con el natural asombro pero cuyas consecuencias quedarían limitadas a cuestiones de una importancia relativa y orientadas todas ellas a satisfacer sus pretensiones, suponiendo que con ello recibiríamos un mejor trato por su parte. Además nos acomodaríamos a la postura de determinados países europeos cuyos problemas son distintos de los nuestros. Así que la verdad tardaría en expresarse. Lo hizo por fin en la televisión y en la voz de un experto. Si, en efecto, la propuesta de nuestro gobierno era evitar que nuestro vecino nos diera la lata enviándonos de nuevo un tropel de mozalbetes  sin orden ni concierto para obligarnos sin más a cambiar nuestra política. Así que lo que hacemos es favorecerle nada menos que proponiendo que se haga ya definitivamente con la totalidad de lo que fue en su día nuestro Sáhara, sacrificando así a los saharauis.

Con lo cual ese vecino que tanto nos molesta no solo aumenta su extensión de forma considerable sino que se hace ya con la totalidad de la costa del Océano Atlántico que cae precisamente sobre nuestras islas Canarias. Y no es preciso explicar lo que esto supondría conociéndolo como lo conocemos. Claro que de paso se harían ya definitivamente con los riquísimos fosfatos a cielo abierto de BuCraa y con otras bagatelas como la circonita, el petróleo y el gas que encierra toda aquella zona de África, y no digamos con la pesca. Todo ello de escasa importancia por lo que parece para nuestro jefe de gobierno y para la seguridad de nuestras islas.

Por otra parte, el gran cambio que ahora nos proponemos supone enemistarse con Argelia, país con el que hasta ahora mantuvimos una relación  beneficiosa por varias razones diferentes. En primer lugar porque nos beneficiábamos del gas que nos proporcionaba, algo sobre cuya importancia no parece necesario dar muchas explicaciones en las actuales circunstancias, y en segundo lugar porque nos permitía moderar las intenciones de nuestro vecino más incómodo (sabido es que ambos no se tratan y mantienen cerradas sus fronteras).Y el resultado es que Argel ha retirado a su embajador en Madrid, y que ahora Italia nos ha desplazado como socios preferentes. Téngase además en cuenta que Argelia siempre vio con el mayor recelo la extensión y fortalecimiento de su vecino, que entre otras cosas bloquearía la salida al océano de los productos de sus minas. Razones todas ellas que le llevaron a apoyar abiertamente al pueblo saharaui, y en consecuencia al Polisario.

Pues bien, por lo que parece, ahora los españoles pretendemos dar todas las ventajas a nuestro incordiador vecino –  aunque sea a nuestra propia costa – y perder además todas las bazas que teníamos. Y, por qué no decirlo, demostrar la eficacia de las presiones que ha ejercido.

PS: Quizá convenga que recuerde que viví en directo la llamada “Marcha Verde”, que tuve ocasión de volar a Argelia para sondear a su gobierno en Hammaguir, y que redacté el informe que, ante la llegada a El Aaiun de El Gali daría lugar a la proclamación de un toque de queda. 

Por cierto ¿puede saberse qué piensan los canarios?

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