“Pactar con Vox es legítimo; con Podemos, Bildu y ERC no”, de El Debate; “La izquierda desempolva el discurso «contra la ultraderecha» tras el pacto de PP y Vox en Castilla y León”, de Patricia Sanz; “¿Pactar el Consejo?”, de Santiago González; y “La primera semana de Feijoó: entre las Ventas y el Bernabéu”, de Federico Jiménez Losantos
( Viñeta de Ramón en ABC el pasado día 12)
PACTAR CON VOX ES LEGÍTIMO; CON PODEMOS, BILDU Y ERC NO
Editorial de El Debate publicado en su web el pasado día 12
Vox puede gustar más o menos, pero es un partido constitucional que no discute los procedimientos legales y parlamentarios para imponer sus ideas
El PSOE ha renovado su manida «alerta antifascista» con motivo de la investidura de Alfonso Fernández Mañueco como presidente de Castilla y León, en el primer Gobierno de coalición entre el PP y Vox sellado en toda España, anticipo tal vez de otros muchos igual de razonables.
La sobreactuación del líder regional socialista, Luis Tudanca, no es más que la consecuencia de una consigna que la izquierda viene repitiendo desde hace años, hasta el punto de estrenarla con motivo de la investidura de Juanma Moreno en Andalucía, a principios de 2019, precedida de ese mismo sainete protagonizado entonces por Pablo Iglesias y todo el PSOE.
La falaz pose se cae por su propio peso con una simple pregunta: si tanto le preocupa a la izquierda el auge de la supuesta ultraderecha, ¿por qué no ofrece sus votos para frenarla, apoyando a la lista más votada, como han hecho en Francia tantos partidos?
Es evidente que el discurso en Castilla y León, como antes en Madrid, Andalucía o Murcia y mañana en toda España; obedece a una burda estrategia bien sencilla de identificar: se trata de bloquear, sin más, la posibilidad de que cuaje una alternativa al PSOE y más específicamente a Pedro Sánchez.
Porque esa sería la consecuencia de negarle todo apoyo al PP, vigente desde el ínclito «no es no» de Sánchez a Rajoy y, a la vez, intentar deslegitimar la posibilidad de que los populares pacten una mayoría alternativa: el «cordón sanitario» no es en realidad a Vox, sino a Feijóo como relevo del actual presidente del Gobierno.
En cualquier circunstancia, boicotear la esencia de la democracia, que es la alternancia, califica a los promotores de esa deriva, bien definidos por años de bloqueo, mociones de censura, inmunidad al diálogo y finalmente deslegitimación de sus rivales.
Pero es especialmente grave, desde un punto de vista conceptual, cuando esa cruzada procede de un partido que se ha servido de socios indeseables para prosperar: Vox puede gustar más o menos, pero es un partido perfectamente constitucional que no discute los procedimientos legales y parlamentarios para imponer sus ideas y acepta deportivamente el rechazo a las mismas.
No se puede decir lo mismo de Podemos, que discute la Constitución, intenta derribar al Rey y proclama el inexistente derecho a romper la unidad de España. Y tampoco se puede naturalizar la alianza socialista con un partido dirigido por un terrorista condenado, Arnaldo Otegi, y otro encabezado un golpista con sentencia firme, Oriol Junqueras.
El mantra de la ultraderecha es, amén de injusto y antidemocrático, inútil: estimular un miedo que nadie siente, salvo los seguidores más recalcitrantes de los heraldos del nuevo antifascismo, ni ha frenado a Vox en España ni lo ha hecho a partidos similares en Francia, Hungría o Polonia.
No suscribir la agenda de esta izquierda, sustentada en una impúdica ingeniería social, no equivale a rechazar las causas que esgrimen para justificar su proyecto ideológico: se puede estar con la igualdad y contra la violencia machista, por citar dos banderas concretas, sin suscribir las barbaridades legales, morales y éticas que impulsan en su nombre.
Pero, sobre todo, se puede y se debe organizar una alternativa sensata a un Gobierno que, además de todos sus delirios sectarios, ha hundido al país en una triple crisis económica, identitaria y social de gravísimas consecuencias.
Si el PP y Vox son capaces de conformar esa mayoría, no hacerlo por el miedo a la pena de Telediario que sufren preventivamente sería un flaco favor a todo lo que ambos dicen servir. Castilla y León no debe ser una excepción, pues, sino la norma tranquila en adelante.
Artículo en: https://www.eldebate.com/opinion/editoriales/20220412/pactar-vox-legitimo-podemos-bildu-erc-no.html
LA IZQUIERDA DESEMPOLVA EL DISCURSO «CONTRA LA ULTRADERECHA» TRAS EL PACTO PP-VOX EN CASTILLA Y LEÓN
Artículo de Patricia Sanz publicado en el pasado día 12
Vuelve el ‘cordón sanitario’. PSOE, Podemos y Soria ¡Ya! se unen contra el nuevo pacto de gobierno alcanzado entre Alfonso Fernández Mañueco y Juan García-Gallardo, tras la investidura del popular como presidente de la Junta.
La ultraderecha que representa Vox supone «el mayor elemento desestabilizador de la democracia» y «quiere acabar con 40 años de consensos, con nuestros derechos y libertades». Esta fue la afirmación de la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, tras la sesión de investidura de Alfonso Fernández Mañueco presidente de Castilla y León, el pasado lunes.
En declaraciones a los periodistas en los pasillos de las Cortes castellanoleonesas, la socialista dio un paso más allá e implicó al nuevo presidente nacional de los populares. Para Lastra, a Alberto Núñez Feijóo «se le ha caído la careta» al «abrir las puertas del Gobierno de Castilla y León».
Los mantras de la izquierda
Fue en diciembre de 2018, cuando el entonces secretario general de Podemos, Pablo Iglesias se erigió como uno de los primeros líderes de la izquierda en tildar de «posfranquistas sin complejos, neoliberales y machistas» a Vox. El morado emitió una «alerta antifascista» cuando la formación de Abascal irrumpió por vez primera en el Parlamento andaluz.
Tres años y medio más tarde, con la llegada de Vox a las Cortes castellanoleonesas, el mensaje se ha extendido al resto de fuerzas izquierdistas. Lastra reclama el «cordón sanitario» de Francia a Marine Le Pen en España.
Ayer, Lastra incluso acusó al líder de Vox en Castilla y León, Juan García-Gallardo, de no creer en la Constitución española, y de querer «mutilar» su título VIII, el referente a la organización territorial del Estado. Una grave acusación para posicionarse en contra de la reforma del estado de las autonomías que defiende la formación de Santiago Abascal.
Para la riosellana tampoco resulta admisible la Ley de violencia intrafamiliar que ha propuesto Vox durante este primer gobierno de coalición con el Partido Popular en España. La socialista aseguró que la Ley de violencia de género vigente «salva vidas todos los días gracias, entre otras medidas, a las órdenes de protección». En 2022, según los datos provisionales del Ministerio de Igualdad, fueron 44 las víctimas mortales a nivel nacional por este tipo de violencia, 41 si no se tienen en cuenta los suicidios consumados.
En esta misma línea se posicionó la viceportavoz socialista, Patricia Gómez, que tildó de «muy triste» para Castilla y León y para España el pasado lunes 11 de abril, ya que «47 años después la extrema derecha vuelve a un parlamento».
El líder en la región de Podemos, Pablo Fernández, se atrevió incluso a calificar a Fernández Mañueco de «pelele en manos de Vox». Según el morado, el popular «ha vendido esta tierra a la extrema derecha, provocando una enorme involución democrática y una merma tremenda en derechos y libertades, muy especialmente para las mujeres, para los inmigrantes y para el colectivo LGTBI».
Por su parte, Ángel Ceña, representante de Soria ¡Ya!, en referencia al problema de la «despoblación», ha criticado la política de inmigración: «Antes de poner las bases para que no se vayan nuestros jóvenes, parece ser que queremos poner muros para que no entren nuevos pobladores».
La derecha contesta
El portavoz del Grupo Parlamentario popular en el Senado, Javier Maroto, no dudó en contestar a Lastra. El senador por Castilla y León preguntó a la socialista «cómo quien se sienta todos los días» con el portavoz de Unidas Podemos en el Congreso de los Diputados, Pablo Echenique, para «pactar los próximos Presupuestos» con el coordinador de EH Bildu, Arnaldo Otegi, y el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, puede «venir a hablar de los pactos» en Castilla y León.
Por su parte, el presidente popular reelecto defendió la bondad del acuerdo de coalición con Vox, que le ha servido para ser investido en la primera votación y en el que se ha apoyado para rechazar las críticas y «lecciones» de la oposición en materia de pactos.
Su nuevo socio de Gobierno y futuro vicepresidente, García-Gallardo no dudó en denunciar los descalificativos que su partido recibió del resto de grupos parlamentarios en la sesión de tarde de las investiduras.
¿PACTAR EL CONSEJO?
Artículo de Santiago González publicado en El Mundo el pasado día 11
Hay que entender a Sánchez. Cada vez que habla miente, eso está en su naturaleza, pero no se acaba ahí su desencuentro con la palabra hablada. Por una parte está lo que dice y por otra lo que quiere que se le en tienda. Después de la inenarrable reunión que mantuvo en La Moncloa con el jefe de la oposición, enviaba el sábado un doblemensaje a Alberto Núñez Feijóo para que «no ceda al chantaje de Vox», ni «vuelva a las andadas de la corrupción». No ceder al chantaje de Vox quiere decir que renuncie a gobernar las instituciones para cuyo con trol solo está legitimada Su Sanchidad y los socios que él designe, sean estos terroristas, golpistas, separatistas vascos o catalanes o la chusma podemita. No volver a las andadas de la corrupción quiere decir que se va a tomar muy a mal que Feijóo se gaste en putas y en coca por Sevilla el dinero de los parados. Ni en saunas como la que tenía su difunto suegro en la calle San Bernardo de Madrid, donde Villarejo grababa las conversaciones de los usuarios.
Hay que reconocer al nuevo presidente del PP que ha bastado su llegada a la dirección para que el partido invierta la línea descendente de Casado en la intención de voto de las encuestas. De su primer encuentro con Sánchez el pasado jueves ya tiene elementos de juicio para saber que su adversario miente, que va a seguir haciéndolo y que nunca va a cumplir los acuerdos si es que llega a alguno. Ya habíamos comentado que no tuvo interés en oír las medidas económicas que le proponía Feijóo, a pesar de que la bajada de impuestos la había pro puesto él mismo en La Palma y que su único interés estaba en acordar la renovación del CGPJ, tan largamente caducado en su composición actual.
Pedro Sánchez aspira a una renovación del CGPJ según pacto en el que él propone los vocales y el PP se los vota. Para él carece de interés la propuesta contra la inflación, ¡un 10%! que le propuso Feijóo, ni las consecuencias. Él no sabe lo que fueron los pactos de la Moncloa, la historia comienza en 1812 y su tesis se la empezaron a plagiar a partir de octubre del 77. No era fácil que llegaran a un acuerdo Gobierno y oposición cuando el Ejecutivo pretendía colar en el Consejo a un juez como José Ricardo de Prada, autor de la secuencia chunga que determinó el triunfo de la moción de censura contra Rajoy. El Supremo calificó su sentencia de excesiva y ciertamente lo era.
El PSOE y el PP han estado en la misma lógica, pero Núñez Feijóo no debería permitírselo. Va a insistir en el punto en el que empezó todo, 1 de julio de 1985, la Ley del Poder Judicial con la que el felipismo cambió el sistema de elección del CGPJ que estaba vigente desde el 10 de enero de 1980 en que se aprobó la Ley Orgánica del Consejo General del Poder Judicial (1/1980) en que 12 de los 20 vocales del Consejo eran elegidos por los jueces y los ocho restantes por el Congreso y el Senado. Desde 1985 nunca más; los 20 son elegidos por las Cortes Generales. El Grupo de Estados contra la Corrupción de la Unión Europea (Greco) ha insistido a España sobre este procedimiento. Hasta Casado lo dijo en algún momento, pero se le pasó pronto. Parece que Feijoo no va a ceder en esto, él sabe lo que se juega.
Artículo en: https://www.elmundo.es/espana/2022/04/11/625319b7e4d4d8c26c8b45a6.html
LA PRIMERA SEMANA DE FEIJOÓ: ENTRE LAS VENTAS Y EL BERNABÉU
Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 10
Hace cuatro años, Feijóo no dio el paso de presentarse al Congreso del PP para presidirlo y aspirar a la Moncloa, único cargo en el Reino que le queda por ocupar. Hay dos versiones de por qué no lo hizo, aunque se daba por seguro que hubiera ganado a su gran enemiga, Soraya Sáenz de Santamaría, ya que Dolores de Cospedal no se hubiera presentado de hacerlo Feijóo. La primera versión es que Rajoy no se lo pidió, y aunque éste dijo después que nunca le dijo que quería presentarse y pedía su ayuda, lo cierto es que nada permitía asegurarlo. Y el presidente de Galicia temía, con razón, caer en la trampa de presentarse, ser derrotado por Soraya y volver a Galicia con las orejas gachas y cara de estafado. Así que, por orgullo o por cautela, esperó.
Por qué no vino hace cuatro años
La segunda versión, la más popular, es la vieja foto con Marcial Dorado, luego juzgado por narcotráfico, que Soraya agitaba cada vez que Feijóo tenía un éxito nacional o daba señales de preocupación por el futuro del PP. Era infalible: éxito de Feijóo, foto al canto. Y como Soraya era la candidata de la Izquierda y del imperio mediático que ella creó con ese fin, no hacía falta que PRISA o la Sexta recibieran órdenes: lo hacían automáticamente. Como Soraya dominaba el CNI, cabía temer cualquier dato incriminatorio que abundase en la foto de marras, y como nadie dudaba de su ilimitada ambición, era aburridamente necesario esperar a otra ocasión. Si se daba.
Y se dio. Si Casado no se hubiera convertido en Eduardo Manostijeras, con el Monstruo del Paparajote al lado, y si ambos no hubieran embarcado al PP en el asesinato civil y político de Ayuso, es decir, si Casado hubiera actuado como persona y como adulto, no como múrido y mamoncillo, es seguro que Feijóo sólo hubiera abandonado Galicia como vicepresidente primero de un Gobierno del PP y Vox, símbolo de tiento y moderación. Eso, si no dejaba pasar la ocasión, por demasiado tardía o poco atractiva.
Pero las cosas han rodado como él hubiera querido hace cuatro años; único candidato y recibido en loor de multitud. El desastre producido por la cacería de la infeliz pareja contra Ayuso ha sido tal que el PP en pleno se encomendó a San Alberto, Patrono de la Nómina. Y en un mes pasó de lamentar no haber dado el paso entonces a tener que darlo ahora sin ser diputado, con Vox crecido y el PP tiritando. Y elegido, léase ovacionado, en el Congreso de Sevilla, Feijóo ya ha cubierto su primera semana como líder de la Oposición.
Primeros días, desafortunados
¿Y cómo lo ha hecho? Pues bien y mal; o mal y bien. En las Ventas se hubiera dicho que no pudo con su primero pero que en el segundo mostró hechuras de torero caro y que el exigente público esperará otra tarde. En el Bernabéu dirían que en su visita a la Moncloa cosechó una goleada como el Madrid ante el Barça, pero que, al tercer día, en la SER resucitó, como ante el PSG y el Chelsea, San Karim sea loado. Así que Feijóo está vivo en las dos competiciones: Liga y Europa, o PP y Moncloa.
Conviene detenerse en los dos momentos o visitas, a Sánchez y a la SER, para entender la doble sensación que se observa en los comentaristas. La visita a Moncloa era más un acto de presidente gallego que de jefe de la Oposición. Peor: transmitía la imagen de un provinciano que, por observar educadamente los ritos de la capital, está condenado a que lo time Sánchez. Y así pasó: el Psicópata no hizo ningún caso a sus propuestas desvaídas en materia fiscal y, como punto casi único del encuentro, insistió en el reparto de jueces del CGPJ, que Feijóo pareció aceptar, y en que sólo tendrá carné de demócrata si rompe con Vox. Así que lo que quedó fue el retrato gris de un Feijóo demasiado rural, incapaz de triunfar en Las Ventas y de superar la magnificencia del Bernabéu. El presidente del PP, con todo el mundo mirándolo, apareció como alguien que no iba a ganarle a Sánchez porque, al estilo de Rajoy, no pensaba arriesgar y jugársela, sino heredar. Sensación agudizada en la entrevista de Onda Cero, con una defensa del «bilingüismo cordial» que no había quien la tragase y una imagen de demasiados nervios.
Le perjudicaba su imagen de Supermán en las últimas semanas, y el éxito barato del Congreso, que la Derecha mediática vio como prueba de falta de ideas, un canto a la gestión inútil en la Oposición. Sin guion ni ponencia política, Feijóo traía un mapa del Madrid del siglo pasado, cuando términos como «moderado» y “centrado» significaban algo positivo. Ahora sólo ridiculizan a quien los exhibe, y refuerzan, inapelablemente, a Vox. El posterior viaje de Sánchez a Marruecos también perjudicó a Feijóo, porque frente a un necio satisfecho con cuatro zalemas, incapaz de ver en nuestra bandera el escudo con las Columnas de Hércules boca abajo, símbolo de la toma del Estrecho por Marruecos, nos había dejado la imagen en Moncloa de un jefe de la Oposición encantado de posar y condenado a pasar pronto.
Debo decir que, habiendo tenido cerca a Feijóo hablando de política despacio, no entendía esa imagen de provinciano despistado en la Corte. Lo malo es que, como sucede con muchos toreros que triunfaron lejos de Las Ventas y con muchos futbolistas de postín sin pasar por el Bernabéu, nadie es nada si no puede con Madrid. Y la primera semana de Feijóo como líder de la Oposición y candidato a presidente se ha seguido con enorme interés.
La crueldad del público
Los que tienen experiencia en los estrenos de líderes en la política nacional observarían que los editoriales de prensa favorables a Feijóo no eran entusiastas. Había que apoyarlo, tras el desastre de Casado, para no dejar la alternativa a Sánchez exclusivamente en manos de Vox. Pero no había ilusión en un líder, sino confianza en su oficio; no se respaldaba un proyecto nuevo; se firmaba una prórroga del viejo, antes de caducar. La gravedad de la situación política en España obliga a una cierta prudencia, pero también a un mínimo de esperanza. Y Feijóo no la transmitió.
Se dirá que no hace falta más: unas expectativas razonables y dar tiempo a que se asienten el líder y el partido y a que cuajen sus ideas de futuro. Pero eso es no conocer Madrid, donde, salvo a los novilleros y a los toreros pobres en las Ventas, no se perdonan novatadas. Y menos a los que traen nombre en los carteles y ganas de mandar en el escalafón, como es el caso de Feijóo. El Bernabéu es peor: el grito de «¡al Castilla!» ha terminado con muchos debutantes y los ha devuelto al archivo de los que prometían, y corrieron demasiado para llegar: «se atracó de toro», «se atracó de balón».
No se trata de marcar goles o de cortar orejas, del triunfo aritmético, sino del artístico. Cuando nos dejan con ganas de más. Y eso sucedió con Feijóo el viernes en la SER ante Ángels Barceló, cuya última hazaña en las elecciones de Madrid recordaba ayer Javier Somalo.
El milagro de San Alberto
Tras la campaña de las balas falsas y la navajita plateá quisieron que Rocío Monasterio pidiera perdón y ella se rio. El gallito rojo dijo entonces que o se iba ella o se iba él. «¡Pues váyase!», -dijo la de Vox. -¡»No, no!» -gimió Ángels-, «¡Pablo, no, por favor!». Y Rocío: «¡mira, mira, cómo le coge la manita». «¡Señora Monasterio!»- bramaba Ángels-. Pablo se largó y ese domingo cayó. Pero Barceló no ha aprendido nada. Con la insoportable fatuidad del progre, reprochó a Feijóo el pacto con Vox en Castilla y León.
–Se habló primero con la segunda fuerza política, que fue el PSOE -le recordó Feijóo-, para contar con su abstención y la respuesta fue que no.
–No fue así tal cual. Se dijo: si rompen con la ultraderecha en los sitios en los que se apoyan en ella para gobernar.
–¡Pero qué me dice usted!
-Yo digo lo que dijo el Gobierno, el PSOE…
-Será una broma, ¿no? Entiendo que eso es una broma… Que el PSOE nos diga que hay que romper con Vox cuando está gobernando con Bildu en Navarra, con Podemos en el Gobierno de España y con los apoyos de ERC y Bildu para sacar presupuestos y leyes. Supongo que el manual de coaliciones del PSOE es el manual de lo que no se puede utilizar.
En ese instante se vio por primera vez al hombre adulto que es Feijóo frente al muchacho que siempre fue Casado. Llenaba el traje y estaba muy por encima de la entrevistadora. No le imponía la SER, al contrario, se veía dispuesto a demostrar su valía política. Y el efecto fue instantáneo: así, sí. Podía haber rematado defendiendo a Vox como partido constitucional, pero ya no hacía falta. ¡Pobre Ángels!
Pero, por favor, ahórrense más encuestas sobre el «efecto Feijóo». Si en una semana puede ganar veinte escaños, en un mes debería ganar treinta, cincuenta, o cien. Y dado que Vox no pierde, ¡todos de la izquierda! Ese sí que sería un milagro para canonizar a San Alberto, Patrono de las Nóminas.
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