“Elogio de la mascarilla”, de Antonio Burgos; ¿Es vísperas de cónclave? Nemesio Rodríguez Lois; y “Sánchez, desenmascarillado”, de Pablo Planas
( Viñeta de Morán en La Gaceta Regional el pasado día 20)
ELOGIO DE LA MASCARILLA
Artículo de Antonio Burgos publicado en ABC el pasado día 20
Para empezar, un poco de ironía, que nunca viene mal tal como están de tensos y convulsos los tiempos. Ahora que yo le tenía echado el ojo a un negocio maravilloso de comprar mascarillas en Malasia y venderlas aquí a cuatro veces lo que me costaban, pelotazo que me iba a permitir adquirir veinte coches de alta gama, y un casoplón en La Finca, y un chalé de dos piscinas en Marbella, va el Gobierno y suprime de un decretazo la obligatoriedad de su uso en interiores. Hoy es, por tanto, el Día Nacional Sin Mascarillas. Hasta ahora era todo sin colorantes, sin conservantes, sin gluten, sin cafeína, sin azúcar, sin alcohol. Ahora es también sin mascarilla.
La verdad es que uno le había cogido cariño a la mascarilla, fiel compañera, seguro contra riesgos y quebrantos de enfermedad, identificadora de los índices de civismo del personal. Sabíamos ya todos de mascarillas más que el que las inventó. Sabíamos la diferencia ente la FP2 y la FP3, y nada digo de la irrespirable FP5. Habíamos hecho un máster en mascarillas quirúrgicas, que tenían muchísimos detractores, quienes afirmaban que no servían para nada más que dar el pego y cumplir las ordenanzas; que a pesar de que la llevaras te podías contagiar de que tuviera el covid; que con ella tú no se lo pegabas a nadie, pero que a ti te entraban los virus, si querían, en tropel. Los españoles nos habíamos dividido en defensores de la FP2 y partidarios de la mascarilla quirúrgica.
¿Y los diseños? De poco valían los filtros que tuvieran, si eran vistosas, y te hacían juego con el vestido. La FP2 blanca y la negra se les quedaron cortas a muchos, que echaron a volar su imaginación con tejidos de los más fantasiosos. Hasta publicitarias las hicieron. En la farmacia, anunciaban las «pico de pato» y las de «pez», sin que nunca llegara a comprender cuál era la diferencia. Como te extrañaba ver una mascarilla quirúrgica de un color que no fuese azul celeste, casi Murillo, y te las encontraras de color rosa o verde.
Los españoles hemos sido dóciles y civilizados con el uso de las mascarillas, aunque en los últimos meses todo se ha relajado. En los espectáculos públicos, con sus grandes aglomeraciones, ya era muy raro encontrarte a nadie con mascarilla. La ley ha ido por detrás de la realidad, como siempre. El domingo en Sevilla, en la inauguración de la temporada de toros, con la plaza hasta la bandera y el «no hay billetes», se contaban con los dedos de una mano los que llevaban mascarilla. Eso se llama adelantarse al BOE.
Pero lo que más me sorprende no es el «sin» de las mascarillas, sino el «sin» del virus. Parece que por decreto el Gobierno ha decidido que ya no hay pandemia, ni riesgo de contagio, y como si hubiese prohibido que la gente se siga muriendo de covid, estando ahí les cifras, como están. Todos felices y contentos, con la economía recuperándose y el turismo levantando cabeza. Pero verás tú como venga otra ola. Que puede venir, con tantas alegrías. Y ahora sin mascarillas.
Artículo en: http://www.antonioburgos.com/abc/2022/04/re042022.html
¿ES VÍSPERAS DE CÓNCLAVE?
Artículo de Nemesio Rodríguez Lois publicado en Actuall el pasado día 19
Muchos cardenales cumplen los 80 años y otros muchos simplemente fallecen; el deterioro físico del Papa Francisco preludia cambios. Los millones de personas que en los cinco continentes hemos visto las ceremonias de Semana Santa que han tenido lugar en Roma quedamos sorprendidos del evidente deterioro físico que aqueja al Papa Francisco. Esa es la razón por la cual algunos medios insinúan que –ya fuese por fallecimiento o ya fuese por renuncia- habrá que elegir muy pronto a un nuevo Papa. Es entonces cuando muchos se hacen la pregunta: ¿Estamos en vísperas de un cónclave?
Contra lo que algunos pudieran pensar, en esta ocasión no haremos profecías ni conjeturas hablando de las intrigas palaciegas de ciertos monseñores dentro del Vaticano así como de supuestos crímenes allí cometidos en siglos pasados. Ni mucho menos haremos futurismo señalando a tal o cual cardenal como seguro sucesor del Papa Francisco. Y es que en este punto pudiéramos llevarnos una sorpresa puesto que si algún reportero atrevido e impertinente le preguntase al Papa acerca de quién podría ser su sucesor, nada extraño sería que Francisco respondiese: “Mi sucesor todavía no es cardenal”
¿Significa esto que quizás el Papa convoque pronto a un consistorio para nombrar nuevos cardenales? Según lo dispuesto por las normas de la Iglesia, para ser elegido Papa se requieren dos terceras partes de los cardenales presentes en el cónclave. El número máximo de electores es de 120 y, todos estuviesen presentes, se requerirían 80 votos para elegir al nuevo Sucesor de San Pedro.
En estos momentos, ya son menos de 120 los cardenales con derecho a voto y de aquí a fin de año serán varios los que perderán su derecho, entre ellos el Cardenal don Norberto Rivera, arzobispo emérito de México, quien cumple ochenta años el próximo 6 de junio.
Eso sin contar que, conforme pasa el tiempo, aparte de que los cardenales envejecen y mueren, el escenario puede cambiar en unos cuantos meses. Asimismo ocurren sorpresas insospechadas y pudiera darse el caso de que un cardenal que podría haber sido un buen candidato en 2017 ya no lo sea en 2022. Y es que en la carrera por la sucesión papal las cosas de mueven cada minuto que pasa, lo mismo que ocurre en las relaciones internacionales.
Aunque haya quien opine lo contrario, la realidad es que la elección de un nuevo Papa es uno de los acontecimientos que más atraen la atención mundial. Y ello es debido a que el Papa posee una fuerza moral que va mucho más allá del espacio católico.
Repetimos: Aparte de que varios cardenales llegan este año a la edad límite de ochenta años, pudiera ocurrir que falleciesen algunos de los purpurados con derecho a voto con lo cual, al producirse nuevas vacantes, lo más lógico sería que Francisco convocase en consistorio.
Y al nombrar nuevos cardenales podrían entrar en escena personajes de gran valía pero que en estos momentos no pueden participar en un cónclave como sería el caso del mexicano José Horacio Gómez, arzobispo de Los Ángeles (California)
Ahora bien, otro punto digno de tomarse en cuenta es el hecho de que, aunque el Espíritu Santo vela por Su Iglesia y asiste al Papa en todo momento para que no caiga en herejía, la realidad es que, dentro de un cónclave al Papa no lo elige el Espíritu Santo sino más bien los Eminentísimo Señores Cardenales allí presentes.
Y los Eminentísimos Señores Cardenales allí presentes, aunque estén iluminados por el Espíritu Santo, son hombres con sus pasiones que –movidos por simpatías o antipatías- pueden aceptar o rechazar la inspiración que les llega desde lo Alto.
Hace muchísimos años, allá por 2002, el entonces prefecto para la Doctrina de la Fe, Cardenal Joseph Ratzinger (hoy Papa emérito Benedicto XVI) hizo una declaración sorprendente: “Sería un error creer que el Espíritu Santo escoge al Papa porque hay muchos ejemplos de Papas que el Espíritu Santo no habría escogido”
Eso sí –completamos nosotros- ya una vez elegido el nuevo Papa (aunque sea indigno) ya el Espíritu Santo se encargará de velar para que no caiga en herejía.
En fin, que, más que decir que estamos en vísperas de un cónclave, lo más acertado sería decir que lo más probable es que estemos en vísperas de un consistorio en el cual el Papa Francisco aprovecharía para nombrar nuevos cardenales y, de ese modo, cubrir las vacantes que ya existen.
Artículo en: https://www.actuall.com/democracia/es-visperas-de-conclave/
SÁNCHEZ, DESENMASCARILLADO
Artículo de Pablo Planas publicado en Libertad Digital el pasado día 18
Pilota Sánchez, pero lo que maneja es una locomotora sin frenos y en dirección al siniestro total. La palabra del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no vale gran cosa, pero tal vez haya que creerle cuando dice que las elecciones se celebrarán a finales del próximo año. Con las encuestas favorables al nuevo líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, es obvio que Sánchez no tiene ningún estímulo para llamar a las urnas y prefiere prolongar la agonía económica y social de España, gobernar sobre las ruinas de un país que retrocede décadas en términos de bienestar y calidad de vida.
La crisis, en la que la invasión de Ucrania es un elemento sobrevenido, empieza a adquirir unos tintes que empequeñecen lo ocurrido con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Ni siquiera en los días aquellos en los que se observaba a diario la prima de riesgo eran tan catastróficas las perspectivas. Pero sería injusto decir que España afronta la tempestad sin nadie al volante. Pilota Sánchez, pero lo que maneja es una locomotora sin frenos y en dirección al siniestro total.
La Comisión Europea no va a permitir que Sánchez altere un mercado energético que sólo aquí tiene tan brutal impacto en la factura de la luz. La situación económica va a peor y no hay en ningún discurso del presidente indicio alguno que sugiera medidas para paliar los efectos de la inflación en la ciudadanía.
A la propuesta de bajar impuestos responde con el comodín de la corrupción, poniendo el foco en el plástico caso del aristócrata Medina, el tipo de escándalo que reúne todos los requisitos para alimentar la tesis de que el PSOE es un partido puro y el PP, pues no. Ha tenido que recordar Feijóo que hay cuatro altos cargos del Gobierno imputados por fraude en la compra de mascarillas. El monto investigado asciende a 310 millones de euros.
Sánchez se dispone a derogar gran parte de las disposiciones relativas a las mascarillas, que a partir del miércoles ya sólo serán obligatorias en el transporte público, las residencias de mayores, hospitales y otros centros sanitarios y en las farmacias. Habrá que ver el seguimiento de la medida. Mucha gente no se fía del virus. Otra, del Gobierno. También están los que se han acostumbrado.
Recordará el presidente cuando su Gobierno desaconsejaba severamente su uso. Y es que durante las primeras semanas de la pandemia, el Ejecutivo mostró de manera descarnada su absoluta incompetencia e irrelevancia, de resultas que era incapaz de adquirir mascarillas de calidad mediana para cubrir las necesidades de los servicios sanitarios a pesar de pagar auténticas morteradas en comisiones. La consecuencia directa fue una campaña que venía a desaconsejar su uso entre la población por causas tan peregrinas como que podían dar una falsa sensación de seguridad. Lo mejor que se puede decir al respecto es que el Gobierno trataba de ocultar que no tenía mascarillas suficientes ni manera de conseguirlas en condiciones normales. En cuanto se pudo satisfacer la demanda, el mismo Gobierno que menospreciaba los cubrebocas declaró obligatorio su uso hasta en el campo.
Es un dato poco tenido en cuenta que nada más darse cuenta en Moncloa, tarde y mal, de lo que ocurría con el coronavirus de Wuhan, se centralizaron en el ministerio de Sanidad todas las compras de material sanitario. El primer decreto de estado de alarma por la pandemia atribuía al ministerio que entonces dirigía Salvador Illa la competencia exclusiva para la importación de mascarillas, guantes y demás pertrechos de protección así como respiradores o medicamentos. Las consecuencias de tan funesta decisión fueron las estafas, el desabastecimiento y que el resto de las administraciones de la tupida y florida red institucional española se lanzaran de cabeza al mismo rastro. El propio Gobierno de Sánchez llegó a cancelar el «portal de la transparencia» con la excusa de la urgencia y situación de necesidad en un intento para que pasaran desapercibidos los grandes negocios farmacéuticos de empresas que se dedicaban en el mejor de los casos a crecepelos o viagras «naturales».
Artículo en: https://www.libertaddigital.com/opinion/pablo-planas/sanchez-desenmascarillado-6888017/
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