Por Javier Pardo de Santayana
(Escudo del CESID)
Ahora que tanto se habla de cuestiones relacionadas con la “inteligencia” no puedo por menos de recordar aquellos días en los que a la vuelta del Sáhara recalé en la División de Información, entonces dedicada sobre todo a recoger la de carácter militar que enviaban nuestros agregados en países extranjeros. No me detendré a expresar ahora mi sorpresa al constatar que esta tarea no estaba de acuerdo con lo que consideraba esencial para un ejército que sobre todo debe conocer a sus enemigos potenciales tal como había visto formalmente en Norteamérica. Así que planteé la cosa al mando, y me propuse arrastrar en este empeño a mis colegas de los demás ejércitos.
Naturalmente juzgaba necesario dar impulso a unos cambios que consideraba imprescindibles y que debían incluir la aclaración de los conceptos relacionados con la información y su difusión mediante nuevos cursos específicos, que en sus definiciones esenciales aprovecharían los trabajos que realizaría el CESID – Centro Superior de Información de la Defensa – donde otro oficial de muestro ejército había avanzado considerablemente en los aspectos conceptuales que desde allí transformarían la eficacia de la Guardia Civil ante la amenaza terrorista. Todo lo cual sucedería en un esfuerzo simultáneo de los responsables de la información en Tierra, Mar y Aire.
No me extenderé más en este asunto sino para hacer ver que todos iniciamos simultáneamente un proceso de puesta al día del panorama informativo, aprovechando por cierto la irrupción simultánea de una informática incipiente. Traigo todo esto a colación porque con ello tuve ocasión de vivir un hecho más de trascendencia histórica en el que se definieron conceptos esenciales, como los que distinguen lo que es información y lo que es inteligencia. Gracias a ello tendría por otra parten la ocasión de vivir momentos sumamente interesantes, entre los cuales no faltaron algunos increíbles por curiosos que me introdujeron en mundo lleno de sutilezas y matices. Tanto es así que estuve a punto de ser nombrado jefe del tinglado, cosa que sabiamente rehusaría pese a la insistencia del ministro.
Ahora todo aquel mundo, tan necesario como interesante está sufriendo aquí en España un desconcertante torbellino convertido como se encuentra ahora casi todo en materia de confrontación política pese a que se trata en este caso del empleo razonable de mecanismos de protección y defensa del Estado tanto en el ámbito nacional como en el internacional, es decir, exactamente lo contrario a lo que ahora viene sucediendo en nuestros lares, donde, a guisa de ejemplo, quienes debieran ser vigilados en evitación de que repitan determinados actos delictivos que pongan en peligro nuestras instituciones esenciales son introducidas por el propio gobierno para que vigilen a los organismos que se crearon precisamente para vigilarlos, que es como meter al lobo en la cama de la abuela.
Sí señores: esto está sucediendo precisamente ahora, mientras por un fallo en la vigilancia de organismos como los citados un ex miembro de la KGB está a punto de poner en peligro la paz en Europa y en el mundo. Porque no me digan que una buena información no debería habernos avisado de los posibles efectos de una circunstancia que ahora sí, pero a toro pasado, es objeto de sagaces comentarios de unos medios que vienen a informarnos de la particular personalidad del líder ruso al que califican abiertamente, paranoico, sádico y psicópata.
Por cierto, ¿No echan ustedes de menos que todos estos datos inquietantes que ahora manejan los comentaristas en la televisión o leemos profusamente en los periódicos y en las revistas hubieran salido a la luz en tiempo oportuno para hacernos ver los posibles resultados que tal circunstancia podría tener en el futuro?
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