Por Javier Pardo de Santayana
(Viruela “del mono”)
Escribo estas líneas a partir de la impresión que me han causado dos noticias que quizás vengan a explicar la razón más profunda de otras muchas que se han venido produciendo últimamente.
Creo que nadie puede negar en nuestros días que de un tiempo a esta parte estamos viviendo desgraciadamente un proceso de descomposición que ha echado por los suelos aquellas esperanzas de final del siglo que parecían auspiciar tiempos más apacibles y más constructivos que los del pasado. Tiempos que sin embargo se materializan en una sensación desconcertante de tal manera que nos es difícil encontrar una idea que nos proporcione la tranquilidad que cada vez más necesitamos para reflexionar en busca de alguna solución a nuestro mare magnum.
Ya de entrada hemos tirado por los suelos la firmeza que nos proporcionaba el gran logro político de un sistema compartido con Europa, y lejos de perfeccionarlo y de fortalecerlo, estamos admitiendo como cosa normal la participación en la confrontación política de quienes hoy pretenden regresar de nuevo al siglo XX enarbolando el destructivo pensamiento comunista, es decir incorporando personajes y pandillas de las que ya abjuró la nueva Europa: situación ésta sui generis y difícilmente digerible en un ambiente global en la que hoy nos es dominado una informática tan complicada como omnipresente que multiplicado ad infinitum los procesos y procedimientos existentes para la comunicación humana, dando así infinitas posibilidades a quienes están en la búsqueda constante de posibilidades de maniobra para sacas tajada. Así que nada escapa ya a su acción perturbadora.
Lo difícil ahora es llegar siquiera a tomar conciencia y delimitar esta realidad en que vivimos. Tan sólo pondré dos casos como ejemplo del desconcierto moral en que vivimos.
El primero se refiere a un nuevo episodio relacionado con la salud pública: el surgimiento de un nuevo peligro en forma de viruela – llamada “del mono” en este caso – cuando este tipo de males parecía ya definitivamente superado. Mala y redundante noticia en un ambiente ya más que acostumbrado a sobresaltos pero que al sumarse a la amenaza de unos virus extendidos por los cinco continentes hace reflexionar sobre el futuro de la raza humana.
Pues bien, si mi improbable lector y la redacción del ABC me lo permiten, pasaré a recogen la descripción que este diario nos ofrece respecto al ambiente en que ha surgido ahora lo del mono. Se trata de un foco muy concreto y definido: de una sauna madrileña muy concurrida por hombres jóvenes que se conoce como el “Paraíso” y que en resumen ofrece lo siguiente: abre las 24 horas de viernes a lunes y hasta la media noche los demás días de la semana. Y cuya a entrada incluye un preservativo, por supuesto. Transcribo que “dentro, los asiduos disfrutan de piscina, sauna finlandesa, jacuzzi, cuarto oscuro, cine porno y laberintos con celdas protegidas por barrotes en las que se practica el BDSM, es decir las prácticas sexuales llamadas del “bondage”: dominación, disciplina, sumisión, sadismo y masoquismo”.
El segundo es la imagen en movimiento del regreso a su hogar de unos muchachos en edad infantil que están siendo juzgados por violentar en grupo sexualmente a determinadas niñas con las que quedaron por vía informática en una zona de edificios en estado de ruina. Y el hecho reseñable de este video es que parece ser un gozoso reportaje del regreso a su casa de unos héroes.
Es decir, Un suceso increíble que demuestra el punto al que estamos ya llegando en lo que se refiere al desprecio de los valores, tanto sean éstos morales como humanos, espirituales o sociales.
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