Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 30 May 2022 - 07:22 CET
Archivado en:

“El feto, especie desprotegida”, de Antonio Burgos; “Felipe VI amonesta a su padre como Jefe del Estado”, de Marina Pina; “El factor religioso en la guerra de Ucrania”, de Rafael Serrano; y “Mimar, no Sumar, el comunismo mimosín de Yolanda Díaz”, de Federico Jiménez Losantos

 

(Viñeta de Idígoras y Pachi en El Mundo el pasado día 24)

EL FETO, ESPECIE DESPROTEGIDA

Artículo de Antonio Burgos publicado en ABC el pasado día 25

Dirán, como suele ser habitual en tales casos, que es de Vox. Pero en plan insulto, no de definición política e ideológica o de elogio de sus palabras. Me refiero a un pastor de la Iglesia andaluza del que no había oído hablar hasta ahora, ni a favor ni en contra. Es el obispo de Málaga, monseñor Jesús Catalá, quien ha tenido la valentía o el deber evangélico, o ambas, de proclamar sobre la reforma de la ley del aborto lo que muchos piensan, pero no se atreven a decir, sometidos como estamos a a la dictadura de lo político correcto y expuestos a que si traspasas la más fina línea del pensamiento único que se impone, te tachan de facha. Ya lo sabe usted, según la superioridad moral que se arrogan las izquierdas radicales, todo aquel que piense lo contrario a sus doctrinas y argumentarios es un facha.

El facha, pues, del obispo de Málaga ha dicho algo que acaba de un plumazo con todos los argumentos a favor de la reforma de la ley del aborto y de su barra libre. Así de claro: «La Iglesia, desde hace 2.000 años, está a favor de la vida. Estamos a favor de la vida humana en cualquier momento, desde la concepción, no desde el nacimiento; hasta la muerte natural. En todo ese arco somos defensores de la vida humana y nadie, ningún ser humano tiene derecho a eliminar una vida humana porque eso se llama asesinato». Y ha puesto un ejemplo de los de «¿cómo no se me habría ocurrido a mí antes, con lo sencillo y claro que es?». El ejemplo dice: «Un huevo de águila es ilegal destruirlo, con multa de hasta 100.000 euros, y un año de prisión. Un embrión humano es legal matarlo por cualquier razón, usando tus impuestos en una clínica de abortos.» Monseñor Catalá nos hace pensar que ojalá el feto humano tuviera ante la ley el mismo respaldo que las especies animales protegidas. Que aparezca muerta una cría de lince en una carretera, atropellada por un coche, es una tragedia, pero no lo es que una joven acuda a una clínica abortista pública para «quitarse» (¡qué horror de concepto!) el feto del hijo que está esperando. Me dan igual los plazos, porque una vida es una vida, desde el momento mismo de su concepción, digna de toda protección. O al menos, como nos ha recordado el obispo malagueño con su terrible comparación del huevo de águila, la misma que las especies animales en trance de extinción.

Según el ejemplo demoledor que ha expuesto el obispo de Málaga, el hombre es la única especie no protegida en este mundo progresista bienpensante que está destruyendo tantas raíces tradicionales de la familia. Donde las niñas, además, pueden abortar sin permiso paterno. También lo ha explicado en términos definitivo monseñor Catalá: «Una menor de dieciséis años de edad llega a su casa e informa a su madre de que ha abortado y que no se lo ha dicho por temor a que se enfadara. A continuación, la chica ha pedido a su progenitora que le autorizara por escrito para ir a una excursión con el colegio». ¿Me permiten que le mande un aplauso de apoyo al obispo de Málaga? ¿O es facha también mostrarse de acuerdo con la ley natural de protección de la vida desde su comienzo hasta su final?

Artículo en: http://www.antonioburgos.com/abc/2022/05/re052522.html

FELIPE VI AMONESTA A SU PADRE COMO JEFE DEL ESTADO

Artículo de Marina Pina publicado en El Mundo el pasado día 24

Mantuvieron un «tiempo amplio de conversación». Hubo tensión pues el Rey expuso a Don Juan Carlos los «acontecimientos y las consecuencias» de sus actos en la sociedad.

El Rey Don Juan Carlos ya está en Abu Dabi después de un encuentro tenso y largo con su hijo Felipe VI. El padre del Rey permaneció 11 horas en la que fue su casa durante más de 50 años. Tal y como informó Zarzuela en un comunicado enviado 20 minutos después de que Don Juan Carlos abandonara la residencia, pasadas las nueve de la noche, hubo «un tiempo amplio de conversación» al que siguió un almuerzo en familia.

Don Felipe y Don Juan Carlos se reunieron a puerta cerrada durante varias horas, en una charla privada en la que el hijo habló al padre primero en términos familiares y después como Jefe del Estado. Porque Felipe VI apeló a la lealtad a la Corona para trasladar al ex Monarca que sólo así podrán proteger la institución y el legado de los 39 años de Don Juan Carlos. Un legado que el padre puso en aprietos por sus actuaciones personales, primero tras aquella caída en Botsuana, que desveló la presencia de Corinna en su vida, y después tras las investigaciones que hicieron públicos los regalos recibidos durante años por Juan Carlos I. Por eso la reunión versó primero sobre «cuestiones personales» y después acerca de «distintos acontecimientos y sus consecuencias en la sociedad española desde que el padre del Rey decidió trasladarse a Abu Dabi el 3 de agosto del año 2020».

Felipe VI explicó a su padre el perjuicio causado a la Corona por todos los actos de Don Juan Carlos y lo que se ha sabido en estos dos años. Aunque la Fiscalía archivó las diligencias contra el Emérito, su informe fue demoledor con los actos de Don Juan Carlos. Además, en este tiempo el deseo del padre de Felipe VI de regresar a España, filtrado por varios amigos suyos, ha polarizado a los monárquicos, que, en lugar de centrarse en la Institución, apoyaban al padre o al hijo.

El último acontecimiento que ha molestado a la Corona ha sido cómo se ha desarrollado esta primera visita de Don Juan Carlos a España. La Casa contaba con que el padre de Felipe VI se ciñera al comunicado que envió el pasado 5 de marzo, en el que expresó «su decisión de organizar su vida personal y su lugar de residencia en ámbitos de carácter privado», algo que contrasta con la forma en la que se organizó su viaje a Sanxenxo, con posados ante la prensa y una expectación con la que Zarzuela no contaba.

Este último hecho también fue expuesto por Don Felipe, que tenía la firme voluntad de ejercer como Jefe del Estado para que su padre entendiera su empeño en salvar a la Corona y proteger y dignificar el legado heredado. La reunión se tornó tensa en ese momento, en el que el padre del Rey repitió los motivos que le llevaron a volver a España por Sanxenxo. Razones relacionadas con la conversación privada que mantuvieron Felipe VI y Juan Carlos I hace una semana, cuando el hijo viajó hasta Abu Dabi para dar el pésame por la muerte del emir y conversó con su padre por teléfono cuando ya se marchaba de la ciudad en la que vive Don Juan Carlos.

Una vez finalizada la reunión entre padre e hijo, tuvo lugar el momento más emotivo del día. Don Juan Carlos pudo reunirse por fin con la Reina Doña Sofía, aunque manteniendo la distancia de seguridad, pues su esposa dio positivo por covid tras el viaje a Miami y se mantuvo en todo momento con mascarilla. Pese a todo, la madre del Rey asistió a un almuerzo con la familia más íntima. Estuvieron, además de los Reyes, Don Juan Carlos y Doña Sofía, la Infanta Sofía, la Infanta Elena con sus hijos y la Infanta Margarita con Carlos Zurita. No hubo ningún miembro de la familia Urdangarin, pues el único que vive en Madrid, Juan, se encuentra en la India haciendo un voluntariado. Su madre, la Infanta Cristina, también está fuera de España. Según ha confirmado este medio, María Zurita habría querido ver al Rey Juan Carlos, pero se encontraba inmersa en las grabaciones de Masterchef. Tampoco estuvo presente ninguno de los cinco hijos de la Infanta Pilar.

Don Juan Carlos, que llegó a Abu Dabi de madrugada tras ocho horas de vuelo, tiene previsto regresar a España para el Mundial de Vela que se celebrará en Sanxenxo (10-18 de junio). De cara a ese nuevo viaje, Zarzuela volvió a recordar en el comunicado lo que dijo el padre del Rey el pasado 5 de marzo: «Don Juan Carlos manifestó, en primer lugar, su voluntad de establecer su lugar de residencia de forma permanente y estable en Abu Dabi por razones personales; y, en segundo lugar, su decisión de organizar su vida personal y su lugar de residencia en ámbitos de carácter privado, tanto en sus visitas como si en el futuro volviera a residir en España, para continuar disfrutando de la mayor privacidad posible».

Artículo en: https://www.elmundo.es/espana/2022/05/23/628bf68c21efa099268b45ce.html

EL FACTOR RELIGIOSO EN LA GUERRA DE UCRANIA

Artículo de Rafael Serrano publicado en Aceprensa el pasado día 24

El Patriarca de Moscú Kirill bendice la invasión de Ucrania y la presenta como una especie de cruzada moral. El presidente ruso Vladímir Putin asiste a ceremonias religiosas, como en la reciente Pascua, favorece a la Iglesia ortodoxa y se ve a menudo con Kirill. Entre los dos líderes hay una clara sintonía, pero, más que en lo propiamente religioso, coinciden en el nacionalismo ruso.

Putin ha peregrinado al monte Athos, se ha bañado en un lago helado en la fiesta de la Epifanía, entre otras manifestaciones públicas de devoción. Muchos se preguntan si su religiosidad es una convicción personal o una táctica. Se sabe que su madre lo hizo bautizar en secreto, y que él conserva la cruz bautismal que le dio. Dijo en una ocasión que “hoy no es posible tener una moral separada de los valores religiosos”; pero nunca ha querido hablar de su fe. Según Michel Eltchaninoff, autor de En la cabeza de Vladímir Putin, fuentes eclesiásticas dicen que el presidente no es especialmente religioso.

De todas formas, lo principal es el papel de la religión no en su vida personal, sino en su proyecto político. Y en este campo, la religión ha ido cobrando importancia. Putin no deja de subrayar los “valores espirituales y morales de Rusia”, dice Kathy Rousselet, de la grande école francesa “Sciences Po”, en un artículo para la revista Études. Pero, señala, el presidente habla de espiritualidad “en sentido más moral y cultural que religioso”: como la base de una comunidad política fuertemente cohesionada, en contraste con la disolución social y moral de Occidente, que es uno de sus temas recurrentes. La Iglesia ortodoxa es favorecida, pero –advierte Rousselet– también instrumentalizada para la renovación de la sociedad que pretende Putin.

El “mundo ruso”

Esta idea de la decadencia occidental le ha ganado simpatías en el mismo Occidente, entre quienes también lamentan el alejamiento de los valores humanistas, morales y cristianos en las sociedades opulentas. Es más explicable aún que encuentre eco en Rusia, tras la experiencia de los tiempos de Borís Yeltsin, años de capitalismo salvaje, enriquecimiento descarado de unas élites que se repartieron el patrimonio estatal privatizado, fuerte aumento de la desigualdad, materialismo rampante. Aquello dejó en muchos un vivo rechazo al orden liberal, no solo entre nostálgicos del comunismo, sino también entre quienes esperaban el florecimiento de la libertad, como muestra Svetlana Alexiévich con las conversaciones reunidas en El fin del homo sovieticus. Putin, dice Rousselet, opone esos valores rusos a “los valores occidentales que cundieron en Rusia en los años noventa y que destruyeron la unidad espiritual de la sociedad”.

Putin “puso orden” y también dio esperanza a los que añoraban la antigua grandeza rusa, desaparecida con la desmembración de la Unión Soviética. En 2007, señala Youness Bousenna en un análisis de la cosmovisión putiniana publicado en Le Monde, Putin creó un lema que sería capital: “mundo ruso” (russki mir). A los pocos años, tras su elección como Patriarca en 2009, Kirill comenzó a utilizar la misma expresión.

Originalmente, uno y otro no entendían el “mundo ruso” del mismo modo. Kirill se refería a un ámbito religioso supranacional reunido en torno a la Iglesia ortodoxa rusa. Por su parte, Putin, aunque señala la ortodoxia como uno de los “fundamentos espirituales” del “mundo ruso”, concibe este en términos principalmente históricos, culturales y políticos. De hecho, en su “mundo ruso” incluye el islam –el credo del 7% de la población de Rusia–, para asumir positivamente una parte de la historia rusa –la dominación tártara y mongola entre los siglos XIII y XV–, y para subrayar su concepción euroasiática, otro punto de distinción y oposición a Occidente.

Kirill se pasa a Putin

Putin invocó el “mundo ruso” para justificar la anexión de Crimea y el apoyo a los separatistas prorrusos del Donbás en 2014. Pero ese no era aún el “mundo ruso” de Kirill, que rehusó la invitación a asistir a la ceremonia de incorporación de Crimea. No quería provocar fricciones con la Iglesia ortodoxa ucraniana.

El nacionalismo de Putin se apoya en la idea de que Rusia es una civilización propia y en la oposición a Occidente

Todo cambió a finales de 2018, cuando el Patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé, concedió la autocefalia (independencia con respecto a otro patriarcado) a la Iglesia de Ucrania. Ello supuso formalizar la división de los ortodoxos ucranianos, entre los partidarios del Patriarcado de Moscú y los que querían independizarse de él. Kirill rompió con Constantinopla y se adhirió al proyecto de Putin. Desde entonces, la cercanía entre ambos es más clara. Al fin y al cabo, los dos “mundos rusos”, el del Patriarca y el del presidente, se extienden al mismo territorio y tienen las mismas bases históricas, culturales y espirituales.

Nacionalismo

Ahora bien, sigue siendo cierto que en el “mundo ruso” de Putin, la religión entra en cuanto componente de la identidad rusa, y el núcleo esencial es el nacionalismo. Es una visión en el fondo muy tradicional, que tiene dos pilares. Uno es la convicción de que la nación rusa constituye una civilización propia y debe tener la hegemonía en su extenso ámbito (el del antiguo imperio ruso, continuado por la URSS). El segundo es la contraposición a Occidente, que procede de los antiguos eslavófilos, para quienes la asimilación sería la disolución de lo ruso.

A ese nacionalismo se supedita todo. Para Eltchaninoff, Putin, “en el fondo, practica un imperialismo a la carta; según las circunstancias, invoca la nostalgia de la URSS, principios religiosos, la rusidad, la lengua rusa, el proyecto euroasiático…”

Aunque Putin entiende por imperialismo la expansión de la OTAN, no su proyecto nacional. El “mundo ruso” es un espacio étnico, cultural, lingüístico, religioso, histórico, espiritual… Todo lo ruso ha de estar, si no dentro de las fronteras de la Federación Rusa, al menos en la esfera de influencia de Moscú y bajo su tutela. Los gestos hostiles de la Ucrania independiente hacia Rusia y la minoría rusa, como la supresión del idioma ruso en la enseñanza, han ido fomentado la reacción del Kremlin.

Pero la invasión no es, a ojos de Putin, contra un enemigo exterior sino contra unos “traidores” o “infiltrados” (nazis los llama), como mostró en las razones alegadas para ordenar la que denomina “operación especial”. Para Putin –como para Kirill y aun para la generalidad de los rusos–, Ucrania nunca ha sido realmente otro país, sino parte de Rusia. En palabras del historiador Antoine Arjakovsky en La Croix: “Los habitantes de la Rus del Norte (la que después sería Rusia) nunca han visto en Ucrania (la Rus del Sur) una identidad nacional específica distinta de la suya”.

Divisiones entre ortodoxos

Pero de hecho se ha producido un distanciamiento de Rusia entre la población ucraniana no rusa, lo que se nota también en el aspecto religioso. Rusia y Ucrania comparten en gran parte la misma fe, el cristianismo ortodoxo, que es la confesión de casi tres cuartas partes de los habitantes en ambos países (en Ucrania hay además un 14% de grecocatólicos). Lo que no hay es unidad eclesiástica. Según una encuesta de 2019, los ortodoxos de Ucrania se dividen en un 44% de fieles de la Iglesia autocéfala, un 15% de fieles de la Iglesia dependiente del Patriarcado de Moscú, y un 38% que no se definen. La guerra ha ahondado la división.

Dos declaraciones de ortodoxos han condenado como herética la doctrina del “mundo ruso”

Algunas parroquias ucranianas se han pasado del Patriarcado de Moscú al de Kiev, incitadas por la invasión rusa y por el silencio de los obispos, que no se han pronunciado contra ella, según el New York Times. Se han publicado manifiestos contra la postura y las tesis de Kirill. Uno, internacional, que han firmado ya más de 1.300 profesores y teólogos ortodoxos, rechaza la doctrina del “mundo ruso”: la califica de herética por pretender suplantar el reino de Dios con un reino temporal. Otra declaración, promovida en Ucrania por el arcipreste Andriy Pinchuk, también la considera una herejía y condena a Kirill por “bendecir la guerra contra Ucrania y respaldar sin reservas las acciones agresivas de las fuerzas rusas”. Se han adherido unos 400 sacerdotes ucranianos. También hay una petición de unos 300 sacerdotes ortodoxos, la mayoría en Rusia.

Han aparecido igualmente divisiones entre las Iglesias ortodoxas de los otros países, que se han pronunciado sobre la guerra según cómo son sus relaciones con el Patriarcado de Moscú. Bartolomé ha condenado la invasión rusa con términos enérgicos, y en esto le han seguido otros patriarcados como los de Grecia, Rumanía o Alejandría. En cambio, las Iglesias próximas a Moscú, aunque deploren la guerra, se han abstenido de hacer reproches a Rusia: tal es el caso de los patriarcados de Serbia, Albania, Jerusalén o Antioquía.

Freno al ecumenismo

El ecumenismo es otra víctima de la guerra. Las relaciones de la Santa Sede con el Patriarcado de Moscú, siempre complicadas, habían mejorado lentamente y registraron un avance importante en 2016, con la primera entrevista entre un Patriarca y un Papa, cuando Kirill y Francisco se reunieron en La Habana. Se preparaba el segundo encuentro entre ambos para el próximo junio en Jerusalén. Pero la Santa Sede ha decidido suspenderlo, según anunció el Papa en una entrevista para el diario argentino La Nación del 22 de abril. “Una reunión de los dos en estos momentos –dijo Francisco– podía prestarse a muchas confusiones”.

Ya desde que comenzó la invasión no se vio mucho entendimiento entre ambos en torno a la guerra. Las declaraciones públicas de uno y otro contrastan claramente, y tras su conversación por videoconferencia del 16 de marzo, el Patriarcado y la Santa Sede publicaron comunicados notablemente distintos. El de Moscú era genérico, mientras que el de Roma reiteraba expresiones más claras empleadas por Francisco: que la Iglesia no debe adoptar un lenguaje político, o que las guerras son injustas.

Por otro lado, el Patriarcado de Moscú, desde 2018 no participa en el órgano de diálogo teológico católico-ortodoxo. Se retiró no por fricciones con la Iglesia católica, sino por una cuestión intraortodoxa: se opone al puesto preferente que ocupa la representación de Constantinopla en las reuniones.

Se diría que, así como Putin quería parar la expansión de la OTAN y casi está provocando lo contrario, Kirill buscaba la reunificación de la Iglesia de Ucrania con su Patriarcado y empieza a encontrar más secesión.

Artículo en: https://www.aceprensa.com/religion/ortodoxos/el-factor-religioso-en-la-guerra-de-ucrania/

MIMAR, NO SUMAR, EL COMUNISMO MIMOSÍN DE YOLANDA DÍAZ Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 22

Nunca un partido propio fue tan ajeno, nunca una lideresa fue tan liderada, nunca un presidente tan peligrosamente bipolar se presentó a las elecciones con dos partidos, partidos a su vez, nunca el comunismo le echó más azúcar al Gulag. Yolanda Díaz dice que le enseñaron que comunismo significa libertad, pero cien millones de muertos lo desmienten. Y para desmentir más la verdad ha creado una partida -llamarle partido sería heteropatriarcal- que, en realidad, no ha inventado ella sino un chulángano faltón para ver si ensancha por algún lado el voto que ve menguar por todas partes.

El «espacio de Yolanda Díaz», en definición de su creador, tiene un problema: ni existe con Podemos ni existirá sin él. Y la Extrema Izquierda Extrema, incapaz de asimilar tanto azúcar, aparece en Andalucía diabética, acelerada y a trocitos. A Mimar, que no Sumar, sólo le faltaba el aval de Ada Colau para prever un balance electoral como la economía del Barça: un anuncio de lo que haría si pudiera, la impotencia sin sentido del ridículo.

Lo primero que ha hecho la alcaldesa de la ciudad que fue y la ruina que es, ha sido cargar contra Podemos, dejando claro que Sumar empieza por restar su parte mayor: «Hay que imponerse a Podemos por saturación». Cuánta empatía, cuánta sororidad. En Andalucía han fingido echarlos de las listas por error. Pero Ada, como es sin hache, basta hasta decir basta, les ha tirado a la cabeza lo que tenía más a mano: su resentimiento. ¡Como si la Izquierda actual fuera otra cosa! Como si su decrecimiento económico, esa doctrina anticapitalista para niñatos ociosos que pastan en el Presupuesto, no fuera el resentimiento contra el éxito, la reivindicación del fracaso como mérito de los que no tienen otro, los que prohíben las notas para que no se note tanto el fracaso escolar, los que a orillas del plato de jamón predican que comamos hierba para que no notemos la subida del precio de la carne. En fin, esa tribu infinita, mixtura de canallas y cretinos que puebla la casta política occidental y que tiene en España su señor natural en el sociópata de la Moncloa, y su señora en la elegida del señor, ayer Iglesias, hoy Sánchez. A estas tías tan empoderadas resulta que siempre las ha empoderado un tío.

Aunque no tenga el genio del ovillejo diario que exhibe Gulliver en La república de los tontos, vaya este en agradecimiento para Doña Orejas:

Ovillejo de Yolanda en broma

Yolanda empieza por yo
Y en yo Yolanda culmina,
Sube y baja su yo-yó,
pero en Yo, Sánchez termina.
¿Por qué le llamará Su
a lo que es tan solo Mi?
¿Por qué le añadirá Mar
un charco tan pequeñín?
Mimar mima al violador
Que se casó con la Oltra,
mientras la Ahmed, esa es otra,
va en burkini a Benidorm.
Y Ada Colau, tan sorora,
tan grandona y mimosona,
va y pone verde a Podemos
Tras arruinar Barcelona.

Dice sumar y ya resta
Dice mimar y elimina
Para Ayuso es otra mina
esta Me-Ma tan supuesta.

Ella cree vestir bien
cuando se viste de más,
y, claro, con Lastra al bies,

Fashionaria es una star.
Pero es la vice de un chulo
que sólo está sobre Irene,
porque quiso un machirulo
que huía del tercer nene.

Artículo en: https://www.libertaddigital.com/opinion/federico-jimenez-losantos/mimar-no-sumar-el-comunismo-mimosin-de-yolanda-diaz-6899346/

 

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by