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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 06 Jun 2022 - 07:23 CET
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“Dudas en el Tribunal Constitucional con el plan del Gobierno para renovarlo”, de Manuel Marraco y Angela Martialay; “La OCDE demuestra que El empleo en España paga demasiados impuestos”, de José María Rotellar; y “De vuelta al ´OTAN no, bases fuera´”, de Cristina Losada

(Viñeta de GALLEGO & REY en El Mundo el pasado día 31)

DUDAS EN EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL CON EL PLAN DEL GOBIERNO PARA RENOVARLO

Artículo de Manuel Marraco y Angela Martialay publicado en El Mundo el pasado día 2

Un Ejecutivo que respetara la Carta Magna esperaría a que se renueve el Consejo General del Poder Judicial», asegura un un magistrado. El mensaje del ministro Félix Bolaños de que el Gobierno podrá nombrar a los dos magistrados del Tribunal Constitucional que le corresponden sin aguardar a que el CGPJ se renueve y designe a los dos suyos ha generado grandes dudas dentro del TC. Consultas con magistrados y ex magistrados del Constitucional reflejan que no hay un respaldo claro a la constitucionalidad de esa postura, lo que augura que, de llevarse a término, provocaría un conflicto institucional entre el TC y el Ejecutivo. Además, el tribunal de garantías quedaría en una situación interna muy delicada, debido a que el Pleno del órgano tiene que dar el plácet a los nuevos candidatos.

La Constitución establece que los miembros del Constitucional «se renovarán por terceras partes cada tres [años]». Una de esas terceras partes, la que debería renovarse a partir del 12 de junio, la componen dos magistrados a propuesta del Gobierno y dos a petición del CGPJ. Pero el Consejo tiene bloqueados sus nombramientos, lo que impide hacer una renovación completa. El tercio sería una sexta parte.

¿Puede el Gobierno hacer eso? «El Gobierno puede», sostuvo este lunes Bolaños en una entrevista en Onda Cero. ¿Están de acuerdo dentro del TC? «Estoy de acuerdo… en lo que dice la Constitución, que obviamente no es eso. La cosa no puede ser más clara. Los nombramientos van en un lote, no se dice ‘de vez en cuando nombramos a alguno’. No, eso está pautado», afirma uno de los magistrados consultados. «La Constitución establece claramente que la renovación es por tercios. Nombrar una parte es de trileros», sostiene otro magistrado. «Hay un principio de lealtad institucional que el Gobierno no cumpliría si efectivamente hace lo que anuncia. Un Gobierno que respetase la Constitución aguardaría a la renovación del Consejo», añade.

Pero dentro del tribunal hay también quien respalda la constitucionalidad de la tesis del Gobierno. «Son nombramientos que van por su cuenta», sostiene un magistrado del Constitucional en conversación con EL MUNDO. Recuerda cuando se constituyó por primera vez el tribunal de garantías, el Gobierno de UCD nombró a sus dos magistrados, mientras que el CGPJ tardó cuatro meses en hacerlo. De hecho, ese primer TC echó a andar con los cuatro magistrados del Congreso, los cuatro del Senado y los dos del Ejecutivo. Otros magistrados del TC resaltan que esa renovación conjunta era imposible y que nunca después se ha dividido el bloque Gobierno-Consejo.

Alguno de los magistrados consultados queda en un terreno intermedio. «Problema grande no le veo. Es factible, aunque interpretable, porque es verdad que la Constitución parece que quiere que sean nombramientos simultáneos», afirma uno de ellos. Las fuentes consultadas creen si el Ejecutivo lleva a cabo la idea esbozada por Bolaños existirían problemas para poder cuestionarla ante los tribunales, ya que se trata de una decisión regulada por la Constitución que puede escapar de la competencia del Supremo. Además de la posibilidad de nombrar ya a sus dos magistrados, el Gobierno podría optar por derogar o modificar la reciente reforma con la que impidió al Consejo hacer nombramientos discrecionales. Otra opción -a priori lejana- es que el propio Constitucional estimara los recursos de PP y Vox y declarara inconstitucional esa reforma que limitaba la actuación del CGPJ. A su afirmación de ayer de que el Ejecutivo puede renovar a sus dos magistrados, Bolaños sumó una crítica al PP. «Es gravísimo que el principal partido de la oposición no cumpla la ley de manera abierta», dijo añadiendo que si los populares cumplen la Carta Magna renovarán «los cuatros magistrados del TC en cuanto haya plazo».

Artículo en: https://www.elmundo.es/espana/2022/06/02/6297cb77e4d4d8af438b45b8.html

LA OCDE DEMUESTRA QUE EL EMPLEO EN ESPAÑA PAGA DEMASIADOS IMPUESTOS

Artículo de José María Rotellar publicado en El Debate el pasado día 31

El esfuerzo en pago de impuestos al trabajo sobre el salario es casi 5 puntos mayor en España que en la media de la OCDE. La OCDE, en su informe Taxing Wages – Spain, publica el nivel de impuestos al trabajo (la cuña fiscal) que se pagan en España, en comparación con la OCDE y otros países de dicha organización.

El indicador que emplea es el peso de los impuestos al trabajo pagados (IRPF y cotizaciones a la Seguridad Social, tanto por parte del trabajador como por la empresa por cuenta del trabajador, descontando los beneficios sociales) sobre el total de coste laboral del trabajador para la empresa (sueldo bruto más Seguridad Social).

Ese cociente ha subido en España en 3 décimas en 2021, hasta el 39,3%, cuando en 2020 era del 39 % en lo referente a trabajadores solteros.

En la media de la OCDE, dicho cociente es de un 34,6 % en 2021, seis centésimas menos que en 2020.

De esa manera, ese esfuerzo en pago de impuestos al trabajo sobre el salario es casi 5 puntos (4,7 puntos) mayor en España que en la media de la OCDE.

Y ese mayor esfuerzo, además, se acrecienta en España, ya que mientras que en la OCDE baja, aunque sea mínimamente, y se queda en el 34,6 %, en España sube del 39 % al 39,3 %.

Es más, entre 2000 y 2021, la cuña fiscal en España aumentó 7 décimas para los trabajadores solteros, mientras descendía en 1,6 puntos en la OCDE.

Así, España es uno de los 24 países (con Finlandia y Estados Unidos a la cabeza) en los que sube; en otros 12 (como Australia o Grecia), desciende, y se mantiene en 2.

Adicionalmente, el porcentaje del IRPF más la Seguridad Social que paga la empresa por cuenta del trabajador es de un 88 % en España, frente al 77 % de la media de la OCDE. Eso se debe a que las cotizaciones que pagan las empresas suponen un 23 % del coste laboral total frente al 13,5 % de la media de la OCDE.

En cuanto a una pareja en la que sólo trabaje uno de los dos, con dos hijos, España ocupa el octavo lugar en la cuña fiscal, es decir, el octavo porcentaje más elevado de pago en impuestos del trabajo sobre los ingresos laborales. Así, en España se paga un 33,8 % frente al 24,6 % de la media de la OCDE, es decir, 9,2 puntos más que en la OCDE.

Por tanto, esto desmonta el mantra del Gobierno de que en España se pagan pocos impuestos, pues es uno de los países donde más porcentaje del salario se va en pago de impuestos y cotizaciones.

Por eso, hay que insistir en la validez del esfuerzo fiscal para medir la carga tributaria que tienen que soportar los ciudadanos, frente al engañoso índice de la presión fiscal, que no recoge bien ese esfuerzo.

El diferencial respecto a la OCDE del peso de las cotizaciones a la Seguridad por cuenta del trabajador que soportan las empresas, supone un auténtico desincentivo a la contratación, al encarecerla, y es uno de los motivos de las dificultades para que en España se pueda crear más empleo. Adicionalmente, incentiva algo nocivo como es la economía sumergida.

Por eso, el Gobierno debe abandonar su equivocada idea de subir impuestos y bajarlos en cuanto sea posible, especialmente los impuestos directos, puesto que unos impuestos directos altos son los que más distorsionan a la economía. Sin embargo, el presidente Sánchez parece que se enroca en la demagogia y se niega a bajar impuestos, sin abandonar su proyecto de incrementarlos. Con ello, perjudicará a la economía española, a su actividad y a la generación de puestos de trabajo.

O se acometen profundas reformas de inmediato -energética, pensiones, sector público, por ejemplo-, se reduce el gasto -se acaba con la ineficiencia del mismo- y se bajan impuestos -al menos, para compensar el alza de la inflación, incluso más, para dinamizar la economía- o podemos dirigirnos a una situación muy preocupante para la economía española, que nos deje en una situación todavía peor en el medio plazo que la de 1996 y 2011.

Artículo en: https://www.eldebate.com/economia/20220531/cuna-fiscal-espana-perjudica-empleo.html

DE VUELTA AL «OTAN NO, BASES FUERA»

Artículo de Cristina Losada publicado en Libertad Digital el pasado día 30

El Ministerio podemita hizo novillos y no se presentó en el solemne acto del 40 aniversario de la adhesión de España a la OTAN. Lo previsible del comportamiento no quita gravedad a esta ausencia de una parte del Gobierno y a su significado. Tener a medio Gobierno de un miembro de la Alianza en contra de la misma ni es frecuente ni tranquiliza. Más aún cuando esos elementos gubernamentales se oponen a la ayuda militar a Ucrania y de forma disimulada pero evidente actúan en favor de la agenda política y militar del autócrata Putin. ¡Menuda carta de presentación para un Gobierno de España!

La radicalización anti OTAN de Podemos tiene la virtud de mostrar características no siempre destacadas de ese partido. El aspecto grave y preocupante del asunto entronca con su voluntad de desestabilizar la nación y la democracia españolas, incluidas su seguridad y defensa. Basta imaginar cuáles serían los aliados internacionales que los podemitas elegirían en esos ámbitos. Ninguno es una democracia. Pero luego está la faceta pueril y adanista, que deriva de su problema nostálgico, de su atracción por volver a un año cero –los «años de lucha», los llaman–, cuando todo podía haber sido de otra forma y, en lugar de una democracia homologable, se hubiera podido hacer una Revolución. Los podemitas, como aquellos falangistas, padecen la nostalgia de la revolución pendiente. Y una parte de su radicalización anti OTAN viene de ahí. Del deseo de una vuelta atrás para hacer ahora lo que no se hizo entonces. De representar el regreso a la época mitificada. De retornar al «OTAN, no, bases fuera», cuando todo pudo ser distinto a como fue.

No es tan absurdo como parece este regreso onírico, porque la oposición a la entrada de España en la OTAN fue la última gran batalla que dio la izquierda en nuestro país. No habría otra ofensiva igual, con el mismo grado de movilización, con la posibilidad cierta de ganar la partida y con la influencia que la decisión final iba a tener sobre el lugar que ocuparía nuestro país en el mundo. Fue la última batalla en varios sentidos. Fue la última a la que se presentaron todas las fuerzas de la izquierda sin excepción y cuando aún no había desaparecido, relegado a la irrelevancia, el Partido Comunista. Fue la última que se libró en el paradigma de la Guerra Fría, con la Unión Soviética en aparente plena forma. Y fue la última en sentido literal. Nunca volvería a levantar cabeza algo parecido; ni siquiera llegó a tanto lo del noalaguerra. En cierto modo, fue la lucha final y, como se sabe, después de muchas vueltas, y de la decisiva vuelta o voltereta del Partido Socialista, se saldó con una estruendosa derrota.

Por suerte para España, la izquierda perdió aquella última gran batalla. Los socialistas no pudieron seguir en la demagogia anti OTAN una vez en el Gobierno y tuvieron que plegar velas y hacer mil maniobras de despiste. Hoy es difícil de entender cómo salvaron la cara. En las bases de izquierdas, el resultado del referéndum provocó infartos y levantó acusaciones de pucherazo. Todavía circulan. Pero con todo lo que se armó entonces, el nivel argumental no llegaría tan bajo como el de Podemos, que ve lo de la OTAN como una elección entre «multiplicar tanques y metralletas o tener más profesores y médicos». Será por eso que no quieren mandar armas a los ucranianos. Para que tengan más profesores y médicos. Bajo los misiles del ejército de Putin. Si no fuera criminal, sería estúpido.

Artículo en: https://www.libertaddigital.com/opinion/cristina-losada/de-vuelta-al-otan-no-bases-fuera-6902514/

 

 

 

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