Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Amor, sentimentalismo, afectividad. VI 

Tres foramontanos en Valladolid 28 Jun 2022 - 07:27 CET
Archivado en:

Por Carlos de Bustamante

(Acuarela de David Taylor)

Continúo   con la magistral exposición  del profesor José María Yanguas (Profesor de Teología Moral. Pontificio Ateneo de la Santa Cruz), a la luz, naturalmente cristiana de las enseñanzas de san Josemaría Escrivá de Balaguer de quien fue alumno aventajado.

Y es que mis amigos y probables únicos lectores, hoy son mayoría -en absoluto totalidad a Dios gracias – cuya opinión sobre el amor lo entienden como amoríos o por `hacer el amor´; son aquéllos de los que alguien importante dijo: ‘El fin de ellos será la perdición, su dios es su vientre, su gloria se halla en su vergüenza, y piensan solamente en lo terrenal´. Los sentimientos como algo que, si no es lacrimógeno o multitudinario, no tiene apenas valor para la `ciudadanía´, ni éxito para los organizadores de los eventos objeto del más propiamente llamado sentimentalismo.  La afectividad como la esencia de la sensibilidad; de tal forma que unen lo sentimental (sentimentalismo) con los afectos recios y nobles.  Resultado para los que así piensan: afectividad dulzona, empalagosa, sensiblera. Por lo general poco duradera.  Por no herir   sensibilidades, omito citar ejemplos, que, por otra parte, no puedo asegurar que no haya en ellos -creo que mis amigos saben en los que pienso- algún tipo de amor o de Amor.  Tampoco soy quién para poner en duda la verdadera fe de un pueblo que se manifiesta de modo diferente según el modo de ser de cada persona. Más cuando en el proceder en el amor   o Amor,  constituyen ejemplos de  belleza  singular.

-La caridad cristiana: ni insensibilidad indiferente, ni sentimentalismo.

En la doctrina de san Josemaría, la caridad, el amor de Dios es, pues, algo bien lejano de la insensibilidad, de la ausencia o de la dureza de corazón. Como lo es igualmente la piedad auténtica, «que nace de la filiación divina», virtud que regula las relaciones humanas al interno de la gran familia de los hijos de Dios y que constituye como la entraña y la forma del amor:

«… actitud profunda del alma que acaba por informar la existencia entera: está presente en todos los pensamientos, en todos los deseos, en todos los afectos».

Cuando la miniserie toca   a su fin, el profesor Yanguas, va también concluyendo conceptos que bien quisiera haya servido a mis amigos y probables únicos lectores, para mejor entendimiento de concepciones ` manoseadas´   hoy en día, pero malamente, por lo general, entendidas.

-La purificación del corazón

Purificación, porque la justa valoración del papel de la afectividad en la vida moral no significa ignorar que el pecado ha introducido la cizaña del desorden también en este campo. Por eso, con el realismo de la fe y con el que nace de la experiencia personal y de la labor de almas, san Josemaría afirmaba:

«El verdadero amor de Dios — la limpieza de vida, por tanto — se halla igualmente lejos de la sensualidad que de la insensibilidad, de cualquier sentimentalismo como de la ausencia o dureza de corazón».

Es ahora el «peso de las pasiones» en su sentido negativo lo que se subraya; la necesidad de «depurar» los afectos, de quemar su escoria»; de que al «derrochar ternura» no se introduzcan sentimientos menos legítimos que signifiquen «apegos» del corazón que no se quieren cortar o afectos que «atan a la tierra» de combatir porque el afecto se hace «tentación» o no se corresponde con la cualidad de la acción a la que acompaña. Por eso, en perfecta coherencia con su propia enseñanza, la oración de san Josemaría discurre así en este ámbito concreto de la vida cristiana:

«No te digo que me quites los afectos, Señor, porque con ellos puedo servirte, sino que los acrisoles».

El modo de hacerlo no es otro, no puede ser otro que hacer pasar por el crisol del corazón de Cristo los afectos del propio corazón.

Hasta aquí, mis amigos y probables únicos lectores cuanto quise reeditar conceptos que difícilmente   hubieran llegado   a nuestros `improbables´ lectores.

Agradeced, os ruego, a   san Josemaría y al profesor José Mª Yanguas la claridad   de las ideas que, con buena o mediana fortuna he querido exponeros.

Si no  han producido  en  vosotros, mis  amigos,  el fin con  que  fueron  escritas,  os aseguro  que  en quien   os la ha transmitido lo  consiguieron  plenamente.

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by