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El meridiano de Toledo

Tres foramontanos en Valladolid 16 Jul 2022 - 07:28 CET
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Por Cesáreo Jarabo. Introducción de Carlos de Bustamante

(Un meridiano en la línea negra, y un paralelo por la línea roja)

Tomo el testigo de nuestro compañero foramontano Javier Pardo de Santallana para continuar los artículos que publica la Asociación Enraizados en su web https://espanaenlahistoria.org, en su objetivo de propagar uno de sus fines,  «Defender la Tradición cristiana de España como fuente de su unidad y solidaridad», provocando un sano orgullo sobre aquellos hechos que jalonan un acontecer incomparable, dando a conocer la prestigiosa realidad que adorna la historia de España y el acervo de valores que ha aportado no solamente a la propia nación sino al mundo entero.

Reproducimos ahora el artículo de Cesáreo Jarabo que lleva por título “El meridiano de Toledo”, en el que explica que en 1535, Alonso de Santa Cruz presentaba instrumentos y cartas náuticas así como un instrumento para medir la longitud por las distancias de la Luna y los planetas, siendo que en su  “carta abierta por los meridianos desde la Equinocial a los Polos” fue capaz de apreciar el fenómeno de la deformación que sufría la figura de la Tierra al ser trasladada al plano. Los análisis de este científico venían a dar luz a la hora de fijar la posición de cualquier punto de la Tierra, con lo que se podía determinar el rumbo que debía seguirse, y para ello determinaba el uso de las coordenadas de longitud y latitud, que ya fue desarrollado por los griegos y recogido por Claudio Ptolomeo. Ptolomeo utilizó un meridiano situado medio grado al oeste de Canarias; posteriormente, los árabes tomaron como referencia el Estrecho de Gibraltar, y en el siglo XIII, época de Alfonso X el Sabio, el meridiano fue el de Toledo, por el que se rigió la geografía del Nuevo Mundo. Al objeto de unificar criterios de ámbito mundial, el año 1884 se celebró en Washington la Conferencia Internacional del Meridiano, donde 25 países fijaron que el meridiano cero sería el que pasa por el Observatorio de Greenwich, en Londres. Lo explica el artículo que reproducimos.

“Con el descubrimiento de América en 1492 -escribe Cesáreo Jarabo-, para fijar el rumbo, se hizo acuciante la necesidad de determinar la posición de los barcos en alta mar, ya que el no hacerlo podía comportar importantes retrasos que podían acarrear el peligro cierto de graves enfermedades, como el escorbuto.

Los científicos españoles se pusieron en la labor, y en 1535, Alonso de Santa Cruz presentaba instrumentos y cartas náuticas así como un instrumento para medir la longitud por las distancias de la Luna y los planetas, siendo que en su  “carta abierta por los meridianos desde la Equinocial a los Polos” fue capaz de apreciar el fenómeno de la deformación que sufría la figura de la Tierra al ser trasladada al plano.

Los análisis de este científico venían a dar luz a la hora de fijar la posición de cualquier punto de la Tierra, con lo que se podía determinar el rumbo que debía seguirse, y para ello determinaba el uso de las coordenadas de longitud y latitud, que ya fue desarrollado por los griegos y recogido por Claudio Ptolomeo.

Durante siglos, los meridianos fueron utilizados dependiendo de la zona de cada lugar.  Ptolomeo utilizó un meridiano situado medio grado al oeste de Canarias. Posteriormente, los árabes tomaron como referencia el Estrecho de Gibraltar, y en el siglo XIII, época de Alfonso X el Sabio, el meridiano fue el de Toledo, por el que se rigió la  geografía del Nuevo Mundo.

«La grandeza de esta cuarta parte … que es un hemisferio y mitad del mundo de 180 grados comenzando a contar por Occidente desde un círculo de Meridiano que pasa 39 ó 40 grados de longitud Occidental del Meridiano de Toledo», nos dice López de Velasco al que copia Herrera»; «México está distante del Meridiano de Toledo, en longitud 97 grados y 45 minutos», nos dice el médico y botánico doctor Hernández»; «Panamá tiene 89 grados de longitud del Meridiano de Toledo y la distancia entre los dos lugares por arco del círculo mayor es de 1.660 leguas», escribe el cosmógrafo Juan Bautista Gessio «. » … la ciudad de Valdivia [Chile] … en 40 grados que es la misma que tiene la imperial ciudad de Toledo», señala Vázquez de Espinosa.

Los avances científicos de España permitieron la navegación por el Pacífico, y siendo secretos de estado, hicieron que los demás fuesen a remolque de España. Siendo así, hasta el siglo XIX, cada país utilizó su propio meridiano, siendo que España utilizaba en esta fecha el meridiano de Cádiz.

Al objeto de unificar criterios de ámbito mundial, y cuando el mundo se debatía en la necesidad de unificar los pesos y las medidas en todos los ámbitos, el año 1884 se celebró en Washington la Conferencia Internacional del Meridiano, donde 25 países fijaron que el meridiano cero sería el que pasa por el Observatorio de Greenwich, en Londres.

Se trataba, en este caso de un asunto de intereses, y de intereses políticos, porque no existía razón científica que justificase identificar el meridiano de Greenwich como el meridiano cero, mientras que razones históricas justificaban que tal título fuese llevado por el meridiano de Toledo. Pero dada la situación de España, vencida por Inglaterra en todos los campos, no cabía esa posibilidad.

No obstante, Francia estaba interesada en el asunto. Era evidente que lo normal, Toledo, no saliese triunfante, por lo que propusieron como meridiano cero el de la isla de El Hierro, coincidente con la propuesta de Ptolomeo…, pero tampoco podía ser, y es que, aunque en 1634 el cardenal Richelieu llegó a esa misma conclusión, había un escollo importante: el Hierro es España.

Todos los países surgidos de la diáspora de España, fieles a la metrópoli, se manifestaron favorables a la propuesta británica. Todos…, menos República Dominicana, que en 1861 se había reincorporado a España hasta 1865.”

 

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