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“Qué leer cuanto antes”, de José Ramón Ayllón

Tres foramontanos en Valladolid 30 Ago 2022 - 07:29 CET
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Por José María Arévalo

(Portada del libro)

Me mandó mi amigo José Ramón Ayllón una entrevista y una breve reseña de este nuevo libro suyo, “Qué leer cuanto antes”, que me pareció muy interesante pero la reseña muy breve, así que busqué en la red y encontré un artículo de Fernando Sánchez Dragó sobre el libro, como todo lo que cuenta  este escritor nuestro tan radical, muy interesante. “Hoy no hablaré de política -escribe Sánchez Dragó-. Hablaré de literatura. Ése es mi mundo. Ya tocaba. Hace unos días me envió la editorial Homo Legens un libro extraordinario. Título: el que lleva esta columna… “Qué leer cuanto antes”. Autor: José R. Ayllón. ¿Quién demonio es ese hombre? Confieso que nada sabía de él, mea culpa, y lo poco que ahora sé es lo que dice la solapa. Nació en Cantabria, hace sesenta y siete años, ha sido profesor de Literatura y Filosofía en dos universidades y en otros tantos colegios, y ha escrito biografías, novelas y ensayos de muy variada lección. No entiendo cómo este escritor de peso y poso me ha pasado inadvertido. Imperdonable. A partir de ahora tendrá un puesto de honor en mi biblioteca y en el palmarés de mis lecturas”.

Y da un link para que veamos la información oficial: https://homolegens.com/libro/que-leer-cuanto-antes/

“El libro en cuestión – continúa Dragó- recoge cincuenta semblanzas de grandes escritores con explícitas referencias a una o varias de sus obras. Todas son breves ‒algunas más que otras‒, lúcidas, cultas, elegantes, divertidas y solventes. Hay en ellas apuntes biográficos a cala y cata, y consideraciones de exégesis literaria. El mosaico abarca desde los clásicos de Grecia y Roma ‒Homero, Sófocles, Platón, Marco Aurelio, San Agustín‒ hasta los de nuestros días.

Los clásicos nos enseñan a vivir

Los clásicos, hoy como ayer, nos enseñan a vivir, se renuevan cada vez que los releemos y son como las piedrecillas blancas de Pulgarcito. Los tres últimos autores citados en el párrafo anterior sobrevuelan todo el conjunto, porque el libro, cuya lectura recomiendo con ahínco, lo es también de filosofía, casi de eso que ahora llaman autoayuda (horresco referens), y José R. Ayllón no oculta, sino que subraya su ideario platónico, estoico y agustiniano, y por ello triplemente cristiano.

«El mundo del siglo XXI» ‒dice la solapa‒ «nos parece complejo y contradictorio, a menudo mareante. Pero viene en nuestra ayuda la buena literatura para iluminar la caverna, ordenar las ideas y poner los sentimientos en su sitio». Tal cual. Los clásicos, hoy como ayer, nos enseñan a vivir, se renuevan cada vez que los releemos y son como las piedrecillas blancas de Pulgarcito que jalonan, ordenan e indican el camino a seguir para volver a casa. ¿A casa? Sí, a ese lugar de la cartografía del Espíritu en el que reside la última meta del nosce te ipsum, de la búsqueda de la Belleza y de la práctica del Amor.

Dije antes que hoy no iba a hablar de política. Rectifico. Si yo fuese ministro de Educación acomodaría las clases de literatura en los Planes de Estudio al catálogo de autores clásicos y obras maestras que Ayllón elabora en su libro. ¿Crees que puede subsistir un Estado cuando las sentencias de los jueces no tienen fuerza alguna y son violadas por simples particulares?

«Se ha dicho que Europa ‒edificada en gran medida sobre el respeto a la ley civil y a la ley moral‒ nace en la cárcel donde Sócrates apuró la copa de cicuta en obediencia a las leyes y a su propia conciencia. Las leyes de Atenas eran justas, pero lo jueces que lo condenaron a muerte fueron injustos. Por eso, su influyentes discípulos, con Critón a la cabeza, sobornaron a la guardia para que Sócrates pudiera escapar. Él, sin embargo, prefiere obrar en conciencia y rechaza la posibilidad que se le ofrece. El resumen de su argumentación es una magnífica pregunta retórica: ¿Crees que puede subsistir un Estado cuando las sentencias de los jueces no tienen fuerza alguna y son violadas por simples particulares?».

¿Les suena? Política, decía… Aquí la tienen. ¿No vale esa misma pregunta para la España de Sánchez?

Permítanme un retruécano… Lean cuanto antes “Qué leer cuanto antes” y háganse luego con todos y cada uno de los libros que su autor menciona. Tienen para ello todo el verano por delante.

Alfonso Paredes entrevista al autor de ‘Qué leer cuanto antes’.

La entrevista que me mandó José Ramón es la que le ha realizado Alfonso Paredes, y que reproduzco a continuación:

– ¿No es redundante y aburrido escribir un libro sobre libros?

– Puede parecerlo, pero no lo es cuando hablas de los mejores escritores –de Homero a Borges- y de 60 joyas que deslumbran por su amenidad, su riqueza y su estilo.

´- ¿Por qué ‘cuanto antes’? ¿A qué viene tanta prisa?

– Porque la situación actual es de emergencia cultural. El Homo sapiens está involucionando hacia el mono con pantalones.

– Así que su libro es una aventura quijotesca contra la ignorancia…

– Puede verse así. También responde a la pregunta que me han formulado muchos alumnos y amigos: ¿Qué debería leer para ser una persona culta, para amueblar la cabeza, para educar la sensibilidad?

– Veo que reparte juego: incluye novelas y ensayos, poesía y teatro, biografías y libros de historia… ¿Qué es para usted la literatura?

– Si es muy buena, un camino hacia la verdad y la belleza. Con eso está casi todo dicho. Las biografías y autobiografías me interesan especialmente porque matan tres pájaros de un tiro: enseñan historia, proponen modelos y pueden ser buena literatura.

– ¿El camino hacia la verdad y la belleza lo ha recorrido con los 60 libros que analiza?

– Sin duda. Y me siento en deuda con los autores y libros que tanto me han enriquecido y hecho disfrutar. Por eso hablo de ellos con entusiasmo, tanto si son top ten como si son poco conocidos. Homero y Shakespeare, Cervantes y Dickens, Dostoievski y Tolstoi son de otra galaxia, pero Natalia Ginzburg y Christian Bobin, Antonio Machado y Marisa Madieri, Orwell, Viktor Frankl y tantos otros, forman una selección incomparable.

– ¿Tiene escritoras favoritas?

– Al menos, tres. Las cartas de Etty Hillesum a sus amigos del campo de concentración de Westerbork me descubrieron a una chica excepcional. Cuando las italianas Natalia Ginzburg y Marisa Madieri cuentan su vida en ‘Las pequeñas virtudes’ y ‘Verde agua’, la impresión fue también imborrable.

– ¿Por qué Delibes y no Cela?

– A Delibes le conocí en Valladolid, aunque yo era un joven profesor cuando él se apagaba. Creo que es el mejor novelista español del siglo XX. Tiene una novela deliciosa, que me parece muy recomendable en estos tiempos, y que Cela no hubiera podido escribir: Señora de rojo sobre fondo gris.

– ¿Y Cunqueiro? No me dirá que le conoció en Vigo…

– ¡No tuve esa fortuna! Cunqueiro es un genio, como Valle-Inclán. Es pura y festiva literatura, con un sentido del humor entre cervantino y gallego, que pasa de los dioses griegos a la Guardia Civil en el mismo párrafo. Para descubrirse ante él basta una sola página de Sinbad, Ulises o Merlín.

– ¿Entre Borges y Antonio Machado?

– Empate técnico. Sus grandes temas –el amor, la nostalgia, la belleza, la patria- son universales.

– ¿Uno es hijo de lo que lee?

– Y de lo que no lee y le mantiene en la ignorancia.

– ¿No detecta cierta obsesión mediática por recomendar libros?

– Sí. Un empeño parecido al que quiere vendernos móviles, zapatillas o vaqueros, por ejemplo. La gran diferencia, a mi juicio, es que al terminar un libro muy bueno ya no eres el mismo.

– ¿Algún consejo a nuestros lectores?

– Con mucho gusto: menos facebook y más the face on the book.

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