Por Javier Pardo de Santayana
(La antigua casa de los Albo)
Supongo que mi improbable lector recordará aquel de mis artículos en el que mostraba mi sorpresa al conocer el hecho de la presencia en aguas de Santoña de un personaje casi mítico: el hombre que por primera vez a sobrevoló el océano atlántico de lado a lado, cosa que haría además en solitario y durante 33 horas seguidas. Me refiero naturalmente a Charles Lindberg, cuya fama se vería acrecentada al conocerse el brutal asesinato de su hijo; hecho éste que igualmente dio la vuelta al mundo.
Naturalmente mi sorpresa se produciría sobre todo cuando, habiendo pasado tantas horas como ya he pasado en la citada ciudad durante tantos años, no percibí jamás mención alguna de esa presencia en el lugar de un personaje universal. Un hecho que sí que he visto sin embargo, salvando las distancias, en el caso de Juan de la Cosa – claro que santoñés de nacimiento y cuya ausencia, de haberse producido, no habría tenido ya perdón posible. Pero es el caso que sí que he detectado la presencia de algunas piedras que señalan en donde estuvo el puerto antiguo y una placa evocadora de la larga edad de un par de pinos.
Y en esas estábamos ahora cuando, buscando en Google, tuve ocasión de encontrar fotografías de la fugaz estancia de los Lindberg en Satoña, junto a un cumulo de detalles del suceso que aún recuerdan familias conocidas. Lo cual daría lugar a un nuevo artículo.
Así que este verano en que volvía a mi casa montañesa me puse en contacto con gente conocida para tratar del tema, lo cual me ha permitido llevarme la sorpresa de encontrar que ya se estaba moviendo aquel asunto, hasta que ahora pasados tantos años, cosa por cierto muy notable teniendo en cuenta el tiempo transcurrido desde que se produjo el acontecimiento. Téngase en cuenta que el suceso tuvo lugar el año de mi nacimiento y que ya estoy a punto de estar cumpliendo los noventa. Claro que la incorporación de google a nuestro repertorio de medios y de posibilidades de investigación histórica aumenta considerablemente las posibilidades de influencia de cualquier tipo de artículos sin descartar los nuestros. Al menos así lo tengo comprobado ya respecto de los míos en algún caso concreto.
Pero sea la cosa como sea, en todo caso la novedad es que. efectivamente, el ayuntamiento local de la villa de Santoña parece haber ya conectado con el tema comenzando según me dicen por asumir el control de lo que fue la antigua casa de los Albo, es decir de la familia que acogió al matrimonio de los Lindberg. Ignoro si el ayuntamiento tendrá también la idea de incluir en el futuro alguna suerte de programa turístico en la casa con el relato de la estancia del valiente aviador y de su esposa, la desgraciada madre del hijo asesinado que hizo llorar al mundo, mas lo que puedo por fin asegurarles es que ahora mismo ya se ha optado por presentar el hecho oficialmente, si bien de forma simplemente gráfica. Y lo han hacho aprovechando la tapia de la finca, de suerte que las pinturas se nos están mostrando ya en la acera exterior del edificio y a la altura de los ciudadanos que por ella pasan, situación ésta que se hace compartida con otra colección de imágenes que tratan de un hecho diferente cual es el ambiente marinero de Santoña.
Alegría, por tanto, ya de entrada, pero con determinados fallos que lamento. Así por ejemplo, el de que la proximidad del paso de la gente junto a las pinturas favorece de tal forma su desgaste que éste se hace ya evidente. Mas lo que en estos momentos supera ya el respeto y el buen gusto es la ubicación de las pinturas que se exponen. Y es que, en efecto, como espero que ustedes puedan observar en la foto que se adjunta, éstas se han situado, no en la acera de la calle que conduce más directamente de la plaza principal hasta la iglesia, sino a la perpendicular a ésta, que también se reserva, pero más que a la gente que por ella pasa, a toda una batería interminable de contenedores de basura.
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