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Memoria histórica. Pavía. 1

Tres foramontanos en Valladolid 16 Oct 2022 - 07:20 CET
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Por Carlos de Bustamante

(La Batalla de Pavía, por Augusto Ferrer-Dalmau)

Créanme   los amigos y probables únicos lectores que según leo (estudio) con detenimiento las grandes gestas españolas, más me convenzo de que, español, “es una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo”. (José Antonio Primo de Rivera en tertulia con Unamuno).

Aunque la frase suene a fervorín patriótico, `para nada´ (como ahora dicen) le sorprendió a Unamuno.  Salvando las distancias, tampoco   `al que suscribe´ le parece ningún disparate.

Si alguno de mis amigos lectores, ha tenido la paciencia de soportar tantas batallas, aunque fueran en efemérides realmente singulares, no le extrañará el fervorín patriótico de José Antonio.  Seguid, pues, mis amigos, que importa muy mucho desmontar con las narraciones de Fernando Martínez Laínez la desfachatez de los sembradores de las que consideran vergüenzas hispanas.  Los mismos que, en el no va más del cinismo, califican de democráticas “sus” infames y falsas memorias históricas.

La falange oblicua llamada también orden oblicuo (o de ‘flanco declinado’) es una táctica militar inventada por el general tebano Epaminondas. En esta táctica, un ejército atacante concentra sus fuerzas para atacar uno solo de los flancos del enemigo. El comandante de las tropas concentra la mayoría de su fuerza en un flanco y usa el resto para fijar la línea enemiga. Esto le permite, aun con fuerzas más débiles o iguales, alcanzar una superioridad numérica local. El comandante puede entonces intentar derrotar al enemigo enfocándose en unidades pequeñas. Esta táctica ha sido empleada con éxito por muchos generales. La falange oblicua precisaba de tropas disciplinadas capaces de ejecutar maniobras complejas en circunstancias variadas.

PAVÍA (1525).

«Dios me dé cien años de guerra y no un día de batalla, porque es poner a la ventura todo el caudal». (MARQUÉS DE PESCARA).

Librada en 1525, la de Pavía fue una batalla de las que marcan época. Lo hizo en la historia de Francia y en la de España, y también dejó en claro la supremacía de la nueva táctica forjada durante el reinado de los Reyes Católicos y ejecutada magistralmente en Italia por el Gran Capitán y el marqués de Pescara. Otro rasgo memorable de Pavía vino dado por la destacada actuación de los arcabuceros españoles, que después de haber derrotado en Bicoca a la infantería suiza (la más famosa de Europa hasta entonces) destrozaron a la caballería francesa. El mariscal Montgomery comenta: “Aquí no triunfaron esperando el ataque tras una buena protección [como había ocurrido en Ceriñola y Bicoca], sino que derrotaron a los franceses sorprendiéndolos en terreno abierto, rodeando su flanco y descargando después nutridas andanadas contra las apretadas filas de la caballería enemiga. También la infantería enemiga resultó casi totalmente destrozada, y el propio Francisco I fue hecho prisionero. En muchos aspectos, Pavía marcó un antes y un después en la historia bélica europea. La temible eficacia del arcabuz, combinado con formaciones cerradas de picas, trajo como consecuencia la desaparición paulatina de los hombres de armas (gendarmes o caballería pesada) y de los ballesteros, que fueron sustituidos por arcabuceros y piqueros. Estos últimos —señala Montgomery— se adaptaron en todas partes a su nueva función táctica: respaldar a los arcabuceros. Eso implicaba, por una parte, la eliminación de la armadura, incapaz de ofrecer protección contra las balas de los arcabuces; y por otra, la preponderancia defensiva, exigida por la protección a los arcabuceros, que pasó a ser una importante consideración táctica a la hora de plantear cualquier combate. La introducción del mosquete no varió las tácticas impuestas por la infantería española, que demostró ser la mejor de Europa hasta mediado el siglo XVII”.

Algo que reconoce el mencionado mariscal Montgomery, vizconde de El Alamein, en su Historia del arte de la guerra: En los combates abiertos que tuvieron lugar hasta por lo menos 1600, la infantería española, insiste, —arcabuceros, mosqueteros y piqueros— demostró ser la mejor de Europa; su confianza en sí misma y su pericia en las tácticas de la época eran extraordinarias. El mosquete era un arma de mayor alcance y precisión que el arcabuz, pero era más pesado, lo que exigía apoyarlo en una horquilla en el momento del disparo. También tenía el inconveniente de su menor velocidad de tiro, por debajo de los más de treinta disparos por hora que podía hacer un arcabucero bien entrenado.

Hacia 1570, los tercios españoles solo contaban con unos 15 mosqueteros por cada 100 arcabuceros, pero esta proporción se fue alterando a favor del mosquete, y a principios del siglo XVII ya estaba más o menos igualada en casi todos los ejércitos europeos. Algunos analistas consideran a Pavía una prueba de que «el orden de batalla oblicuo» fue conocido y practicado por los jefes españoles antes de que lo ejecutaran Turena y Federico II de Prusia.

La falange oblicua llamada también orden oblicuo (o de ‘flanco declinado’) es una táctica militar inventada por el general tebano Epaminondas. En esta táctica, un ejército atacante concentra sus fuerzas para atacar uno solo de los flancos del enemigo. El comandante de las tropas concentra la mayoría de su fuerza en un flanco y usa el resto para fijar la línea enemiga. Esto le permite, aun con fuerzas más débiles o iguales, alcanzar una superioridad numérica local. El comandante puede entonces intentar derrotar al enemigo enfocándose en unidades pequeñas. Esta táctica ha sido empleada con éxito por muchos generales. La falange oblicua precisaba de tropas disciplinadas capaces de ejecutar maniobras complejas en circunstancias variadas.  Con pequeñas variantes en la táctica de Epaminondas, es a la que se refieren los analistas como importante en la victoria de los españoles.

Rememorando a Epaminóndas esta variante táctica consistió en ir contra el enemigo de modo que la dirección de marcha formase ángulo agudo con la línea enemiga, para girar luego al costado y concentrar el ataque en la extremidad de esa línea., eso fue, precisamente, lo que hicieron los infantes españoles y sus aliados alemanes e italianos en Pavía. También es preciso considerar que, aunque la participación de los españoles fue decisiva, Pavía, como señala el historiador Manuel Fernández Álvarez, no fue una victoria exclusiva de España. Eso sería una conclusión inexacta. De hecho, nos encontramos ante un conglomerado plurinacional de soldados españoles, italianos y alemanes, con jefes de todas las nacionalidades […], en definitiva, Pavía hay que verla como lo que fue: una victoria del ejército imperial, más que una victoria del ejército español.

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