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Las Edades del Hombre de Plasencia

Tres foramontanos en Valladolid 03 Dic 2022 - 07:21 CET
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Por José María Arévalo

(El grupo central de la Anunciación, del retablo de la catedral, obra de Gregorio Fernández)

Hasta 11 de diciembre, la XXVI edición de Las Edades del Hombre se celebra en la localidad cacereña de Plasencia, primera ocasión en la que la exposición deja atrás las fronteras de Castilla y León para adentrarse en tierras extremeñas -exceptuando las ediciones extraordinarias llevadas a cabo en Amberes y Nueva York-. Se han producido algunas protestas sobre esta salida fuera de Castilla y León, como la que recogía El Mundo, que señalaba que “Y todo por la bochornosa decisión, aunque bien podría llamarse ocurrencia, de la anterior Consejería de Cultura de Javier Ortega que, bajo las directrices de Francisco Igea, decidían que la Edades del Hombre no se podían celebrar todos los años. Pues sí se podía. La realidad es muy tozuda y las Edades se verán y lucirán todo su esplendor patrimonial un año más, pero en Plasencia. Fuera de Castilla y León. Las gracias, al ex consejero de Cultura y al exvicepresidente. La única pena es que Alfonso Fernández Mañueco no los cesara a todos antes de tomar esta decisión tan perniciosa para Castilla y León. Precisamente, la presencia del presidente de la Junta en la inauguración de las Edades del Hombre en Plasencia sirve para recuperar la marca de las Edades, sin duda la más importante de todas las creadas en la Comunidad y una de las más importantes del país. Una marca que tiene que volver a recuperarse para esta tierra. Se trata de una marca de Castilla y León, que no de la Junta, que tiene que potenciarse desde el diálogo y el acuerdo. Justo lo que no sabían hacer los anteriores gestores de Ciudadanos, que lo único que sabían era imponer. Personajes que a lo único que se dedicaban era a destruir a diario el sector cultural y turístico de Castilla y León. Y aún así no lo consiguieron y eso que se esforzaron.”

Lo cierto es que estas Edades presentan, en la Catedral de Santa María de Plasencia, más de 180 obras, casi todas ellas  de parroquias, iglesias, congregaciones, comunidades, monasterios, museos y particulares de toda la comunidad autónoma extremeña con sus tres diócesis, y repartidas en siete capítulos y un epílogo que ahondan en la perspectiva histórica de la ciudad, en su desarrollo social y religioso y en la importancia que diferentes personajes tuvieron en las expediciones evangelizadoras hacia el Nuevo Mundo.

En el recorrido expositivo a lo largo de esas ocho partes que componen ‘Transitus’,  se encuentran autores como El Greco, Zurbarán, Gregorio Fernández, Martínez Montañés, Luis de Morales, Pompeyo Leoni, Luis Salvador Carmona, José de Mera y Pedro de Mena, y los extremeños Julián Pérez Muñoz y Enrique Pérez Comendador, entre otros. También se pueden contemplar piezas de arte del Nuevo Mundo como como la Virgen del Sagrario, la Real Providencia de los Reyes Católicos integrando la ciudad de Plasencia en la corona de Castilla, el Cristo de los Doctores, un relicario de 1573, la Virgen de la Antigua, un óleo sobre la fundación de Trujillo en Venezuela, una urna eucarística de México, La Piedad de Alonso Hipólito y la Virgen de la Asunción, titular de la catedral, entre otras.

Y en medio  de la exposición, el maravilloso retablo de la catedral, obra de Gregorio Fernández; tal vez el más importante retablo español de la primera mitad del siglo XVII. Una obra sobrada de calificativos tales como imponente, monumental y complejo, una pieza exquisita en la que se combinan las esculturas del “maestro de la gubia” con los relieves y altorrelieves y todo ello con las obras pictóricas, como son los cuadros de Francisco Ricci, Mateo Gallardo y Luis Fernández.

Ocho capítulos

Ví la exposición en visita guiada que concertó la asociación de jubilados a la que pertenezco, y con la que me desplacé. Como siempre, compré el dvd de la muestra esperando encontrar en él, como en años anteriores, también el listado completo de las obras, para después ofrecér a ustedes las que me parecen más importantes, agrupadas por siglos y estilos, pero este año, ¡oh sorpresa!, no viene y no la encuentro en ningún lado. Así que voy a hacerles un resumen de los capítulos e incluiré fotos con el comentario que hace la propia web de las Edades de seis de las obras que más me han gustado. Siento no poder decirles las seis o siete obras de Salvador Carmona, otras tantas de Gregorio Fernández, y más de Morales, etc. que se pueden ver, así como dos Grecos y uno o dos más de los conocidísimos autores ya citados, la mayoría aportadas por templos extremeños, lo que me ha maravillado. Vamos con los capítulos

Capítulo I: desde antes de la fundación de Plasencia al cruce de culturas

El itinerario se abre paso por un túnel del tiempo que nos lleva a recorrer piezas de antes de la fundación de Plasencia por Alfonso VIII. Desde las épocas romana, visigoda y musulmana hasta la confluencia de las culturas cristiana, judía y árabe hasta la Edad Media. Nada más entrar, a la derecha, la Lápida de la Libertad recuerda el momento en que los Reyes Católicos restablecieron la libertad y las normas de la ciudad que había estado bajo el dominio de los Zúñiga. A su lado destaca el Fuero de Plasencia y enfrente una réplica del Disco de Teodosio que fue hallado en Almendralejo.

Llama la atención el Cristo de madera policromada colgado en medio de la sala. Es el Cristo de los Doctores, del XIV, de autor anónimo, al que se han encomendado multitud de estudiantes de Medicina. Como la Virgen del Sagrario, del XIII, y la Virgen Blanca, del XIV, son tesoros de la propia catedral que ganan en la exposición protagonismo.

Del Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid está San Vicente Ferrer con figura de orante y al fondo comparten espacio un llamativo Rollo de Torah del Museo Sefardí de Toledo y una inscripción fundacional de la Alcazaba de Mérida procedente de su Museo Nacional de Arte Romano.

Capítulo II: Reyes, Humanismo y obras literarias en Las Edades del Hombre en Plasencia

Con el tránsito a la Edad Moderna estalla el color en la exposición y aparecen las estatuas orantes de los Reyes Católicos de Málaga y en el centro, dominando la escena, el Calvario de Egas Cueman del Monasterio de Guadalupe. El busto de Carlos V del Palacio del Marqués de Mirabel, del XVI en mármol y atribuido al Círculo del Montorsoli, se halla en una esquina y en otra, la Real Provisión de los Reyes Católicos reintegrando la ciudad a la corona.

A la vuelta destacan el cuadro de Luis de Morales visitando a Felipe II, de Felipe Checa, procedente del MUBA y joyas literarias como la Odisea de Homero, Calisto y Melibea de Fernando de Rojas y manuscritos de Lope de Vega.

(Parcial de «Calvario». Talla de Egas Cueman, 1495)

Calvario. Talla de Egas Cueman (Bruselas, primera mitad del siglo XV – Castilla, 18 de septiembre de 1495) fue un escultor y arquitecto hispanoflamenco.- Las figuras que componen esta escena pertenecieron a una de Las cuatro estaciones de la Pasión, el Calvario. Alojadas en hornacinas abiertas en Los ángulos del claustro mudéjar del monasterio de Guadalupe, la huella del tiempo hizo desaparecer parte de este conjunto pero no ha conseguido borrar su belleza y gran expresividad. Es un tipo de representación del Calvario que insiste en los aspectos dramáticos y teatrales, muy diferente al típico de tres figuras -Cristo, La Virgen y San Juan- donde María, permanece con entereza al pie de la cruz («Stabat Mater»). El tema del desvanecimiento de María, difundido iconográficamente por Van der Weyden, expresa la idea de la coparticipación de la Madre en la Redención aportada por el pensamiento místico.

Es esta una talla en madera de roble policromada, procedente del Museo de Escultura y Pintura del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe (Cáceres)

Capítulo III: los Santos en la Sala Capitular

La exposición se adentra en el Claustro y justo enfrente, un luminoso da paso a varias piezas sobre la historia de Plasencia y su diócesis. Curioso es ver el plano recopilado por Luis de Toro en 1573, que es la imagen de Las Edades del Hombre en Plasencia.

De vuelta al Claustro, la Sala Capitular da la bienvenida con una delicada escultura de San Pedro de Alcántara confesando a Santa Teresa, del XVII. Detrás se halla el San Pedro de Alcántara de Coria y flanqueando la puerta los santos patronos de la diócesis, San Fulgencio y Santa Florentina, ambos de Berzocana.

Imprescindible admirar la cubierta estando en el interior de la Torre del Melón, única en Extremadura. Solo hay similares en Salamanca, Zamora y Toro.

( Retablo para la capilla de Ginés Martínez, óleos de Luis de Morales)

Retablo para la capilla de Ginés Martínez, óleos de Luis de Morales. (Badajoz, c. 15101​-Alcántara, 15862​, fue un pintor español de estilo manierista. A la gran fama de que disfrutó en vida y a la predilección por temas religiosos en sus obras se debe el sobrenombre de «el Divino» o «El divino Morales». Desarrolló su actividad en un relativo aislamiento en Extremadura, si bien sus obras se distribuyeron por toda la Península. En su pintura se observa un alargamiento de las figuras y el uso de la técnica del esfumado leonardesco, lo cual hace pensar en influencias de escuelas pictóricas extranjeras. No obstante, debido a su particular estilo de representación, su obra es fácilmente identificable.) Encargo del clérigo Ginés Martínez para su capilla funeraria a Luis de Morales, quien se comprometía a realizar los rostros y las manos de las figuras, exigencias que se debían a la importante participación del taller en las obras del maestro. El pintor, debido a la alta demanda de encargos tuvo un taller propio en la ciudad de Badajoz y su pintura crearía escuela. Los modelos del maestro se repitieron incluso más allá de su muerte. Cuenta seis tablas:  Cristo atado a la columna, Cristo ante Pilatos, Caída de Cristo con la cruz, la Quinta Angustia, San Juan y la Magdalena.  1565-1566, óleo sobre tabla procedentes de la Iglesia parroquial de Santa Catalina de Higuera la Real, Badajoz.
Capítulo IV: Dios en el centro de la muestra, ya en la Catedral Nueva

Dejando a la derecha de la Sala Capitular ‘El corte’ de las dos catedrales, la exposición se adentra en la Catedral Nueva y una gran pila bautismal del XVI de Jaraíz de la Vera da la bienvenida. Es la sala de los Divino Morales, de entre los que destaca por sus grandes dimensiones y porque es el que salió en todas las fotos de la inauguración por el Rey Felipe VI porque allí se detuvo la comitiva, el Retablo de Luis de Morales para la capilla de Ginés Martínez de Higuera la Real.

Llama también la atención la Piedad de Alonso Hipólito, que de normal permanece discreta en la iglesia del Salvador de Plasencia. Aquí se halla también la Virgen de la Antigua, de Béjar, que siendo Castilla y León, pertenece a la Diócesis de Plasencia, lo cual es una de las razones de peso para el tránsito de Las Edades del Hombre a Extremadura. Nunca antes había salido de tierras castellanas, salvo Amberes y Nueva York.

Capítulo V, el de mayor valor artístico de las Edades del Hombre en Plasencia

El Retablo de la Asunción es una joya de la Catedral Nueva que solo muestra la imagen de María yacente durante la novena de agosto y a sus pies, Las Edades del Hombre exhiben la Coronación de la Virgen que el Greco realizó para la iglesia parroquial de Talavera la Vieja, la Taravelilla anegada por el pantano. A su lado brillará otro Greco, Jesús Salvador, en cuanto en verano se incorpore a la exposición el original. Mientras tanto es una reproducción.

Nada más salir de la sacristía se pueden contemplar los tesoros de Serradilla en Las Edades del Hombre. Algunos ocultos al público en el convento de las Madres Agustinas, como la Anunciación de Claudio Coello, y las Vírgenes de Carreño Miranda y Daniel Seghers que sí están a la vista. Destaca, sobre una peana, la Asunción de Luis Salvador Carmona de la iglesia parroquial.

(Parcial del Cristo de la Agonía o del Desamparo, talla de Luis Salvador Carmona, 1732)

Cristo de la Agonía o del Desamparo talla de Luis Salvador Carmona, de 1732.  (Nava del Rey, Valladolid, 15 de noviembre de 1708 – Madrid, 4 de febrero de 1767, fue un escultor español del siglo XVIII, considerado uno de los escultores más destacados del siglo en España, ​ y continuador de la célebre escuela castellana de imaginería).- Contemplamos el modelo escultórico que Carmona utilizó en su etapa inicial, su fase más barroca. Modelo vivo. menos frecuente que el tipo expirado que trabajó desde la década de 1740 al verse influido por las corrientes neoclásicas, contrarias a una idea trágica de la muerte: y es posible que fuera el cabeza de serie de la iconografía que el artista creó para representar la agonía de Cristo, que mira hacia lo alto para suplicar a Dios Padre y encomendarle su espíritu. La boca entreabierta. los dientes de pasta y los ojos de cristal acentúan el realismo, al que coadyuva la sangre, contenida. La cadera se desplaza hacia la izquierda en respuesta natural del cuerpo a la fórmula empleada para colocar las piernas. con la izquierda situada bajo la derecha y ambos pies sujetos con un solo clavo. Talla de madera tallada y policromada, procedente de la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Escurial, Cáceres.

Rizi con el Bautismo o Murillo con San José con el Niño destacan ya solo por sus nombres, pero el Cristo de los Dolores de las Dominicas, que se parece al Cristo de Serradilla, resalta por sí solo aún teniendo justo detrás un Cristo de Zurbarán. Suyas son también las Tentaciones de San Jerónimo, al otro lado del Retablo Mayor, frente a San Jerónimo penitente de Martínez Montañés.

(San José con el Niño, óleo de Bartolomé Esteban Murillo; copia)

San José con el Niño, óleo de Bartolomé Esteban Murillo (copia). (Sevilla, bautizado el 1 de enero de 1618-3 de abril de 1682 fue un pintor barroco español, formado en el naturalismo tardío, evolucionó hacia fórmulas propias del barroco pleno con una sensibilidad que a veces anticipa el rococó en algunas de sus más peculiares e imitadas creaciones iconográficas).- El intenso culto y devoción a San José motivó representaciones de éste como un varón joven y afable, en una actitud que traduce su firme voluntad de proteger y conducir al Niño por el camino de la vida. Mira a su hijo conmovido y gozoso, mientras este, completamente amparado, conecta con el espectador. Es notoria la presencia de la vara florida de almendro, detalle apócrifo (el sacerdote del templo de Jerusalén, dudoso en la elección entre los pretendientes de la Virgen, decidió que el cielo lo manifestase: se colocaron sus varas sobre el altar esperando a que la voluntad divina enviase alguna señal, y la vara de San José se llenó de flores de almendro mientras las otras permanecieron secas; este milagro permitió señalar a San José como futuro esposo de la Virgen María). Siglo XVlII. Óleo sobre lienzo de la colección particular de Francisco Pérez Asensio de Jerez de la Frontera.

Antes de llegar aquí, a la izquierda, sobresalen los Padres de las Iglesias griegas de Gregorio Fernández, el mismo autor del Retablo, que los realizó en madera dorada y policromada en el XVII y vienen de Valladolid.

A los pies del Retablo Mayor se puede disfrutar de uno de los tres audiovisuales, sobre el Concilio de Trento y en la sillería del coro, la del ícaro placentino, de otro sobre esta magnífica obra de Rodrigo Alemán.

(Piedad, talla de Gregorio Fernández, Hacia 1620)

Piedad de Gregorio Fernández. (Sarria, Lugo, abril de 1576 – Valladolid, 22 de enero de 1636; fue un escultor español del Barroco, máximo exponente de la escuela castellana de escultura, heredero de la expresividad de Alonso Berruguete y Juan de Juni, supo reunir a estas influencias el clasicismo de Pompeyo Leoni y Juan de Arfe, de manera que su arte se liberó progresivamente del Manierismo imperante en su época hasta convertirse en uno de los paradigmas del Barroco español.) La escultura de la Piedad supone la representación plástica de una devoción en la que se ensalza el papel redentor de la Virgen María a través del sacrificio y la entrega de su Hijo. Fernández utilizó un modelo en el que la Virgen eleva sus dos manos en actitud de entrega y mira implorante hacia el cielo, en lugar de a su Hijo, modelo de más expresividad y mayor carga simbólica. El gran dominio del volumen y la profundidad se hace evidente en la colocación del cuerpo de Cristo levantado, en una postura llena también de simbolismo, sobre la rodilla de su Madre y con las piernas hacia atrás. Se trata de una obra en la que se aúnan los valores y creencias de la sociedad española de su tiempo. Hacia 1620. Madera policromada, procedente del Real Monasterio de Santa Clara, MM. Clarisas de Carrión de los Condes, Palencia, procedente de la colección de Francisco Pérez Asensio de Jerez de la Frontera.

Capítulo VI: el barco que nos lleva al Nuevo Mundo

Una suerte de pasillo con ventanales al mar, gaviotas que compiten con la banda sonora de la exposición que nos acompaña en todo momento y el sonido del mar, nos conduce a la aventura del Nuevo Mundo. Un audiovisual lo cuenta y el resto de las piezas lo muestran.

Una aventura con sus luces y sombras, como destaca el comisario de la exposición, Antonio Luis Galán, se hace presente en el victorioso Francisco Pizarro de Pérez Comendador procedente de la Diputación de Cáceres y, a su lado, el cuadro de La noche triste de Hernán Cortés del MUBA de Badajoz.

Capítulo VII bajo el casco de un barco para recrear la aventura del Nuevo Mundo

Capítulo VII: la Evangelización allende los mares

Asoma sobre el pórtico de esta nueva sala el barco, cuyo casco nos recibe enseguida a modo de bóveda. A la izquierda conviene reparar en el retrato de Fray Bartolomé de las Casas, ‘el protector de los indios’, que viene de Sevilla así como al final en Santa Rosa de Lima en marfil, del XVII, procedente de Filipinas. Ella, que era hija de un arcabucero de Baños de Montemayor y una costurera indígena, es venerada allende los mares.

Como también Nuestra Señor de Guadalupe con las cuatro apariciones de José Juárez procedente de Soria, que destaca por sus grandes dimensiones así como el Cristo de la Encina, custodiado en una de las ermitas de Ceclavín, con su indígena mirándolo salir del árbol.

Llaman la atención los dos ángeles arcabuceros con armas al hombro, de Salamanca, y a su lado el Arcángel San Miguel de marfil que viene también de Filipinas.

Antes, una urna mejicana en plata del XVII que atesoran las Capuchinas de Plasencia y al final la reproducción a escala de la Nao San Pedro, de Sevilla, completan las piezas.

A continuación unas grandes estructuras de metacrilato recogen los nombres de todos aquellos que participaron en la aventura y es la salida al epílogo con una pieza única, el Retablo de la Asunción de la iglesia de San Nicolás.

(Imposición de la casulla a San Ildefonso, óleo de Francisco de Zurbaran)

Imposición de la casulla a San Ildefonso, óleo de Francisco de Zurbaran. (Fuente de Cantos, Badajoz, 7 de noviembre de 1598 – Madrid, 27 de agosto de 1664, fue un pintor del Siglo de Oro español contemporáneo y amigo de Velázquez, que destacó en la pintura religiosa, en la que su arte revela una gran fuerza visual y un profundo misticismo. Fue un artista representativo de la Contrarreforma. Influido en sus comienzos por Caravaggio, su estilo fue evolucionando para aproximarse a los maestros manieristas italianos. Sus representaciones se alejan del realismo de Velázquez y sus composiciones se caracterizan por un modelado claroscuro con tonos más ácidos) Este lienzo muestra el momento en el que la Virgen se aparece a san Ildefonso para imponerle una casulla y nombrarle su capellán como reconocimiento a la ferviente defensa mariana que habia manifestado en De illibata virginitate Sanctae Mariae, libro representado a los pies del santo. En el lienzo subyacen recursos frecuentes del autor, como la corona de amorcillos alrededor de la cabeza de Maria, la expresión contenida pero manifiesta del éxtasis del santo, la detallada representación de las telas y bordados o la presencia de personajes que proyectan su mirada fuera del cuadro para hacer partícipe de la escena al espectador.  Óleo sobre lienzo de 1644, procedente del Retablo de la capilla de Nuestra Señora de los Remedios, Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, Zafra, Badajoz.

 

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