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Acuarelas de Chema Fraile en el Centro José Mª Luelmo

Tres foramontanos en Valladolid 08 Ene 2023 - 07:27 CET
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Por José María Arévalo

(Cartel de la muestra, con la foto de la acuarela de La Antigua que obtuvo el primero premio del Taller de Otoño de la Unión Artística Vallisoletana en 2021)

El Centro Cívico José María Luelmo, calle Armuña 3, próximo al complejo Vallsur y al comienzo de la Cañada Real, incluye, del 3 al 17 de enero de este nuevo año 2023, una exposición de la obra de Chema Fraile Galán bajo el título “Paisajes urbanos. Acuarelas”, en la que nuestro compañero acuarelista ha recogido sus principales trabajos de los dos últimos años.

En el Centro José María Luelmo solemos exponer muchos años la Asociación de Acuarelistas de Castilla y León, este mismo año pasado creo que lo hicimos en octubre, pero Chema Fraile suele presentar sus acuarelas en una exposición individual cada dos años, normalmente en la sala Rafael de Miguel Iscar 11, que es la sala privada que nos ha quedado tras el cierre de las de las Cajas de Ahorros y la del Banco de Bilbao después de la caída económica que sobrevino en época de Zapatero. Bueno, ahora tenemos una nueva sala junto al mercado del Campillo, “Samuel”, lo que parece denotar una cierta recuperación.

(La Antigua. Acuarela de Chema Fraile en la exposición)

Yo creo que mejor le hubiera venido a Chema Fraile exponer en una de estas salas, pero como ya hemos comentado estos días en sendos artículos (“Nuestros ´Grandes maestros´, en la Galería Rafael” el 05.01.23, y “Nueva galería `Samuel´, junto al Campillo” el 28.12.22) ambas estaban ocupadas, así que creo hizo bien en aprovechar estos días de Navidades para exponer en el Luelmo. Creo que es esta la octava exposición suya individual en Valladolid; como las hemos ido comentando todas en estas páginas, me permitirán que utilice comentarios hechos en las anteriores, suyos y de otros autores, entre ellos los míos, algunos de ellos muy acertados.

De arquitecto urbanista a acuarelista

Lo que no sé si les he comentado antes es que Chema Fraile practicó muchos años la acuarela en salidas al campo junto a quien compartía con él un estudio de arquitecto, Emilio Tejeda, gran acuarelista, del que he publicado un blog que pueden ustedes ver en https://emiliotejeda.blogspot.com.es/ con las obras de la exposición que se incluyeron en la muestra de Noviembre de 2016 en la sala exposiciones del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria un año después de su fallecimiento. En esas salidas les acompañaba también a veces otro gran acuarelista, mi maestro Paco Roldán, fundador y primer presidente de la Asociación de Acuarelistas de Castilla y León. Pero estas salidas fueron anteriores a la fundación de ésta en el año 2000, época en que Chema Fraile y su compañero Tejeda habían dejado esta afición. A su jubilación, Fraile la retomó y entonces le conocí yo, pues salíamos a pintar al campo varios compañeros acuarelistas, y así le llevé por fin a nuestra Asociación de Acuarelistas, de la que es ahora un puntal.

(Calle Santiago. Acuarela de Chema Fraile en la exposición)

Ni que decir tiene que su preparación en el dibujo como arquitecto le ha facilitado enormemente su habilidad en esta tan difícil técnica de la acuarela -en una época en que la asignatura de Formas se realizaba en las escuelas de arquitectura casi fundamentalmente con trabajos en acuarela-.

Herramientas de arquitecto y urbanista

Precisamente en artículo que escribí en este blog el 23.11.18 comentaba una exposición anterior suya, de ese mismo año, que realizó en el Colegio de Arquitectos de Valladolid, hasta el 13 de julio, «Pintura y dibujo. Herramientas del arquitecto y urbanista José Mª del Fraile”, en la sede colegial de la calle Santiago 9. Decía sobre ella un artículo del Director de la E.T.S.A.Va, Darío Álvarez que del Fraile “pertenece a una generación de arquitectos forjada en el dibujo, en la ejercitación continuada de la mano, a través de las diferentes técnicas, en su caso, y de manera especial, en la acuarela. Podemos afirmar que Fraile `dibuja´ y `construye´ sus acuarelas”.

“Habituados como estamos – continuaba Darío Álvarez – a las acuarelas que se desvanecen, que se diluyen, que se vuelven manierismo casi transparente sobre el papel, en las suyas hay una fuerte carga matérica, que casi se toca con la mano. Pincelada a pincelada construye cada cuadro, como si realmente fuera una obra de arquitectura, como una clara representación de la realidad construida. Sus acuarelas no captan un instante fugaz, congelan, de manera intencionada, un paisaje, habitualmente urbano, un paisaje que se vuelve así atemporal, en su propia definición, rompiendo los moldes habituales de la técnica”.

(Campo Grande. Acuarela de Chema Fraile en la exposición)

“Fraile construye – añadía entre otras cosas – ese paisaje al pintarlo, al representar, de manera minuciosa y poco habitual en la acuarela, todos y cada uno de los elementos que lo componen, incluso las figuras humanas o los automóviles que se mueven por las calles, que se tornan objetos de la misma construcción. Fraile mira la ciudad y se detiene en sus edificios ¿qué otra cosa sino arquitectura compone la ciudad? Y se preocupa de representarlos tal y como son, a través de una mirada totalmente objetiva, aunque no exenta de un cierto lirismo, la mirada de un arquitecto “comme il faut”. No cabe otra cosa en su forma de pensar, ver y pintar la realidad”.

Por mi parte comentaba sobre esa exposición que “es precisamente en sus acuarelas de naturaleza y campo donde se descubre mejor su trabajo de las formas, la forma de cada árbol, de cada matorral. Y eso que en ellas sí se ven las “pinceladas” a que alude Darío Álvarez, porque da el volumen a las plantas con pinceladas concretas, casi en seco, que explican las sombras, en vez de realizarlas en húmedo. Pero lo importante, a mi ver, es que “construye”, como hace con los edificios, las formas de árboles y plantas, caminos o cerros, y además con variedad de colores –que no facilitan tanto las edificaciones, grises u ocres- lo que le permite seguir los consejos de su hija –como me dice le insistió ella, también pintora, hace algún tiempo ya- de aplicar más variedad y fuerza con el color. Y el uso del color le permite delimitar formas con él en vez de dibujar expresamente los contornos. Lo hace también en el paisaje urbano, pero se nota menos”.

(El Salvador. Acuarela de Chema Fraile en la exposición)

“El resultado creo yo -concluía-, es el de unas construcciones pictóricas bastante geométricas, como quería Cézanne, exactas, pero sin detalle ninguno, puras formas que hilvana con exquisito gusto para el equilibrio y composición del cuadro. Quizá un tanto estáticas, lo que se evita solo soltando la mano –que en acuarela equivale normalmente a trabajar en húmedo- lo que no busca Chema, como no lo hacía el gran Cézanne”. Bueno, esta era mi opinión.

La opinión del propio Fraile

“En esta exposición –explicaba del Fraile en el folleto de mano que facilita la muestra de la sala Rafael de Miguel Iscar 11, hasta el 7 de diciembre de 2018, con más de  treinta acuarelas- presento diversos paisajes simbólicos y emotivos de Valladolid, pueblos de su provincia y entorno, que además de ser representativos de cada lugar, me han motivado por el encanto de sus luces y atmósferas en estaciones diversas. Pretendo huir al máximo del exceso descriptivo del dibujo, en un `viaje progresivo´ hacia la síntesis y esencia de formas y composiciones, pero sin deshilachar, ni perder nunca la estructura y orden de las mismas.

También figuraba en el folleto expositivo de la muestra de la sala Rafael, un texto de Francisco de la Plaza Santiago, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid, que decía: “José María del Fraile busca la luz resbalada sobre viejos muros, los reflejos en el agua, las masas arbóreas de color inestable. Sus composiciones siguen un dictado tan exigente que llega a cambiar sombras, escalas o puntos de vista para lograr una armonía que puede pasar inadvertida por su discreción, pero que el espectador percibe como el grato equilibrio de un poema o una pieza de música de cámara”.

(Exclusa 42 del Canal de Castilla. Acuarela de Chema Fraile en la exposición)

Y yo añadía en mi artículo de estas mismas páginas: “Me gusta esa idea de cómo el pintor cambia la realidad, modifica al interpretarla, para lograr armonía y equilibrio. Se lo he visto hacer a Chema, pintando juntos un mismo tema del natural, muchísimas veces, incluso le he comentado en broma –yo que me dejo dominar mucho, demasiado, por la realidad- que se lo ha inventado todo. No pocas veces la modificación obedece a que aplica soluciones que ha comprobado son eficaces, para pintar una sombra, un árbol y sobre todo los edificios, con soluciones de perspectiva y síntesis muy del oficio de arquitecto que ejerció tantos años.

Me maravilla, por ejemplo, los trazos tan simples y los tan difíciles escorzos con los que describe las torres de las iglesias, que para los profanos en la materia tienen mayor dificultad de lo normal en la descripción del paisaje urbano. Pero sobre todo es que lo realiza delimitando no con líneas –como es lo propio de los dibujos y plumillas-, sino con el color. Y este con una variedad que da a la exposición un aspecto sumamente luminoso y colorista. Me ofrecí para ayudarle a colgar la muestra dos días antes de la inauguración, lo que aceptó y yo le agradecí; porque resultó ser una tarea muy grata de combinar tamaños, temas y colores. Al final el conjunto ofrecía un aspecto sumamente atractivo.”

(Urbanización Valparaiso. Acuarela de Chema Fraile en la exposición)

La actual muestra

Esta muestra de José María del Fraile Galán en el Centro José Mª Luelmo, es también un estallido de color. Es sobre todo el color de Valladolid, pero en una interpretación más viva de lo que habitualmente tendemos a expresar los pintores locales, de esa ciudad más agrisada de lo que realmente es, por aquello de que no tenemos en nuestros monumentos mucha piedra dorada –como la tienen Zamora y Salamanca, Ávila o Segovia-, o porque los recordamos con esa pátina oscura que da la humedad y los muchos años, casi como un recuerdo en blanco y negro. Chema Fraile ha conseguido un bellísimo color, plasmando nuestras calles, muchas veces, en la estación más bonita del año, el otoño, y las siluetas de nuestras gentes, que siempre las recorren, como ocurre en la realidad, bañadas por esa luz especial, suave y dorada que le da esa época del año que refleja.

“En acuarela es mucho más difícil – he escrito en alguna ocasión – la viveza en la expresión del color, por eso se dice que la acuarela no es medio adecuado para la pintura abstracta –aunque siempre habrá excepciones-. Pues bien, Chema Fraile ha conseguido esa viveza en el color, unas veces pintando en el otoño, otras pintando el propio otoño, y otras imaginando las formas de árboles y matorrales, edificios y aceras, chimeneas y ventanales, riberas, cerros o vaguadas, todos los motivos del asunto, bañados con los colores cálidos con los que suele vestirse el otoño, para nuestro deleite.”

(Venecia. Acuarela de Chema Fraile en la exposición)

“En anteriores exposiciones de acuarelas – explicaba Chema en un folleto de otra muestra – me motivaba plasmar el encanto y la nostalgia de nuestros pueblos castellanos, con sus cascos históricos de pasado brillante que hoy se han visto alterados por urbanismos irrespetuosos”. En la actual de la sala Luelmo predominan las de temas vallisoletanos, nada fáciles por cuanto los hemos tratado todos los aficionados a la acuarela y en general a la pintura, de esta tierra. De ahí el interés por su originalidad.

Un éxito, una belleza de exposición. Enhorabuena, Chema.

 

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