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Los lunes, revista de prensa y red 

Tres foramontanos en Valladolid 13 Mar 2023 - 07:22 CET
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“La Ejecutiva Federal da por sofocado el incendio con la expulsión del partido de Juan Bernardo Fuentes Curbelo y de su sobrino”, de Marta Belver; “Las que deberían salir el 8-M”, de Mayte Alcaraz; y “La guerra de Rusia en Ucrania: entre el destino histórico y la cruzada cultural”, de Antonio R. Rubio

(Viñeta de Nieto en ABC el pasado día 9)

LA EJECUTIVA FEDERAL DA POR SOFOCADO EL INCENDIO CON LA EXPULSIÓN DEL PARTIDO DE JUAN BERNARDO FUENTES CURBELO Y DE SU SOBRINO

Artículo de Marta Belver publicado en El Mundo el pasado día 7

La Ejecutiva Federal del PSOE no adoptará ninguna medida para fiscalizar a su partido en Fuerteventura, epicentro político del caso Mediador. De esta isla proceden tanto el ex diputado Juan Bernardo Fuentes Curbelo como su sobrino, Taishet Fuentes Gutiérrez, ambos implicados en la presunta trama de cobro de mordidas a empresas ganaderas canarias a cambio de la concesión de subvenciones o de evitar inspecciones.

Los dos fueron suspendidos de militancia fulminantemente el mismo día en el que se produjeron las primeras detenciones en el marco de esta operación y se les abrió expediente de expulsión, que está siendo tramitado. En Ferraz dan así por sofocado el incendio y descartan aplicar mecanismos adicionales para comprobar si se han producido otras supuestas irregularidades en el seno de esta organización local.

Blas Acosta, secretario insular de los socialistas de Fuerteventura, además de viceconsejero de Economía del Gobierno de Canarias, fue quien, según las fuentes consultadas por este periódico, colocó a los Fuentes como directores de Ganadería en el Ejecutivo de Ángel Víctor Torres: primero a Juan Bernardo y, tras la dimisión de Tito Berni -el apodo que le dieron los miembros de la trama- para ocupar un escaño en el Congreso, a su sobrino Taishet. En el equilibrio no escrito de poderes en el archipiélago, corresponde a los majoreros elegir quién ocupa este cargo de responsabilidad dado que lidera la clasificación de cabezas de caprino con más de 74.000.

«No esperaba este tipo de comportamientos y me siento avergonzado por lo que significa para el PSOE y en Fuerteventura, más», se apresuró a desmarcarse Acosta de los políticos a los que ayudó a promocionar tras conocerse su arresto. «Seguimos asqueados de lo que estamos viendo, tanto de todos los posibles delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones como de la manera en que se ha vejado a las mujeres y de la conducta libertina, rayando lo delictivo de estas dos personas», añadió en un comunicado en alusión a las famosas imágenes con prostitutas y drogas.

Taishet Fuentes había sido cesado en junio de 2022 por «falta de confianza», expresión a la que se siguen remitiendo en el equipo de Ángel Víctor Torres al ser preguntados por si entonces ya tenían indicios de las irregularidades que se le imputan ahora. Lo sucedió al frente de la Dirección de Ganadería José Cabrera Noda, también parte de la cuota majorera y socialista en el Gobierno canario.

Además, el mediador que da nombre a la trama, Antonio Navarro Tacoronte, es el sobrino de Julián Navarro Casañas, un veterano del PSOE en Las Palmas de Gran Canaria y Fuerteventura de cuya influencia hacía gala el intermediario para tratar de atar acuerdos con reputados industriales que perseguían expandirse en las islas, según la investigación. En la causa también se está fiscalizando la actividad del Club de Fútbol Unión Tetir, de cuya presidencia Fuentes Curbelo dimitió la semana pasada y en la que al menos tres empresarios presuntamente implicados hicieron ingresos por valor de 5.000 euros.

«No, no y no», responden en Ferraz a si el diputado al que obligó a dejar el acta antes de que su nombre estuviera vinculado públicamente a la presunta red de corrupción ha recurrido su expulsión del partido a la Comisión de Ética y Garantías. Además, los cargos del partido han pasado a referirse a él en público como «esa persona» para poner distancia con quien hasta el 14 de febrero era miembro de su grupo parlamentario.

El PSOE tampoco está por la labor de apoyar una comisión de investigación sobre Mediador en el Congreso. «Frente a la corrupción, tolerancia cero, pero no vamos a admitir las campañas de desprestigio generalizadas hacia inocentes», defendió ayer la portavoz de la formación, Pilar Alegría, en alusión a los socialistas que han sido señalados como asistentes a las cenas que organizaba Fuentes Curbelo en el restaurante Ramses de Madrid, e insistió en que «sería deseable que otros actuaran con la misma diligencia», en mensaje directo al PP.

Artículo en: https://www.elmundo.es/espana/2023/03/07/6406167ae4d4d85d758b4581.html

LAS QUE DEBERÍAN SALIR EL 8-M

Artículo de Mayte Alcaraz publicado en El Debate el pasado día 6

Propongo que la manifestación que se celebrará pasado mañana sea sustituida por la parada de las víctimas del sanchismo. Jamás como en estos últimos cinco años las españolas han sido peor tratadas por su Gobierno y sus derechos menos defendidos, al calor de una ideología sectaria y totalitaria. Propongo que la manifestación que se celebrará pasado mañana sea sustituida por la parada de las víctimas del sanchismo y que, en lugar de que desfilen Irene Montero y Begoña Gómez, lo hagan aquellas mujeres a las que Sánchez y sus socios han destrozado la vida, aquellas que callan y sufren las embestidas de su pensamiento único, aquellas a las que Montero y Gómez no han dedicado ni un segundo de sus privilegiadas existencias de tartas y Falcon, aquellas que no han entrado en el paraíso feminista que ambas han diseñado para sus amiguitas, aquellas que, pese a todo ello, siguen pagando con sus impuestos sus sueldos de seis cifras. Llenarían las calles. Pasen y lean.

Las 721 mujeres –menores, ancianas, sobrinas, nietas, hijas– que fueron violadas, abusadas y devastadas por agresores sexuales que han visto reducir sus condenas gracias a la aberración legal del ‘solo sí es sí’, y entre ellas, las 74 desgraciadas que incluso tienen ya a los psicópatas que las asaltaron tomando café a la vuelta de la esquina de su casa.

Las mujeres que prostituyeron los camaradas de Irene y Begoña en el Congreso de los Diputados, para disfrute burdo y zafio, capitaneados por el inefable Tito Berni, el que predicaba defender los derechos de aquellas cuyos servicios sexuales compraba.

Las decenas de madres, hermanas, esposas e hijas de víctimas de ETA, a las que socialistas y podemitas han mandado al rincón del olvido mientras blanquean al heredero de los asesinos, Arnaldo Otegui –autoproclamado luchador contra la violencia de género– y lo han convertido en parte del Gobierno de España. Sin olvidar a los deudos de las 60 mujeres que mató directamente el terrorismo: la primera de ellas una niña de tan solo 22 meses en la estación de Amara de San Sebastián en 1960.

Las madres de las menores que no serán informadas de la decisión de abortar de sus hijas y no podrán asesorarlas en esa traumática decisión, que marcará sus vidas para siempre. También podrán concurrir las menores que interrumpirán su embarazo sin el abrigo de sus familias, gracias a la libertad sexual que dice administrar Irene Montero.

Las decenas de adolescentes cuyos cuerpos, amparadas por la ley trans, serán hormonados sin el asesoramiento de un equipo médico multidisciplinar y sin el consentimiento de sus padres, algunas de ellas incluso serán sometidas a cirugías irreversibles que lastrarán su futuro.

Las hijas de las 7 mujeres que en lo que llevamos de año fueron asesinadas por sus parejas y exparejas, sin que el Consejo de «Ministras» haya invertido ni un solo euro de los 573 millones que tiene presupuestados en políticas educativas y de formación, aunque sí en propaganda barata sobre el patriarcado y chiringuitos de correligionarios.

Las autónomas que se han dado de baja por no poder atender los pagos: 671 cotizantes menos por cuenta propia al día.

Las tenderas que han echado el cierre definitivamente a sus establecimientos, un total de 20.000 locales en un año.

Las madres que crían hijos y trabajan sin una sola ayuda para la conciliación familiar ni asesoras que puedan usar de niñeras.

Las madres de los 843.400 menores de 30 años que no tienen empleo en nuestro país –la tasa de paro juvenil más alta de Europa.

Las abuelas que llenan la nevera de sus hijos esquilmados por la inflación que ha disparado la cesta de la compra hasta un 15 %.

Las 650.000 empresarias y emprendedoras españolas, que no necesitaron una ley de paridad, como la que acaba de anunciar el Ejecutivo para tapar el escándalo del Bernigate, para poner en valor su competencia.

Y, finalmente, todas aquellas españolas con más méritos, valores y conocimientos para ser directoras de una Cátedra en la Complutense o ministras de Igualdad del Reino de España que Begoña e Irene, pero que no tuvieron la suerte de cruzarse con un macho alfa que, después de colocarlas, ha puesto a su disposición un megáfono desde el que, encima, darnos lecciones de feminismo a las demás.

Artículo en: https://www.eldebate.com/opinion/20230306/deberian-salir-8-m_98283.html

LA GUERRA DE RUSIA EN UCRANIA: ENTRE EL DESTINO HISTÓRICO Y LA CRUZADA CULTURAL

Artículo de Antonio R. Rubio publicado en Aceprensa el pasado día 5

La guerra de Ucrania, a la que Putin sigue llamando “operación militar especial”, se ha convertido en uno de los acontecimientos más destacados del siglo XXI, no solo por el conflicto en sí, que supera en intensidad y víctimas a los conflictos en la antigua Yugoslavia, sino por las repercusiones y consecuencias que tiene para Europa y el mundo. Un año después de la entrada de las tropas rusas en Ucrania, los frentes parecen condenados a enquistarse, más allá de las ofensivas puntuales de los dos bandos enfrentados.

Este conflicto bélico empieza a asemejarse a otros de la guerra fría, un período que se creía superado tras la caída de los regímenes comunistas en Europa. Hay dos potencias nucleares enfrentadas en este escenario: Rusia, que actúa directamente, tal y como hicieron los estadounidenses en Corea y Vietnam, y Estados Unidos, secundado por sus aliados de la OTAN, que actúa indirectamente por medio de Ucrania.

La guerra que trajo el retorno de la historia

La vieja aspiración de la posguerra fría de integrar a Rusia en un sistema de seguridad europeo se ha desvanecido por completo. Los rusos han optado por la soledad estratégica en nombre de un nacionalismo acentuado y la nostalgia de un pasado imperial que se remonta al zarismo y a la época soviética. En Rusia han pesado mucho las comparaciones históricas: la época de Yeltsin fue asemejada al “tiempo de los disturbios” de inicios del siglo XVII, que contempló la debilidad del poder zarista hasta la llegada de la dinastía Romanov en 1613. En el siglo XVIII las luchas palaciegas comprometieron también la estabilidad de la monarquía, aunque pronto fueron superadas por una autoridad con mano de hierro como la de Pedro el Grande o la de Catalina II. En el tiempo presente es Vladímir Putin quien pretende encarnar al gobernante providencial que devolverá a Rusia su pasado esplendor tras las agresiones y humillaciones de sus enemigos internos y externos.

La invasión de Ucrania ha cambiado el signo de los tiempos al revivir en suelo europeo episodios que parecen extraídos de la crónica de la Segunda Guerra Mundial

En este contexto historicista, en el que la tradición y la religión ortodoxa hacen frente común con el poder político, las consideraciones sobre una Rusia democrática o la incorporación del país a una economía global no son tomadas en cuenta por quienes solo valoran la voluntad de poder, dentro y fuera de las fronteras del país. Tales planteamientos han originado una profunda brecha con el Occidente liberal, que hasta ahora se mitigaba con los intereses económicos, sobre todo los de los europeos. La invasión de Ucrania, que Europa pareció resistirse a creer hasta que estalló en toda su crudeza, ha cambiado el signo de los tiempos al revivir en suelo continental episodios que parecen extraídos de la crónica de la Segunda Guerra Mundial.

Los riesgos del armamento nuclear

Una de las similitudes con la guerra fría es que uno de los actores, Rusia, es la mayor potencia nuclear del mundo (más de 6.000 ojivas) e insinúa de continuo que puede utilizar este tipo de armas si su seguridad o territorios se ven amenazados. Este planteamiento parece tener su fundamento en el hecho de que las bombas nucleares arrojadas por los estadounidenses sobre Hiroshima y Nagasaki, a principios de agosto de 1945, tuvieron el efecto inmediato de llevar a Japón a la rendición pocos días después. La conclusión, un tanto simplista, sería que el armamento nuclear, siempre que se use de forma limitada, podría servir para vencer en una guerra a un enemigo que dejaría de combatir por temor a más represalias de este género.

Más allá de la poco realista creencia de que se pueden limitar los efectos de un ataque nuclear, aunque sea con armas tácticas y en un escenario cuidadosamente elegido, la historia nos demuestra que una potencia nuclear puede ser derrotada, o simplemente tiene que retirarse, en una guerra convencional. En el conflicto de Corea, el general Douglas MacArthur contempló la posibilidad de emplear armas nucleares contra China, pues la ayuda militar de los chinos a los norcoreanos había obligado a los estadounidenses a retroceder. El orgullo del general le llevaría a decir años después que “no hay sustituto para la victoria”, pero el presidente Truman le destituyó de su cargo, pues prefirió un frente estancado a un enfrentamiento nuclear con los soviéticos, que desde 1949 ya poseían la bomba.

Tampoco Estados Unidos se planteó utilizar armas nucleares contra los guerrilleros de Vietnam del Sur, aunque arrasara la selva con armas convencionales para combatirlos; ni los soviéticos emplearon medios nucleares para luchar contra la guerrilla islamista después de la invasión de Afganistán. Una cosa es tener armas nucleares y otra utilizarlas. El mundo no se ha olvidado de lo que sucedió en Hiroshima y Nagasaki, y tampoco se olvidaría de quienes emplearan por primera vez un arma nuclear táctica en una guerra convencional. Además, ni el territorio ruso estaría preservado de la contaminación radioactiva ni los ucranianos depondrían las armas en una guerra que ya se ha convertido hace tiempo en la lucha por su independencia y su soberanía nacional.

Los riesgos imprevisibles del uso del arma nuclear favorecen que el conflicto de Ucrania se prolongue y se estanque en el tiempo

En lo referente a la suspensión de la participación de Rusia en el tratado START (Tratado de Armas Ofensivas Estratégicas), anunciada por Putin a modo de golpe de efecto, tras su combativo discurso del pasado 21 de febrero, hay que decir que no constituye ninguna sorpresa. La medida se presenta como una reacción enérgica ante las injerencias occidentales en la guerra de Ucrania, si bien era algo esperado, porque Rusia se ha ido retirando de todos los tratados de armamento suscritos con Occidente. Del ejercicio continuo de una afirmación nacionalista y soberanista no podía esperarse otra cosa, aunque no se hubiera producido el conflicto de Ucrania.

Aquí vale lo señalado anteriormente: el despliegue de armamento nuclear responde siempre a un efecto disuasorio. ¿Y si la disuasión no funciona, y el enemigo sigue enfrascado en una guerra convencional? Entonces su utilización, aunque fuera de un modo limitado, tiene más inconvenientes que ventajas, porque contribuye a que el adversario dotado de armamento nuclear responda del mismo modo o con devastadores medios convencionales.

¿Qué es Rusia sin Ucrania?

En consecuencia, los riesgos imprevisibles del uso del arma nuclear favorecen que el conflicto de Ucrania se prolongue y se estanque en el tiempo, siendo otro de los que en el antiguo espacio soviético han sido calificado de “conflictos congelados”: Transnistria, Abjasia y Osetia del sur, Nagorno Karabaj… Sin embargo, este estancamiento tiene un alcance mucho mayor que esos conflictos. Puede inaugurar incluso una nueva frontera entre Rusia y Europa, pues la Ucrania que no quedara bajo el control ruso, daría la espalda definitivamente a lo que se ha venido en llamar el “mundo ruso”, pese a que la historia de Ucrania estuviera ligada a los orígenes de la Rusia medieval.

Esa frontera podría asemejarse a la de las dos Coreas, o incluso a la de Cachemira, que desde hace más de siete décadas se disputan India y Pakistán. Quizás se diera la circunstancia, nada positiva para los intereses rusos, de que Ucrania, inserta en la esfera de influencia europea, terminara por ser una nueva Corea del Sur, con un elevado desarrollo económico y social pese al talón de Aquiles de la corrupción, en contraste con otra Corea del Norte encerrada en sí misma. De ahí que Rusia se propusiera convertir a Ucrania, a partir de la “operación militar especial”, en un satélite suyo.

Ucrania podría acabar dividida como las dos Coreas, con una parte dominada por Rusia y otra proocidental

Se cumple aquí lo que dijera hace un cuarto de siglo Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad del presidente Carter: “Rusia, sin Ucrania, es un Estado nacional normal; pero Rusia, con Ucrania, es un Imperio”. Por eso, el resultado de la guerra nunca será por completo satisfactorio para Rusia, aun en la poco probable eventualidad de que se apoderara de dos terceras partes del territorio ucraniano y dejara reducida la soberanía de Ucrania a la parte occidental, que en su día perteneció al Imperio austrohúngaro y a Polonia. Ese resto de Ucrania seguiría escapando a la influencia de Rusia y persistiría en sus pretensiones de unirse a Europa, una Europa mucho más próspera y atractiva, pese a sus numerosas dificultades internas, que el conjunto de la Federación Rusa.

La posibilidad de que Ucrania se le escapara de las manos, además de la obsesiva determinación de pasar a la historia como restaurador del pasado nacional e imperial, llevaron a Putin a embarcarse en un conflicto que nunca fue la “guerra relámpago” que el presidente hubiera deseado. Su reciente discurso insiste una y otra vez en el argumento de separar al pueblo ucraniano de sus dirigentes, asimilados a los nazis, lo que sirve a Putin para desplegar la bandera de la “gran guerra patriótica” de 1941-45, tal y como se ha visto en la conmemoración del 80 aniversario de la liberación de Stalingrado, hoy Volgogrado. Las palabras del presidente ruso señalaban como responsables de la actual situación a “la élite y el gobierno ucranianos, que no sirven al interés nacional sino al gobierno de otros países”.

Cabe deducir que el interés nacional ucraniano no puede desvincularse del interés de Rusia, y de ahí que Putin, paradójicamente, acuse al régimen de Kiev de ocupar Ucrania económica y políticamente. Por tanto, la “operación militar especial” vendría a ser una guerra de “liberación”, una guerra a la que Rusia habría sido arrastrada contra su voluntad, pese a sus intentos de mediación en el Donbás tras los enfrentamientos de 2014. En este sentido, es significativo que Rusia, en los foros internacionales, esgrimiera, tal y como hicieron en alguna ocasión Estados Unidos o Israel, el art. 51 de la Carta de las Naciones Unidas, en el que se reconoce el derecho inmanente a la legítima defensa.

Una cruzada cultural

Por otra parte, Putin no solo plantea el conflicto como de liberación sino también como de defensa de los valores culturales rusos, muy unidos a una religión ortodoxa históricamente vinculada al poder central. Una Ucrania bajo influencia occidental supone una pérdida no solo de alcance político, sino incluso moral. Según el líder ruso, el responsable no es otro que Occidente, que utiliza los principios de democracia y libertad “para defender sus valores totalitarios”. Por eso, en su discurso acusó a los occidentales de “distorsionar los hechos históricos, y de atacar a nuestra cultura y a la Iglesia ortodoxa”. Así pues, el objetivo de Occidente, según Putin, es repetir en el “mundo ruso” lo que está haciendo con sus respectivos pueblos: destruir la familia y la identidad cultural y nacional.

Putin desarrolla, en consecuencia, un mensaje ideológico que le lleva a no ceder en Ucrania, a prolongar el conflicto, más allá de todo armisticio provisional, en una guerra de desgaste, porque está convencido que el tiempo jugará a su favor y los gobiernos occidentales, incitados por sus opiniones públicas y las citas electorales, se verán obligados a disminuir su apoyo militar y económico a Ucrania, lo que favorecería a los intereses de Rusia. Además, el presidente ruso parece jugar implícitamente la carta de que solo su persona es una garantía para que se produzca el fin de las hostilidades, por muy precario que pueda ser. De hecho, se ha difundido la idea en algunas cancillerías occidentales de que un sucesor de Putin, si este pierde el poder o la vida, sería un nacionalista mucho más radical. Suscitar estos temores puede ser mucho más efectivo que el habitual mantra de la utilización de armamento nuclear táctico.

Las razones de la entrada de Rusia en Ucrania (artículo del mismo autor, de 24 FEBRERO 2022, icluido como CONTENIDO RELACIONADO)

Las fuerzas rusas han bombardeado Kiev y otras ciudades ucranianas tres días después de que Vladímir Putin firmara, en la noche del 21 de febrero, un decreto presidencial por el que Rusia reconoce la independencia y la soberanía de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk.

El reconocimiento fue seguido del envío de tropas rusas con una misión de “mantenimiento de la paz”, un concepto que nada tiene que ver con el de ser fuerzas de interposición entre dos bandos hostiles y con el consentimiento de ambos. En realidad, los efectivos rusos son aliados de las milicias secesionistas que ocupan una parte de estas regiones y no solo hablan ruso, sino que enarbolan banderas rusas.

En ningún caso las autoridades rusas entienden la entrada de sus tropas como una invasión de un país soberano. Una vez más, el discurso que el presidente ruso, con el rostro impasible y en ademán de solemnidad, dirigió a su pueblo el día 21 ha sido una lección de historia, que revisa, sobre todo, el pasado soviético. La revisión no atañe a la “gran guerra patriótica” –es decir, la Segunda Guerra Mundial–, ensalzada, por activa y por pasiva, en los mensajes y las acciones del gobierno ruso. Esto ha contribuido indirectamente a salvaguardar el papel de Stalin en la historia de la URSS, pues aquel líder comunista consiguió poner bajo el dominio o la influencia de Moscú a media Europa durante la guerra fría.

La lección de historia de Putin

Sin embargo, Putin señaló abiertamente a la revolución bolchevique y a Lenin, pues fueron los responsables de la fragmentación de Rusia por su propósito de crear repúblicas independientes, dotadas incluso de un hipotético derecho de secesión. La caída de la URSS en 1991 fue, en gran manera, el resultado no previsto de este reconocimiento que no solo se llevó por delante al Estado soviético, sino que dejó a más de 25 millones de rusos fuera de las fronteras de la Federación Rusa. Catorce Estados independientes, sin contar a Rusia, quedaron desgajados del tronco común, del que formaron parte durante el período zarista o el soviético. La diplomacia rusa calificó a las repúblicas independientes exsoviéticas como “el extranjero próximo”. En teoría, Moscú reconoció su soberanía, aunque no estaba dispuesto a consentir que no estuvieran en su zona de influencia, tanto por la población rusa existente como por su carácter fronterizo.

Según Putin, los bolcheviques convirtieron en entidades nacionales lo que eran simples entidades territoriales dentro del Imperio ruso. Su empeño en conservar el poder a toda costa empezó con el tratado de Brest-Litovsk (1918) en el que cedieron a la Alemania de Guillermo II y sus aliados 1,3 millones de km2 de territorio ruso. Era el precio que los bolcheviques tuvieron que pagar para no seguir combatiendo en la Primera Guerra Mundial y consolidar su régimen en Rusia. Luego llegaría la concesión de derechos soberanos a las nacientes repúblicas, que fue consagrada en la primera Constitución soviética (1924).

El propósito de Moscú es que las repúblicas del Donbás vuelvan a la soberanía rusa tras un referéndum, como sucedió con Crimea en 2014

Las utopías revolucionarias y los nacionalismos locales contribuyeron, por tanto, a la descomposición de Rusia. En el caso de Ucrania, al finalizar la Segunda Guerra Mundial Stalin fomentó la ampliación de un país artificial al añadirle territorios que habían pertenecido a Hungría, Rumania y Polonia. Por si fuera poco, en 1954, durante el gobierno del ucraniano Jrushchov, Rusia cedió a Ucrania la península de Crimea.

Ucrania prefiere a Occidente

Estas referencias históricas del siglo XX, además de otras anteriores de la época del Imperio zarista, sirven a Putin para recalcar que Ucrania no es un país de raíces seculares. En cambio, su vinculación con Rusia es histórica, cultural y espiritual. Por lo demás, todo lo que habrían hecho los distintos gobiernos ucranianos, desde la independencia en agosto de 1991, es construir su Estado en contra de Rusia. Lejos de mantener un equilibrio entre Occidente y Rusia, los gobernantes ucranianos optaron por los modelos extranjeros occidentales, al tiempo que en el país se multiplicaba la corrupción de la mano de poderosos oligarcas que manejaban a los políticos de turno.

En opinión de Putin, la revolución del Maidán (febrero de 2014), que derrocó al presidente prorruso Víktor Yanukóvich, no trajo democracia ni progreso para Ucrania, y solo sirvió para ahondar en la separación entre Rusia y Ucrania. Entre otros ejemplos, el presidente ruso citó en su discurso la Nueva Estrategia Militar Ucraniana (2021), que contemplaría la posibilidad de que Ucrania se hiciera con armas nucleares y en la que no se oculta que el objetivo final de Kiev sería unirse a la OTAN, una alianza que, en cinco fases de ampliación, entre 1997 y 2020, no ha dejado de acercarse a las fronteras de Rusia. Ni que decir tiene que Putin rechaza la imagen de una Alianza que se presenta como una organización de países democráticos y amantes de la paz. La geopolítica tradicional, cultivada por Rusia, es totalmente ajena a tales planteamientos.

Rusia y sus aliados independientes de facto

Del discurso de Putin sobre el reconocimiento de la independencia de Donetsk y Lugansk, las dos terceras partes fueron históricas, aunque solo eran el preámbulo para hablar de la situación en las repúblicas secesionistas del Donbás. Según Putin, Kiev ha incumplido los acuerdos de Minsk (2014-15), en los que se contempla la perspectiva de una Ucrania federal, algo que podría haber satisfecho las aspiraciones de las milicias prorrusas. Añadió además que el gobierno ucraniano no solo ha impuesto el ucraniano como idioma oficial en detrimento del ruso, sino que no ha parado de hostigar a las poblaciones de los territorios rebeldes con acciones de guerra, que han provocado la muerte de civiles.

En consecuencia, y a modo de medida de protección de los compatriotas rusos en Ucrania, Putin ha firmado el reconocimiento de la independencia de las repúblicas secesionistas y establecido relaciones diplomáticas con ambas. Rusia se ve obligada a prestarles apoyo militar y el presidente ruso responsabiliza a las autoridades ucranianas del baño de sangre que pueda producirse en esos territorios.

Los rebeldes no controlan por completo el territorio de las repúblicas de Donetsk y Lugansk. Para hacerlo tendrían que desalojar a las fuerzas ucranianas, con la ayuda de Rusia, que lo consideraría como una acción de legítima defensa para proteger a los rusos. Mariúpol, la ciudad portuaria junto al mar de Azov, podría ser un objetivo preferente en el conflicto, pues permitiría a los rusos cerrar completamente este mar, ya que la orilla noreste del Mar Negro que queda enfrente de Mariúpol es territorio de la Federación Rusa.

Si se prolongan las sanciones occidentales y los combates, puede agotarse la motivación nacionalista y emocional de la población rusa para soportar los perjuicios económicos y las bajas militares

Tampoco cabría descartar un avance ruso, terrestre y marítimo, hacia el suroeste, a través de las costas del mar Negro, con la conquista de la ciudad de Odesa y la posterior pérdida del acceso al mar por parte de Ucrania. Esto podría suponer que el avance ruso llegara a las inmediaciones de la frontera con Rumania. Muy cerca Moscú tiene un aliado enclavado en Moldavia, la república de Transnistria, independiente de facto desde 1992 y con presencia militar rusa.

Si Donetsk y Lugansk se convierten en satélites rusos, se incorporarían a la categoría de Estados de facto, aliados de Moscú, que incluyen, además de Transnistria, Abjasia y Osetia del sur, que pertenecieron a Georgia. Estos Estados sirven no solo para proteger las fronteras rusas, sino también para neutralizar a Moldavia, Ucrania y Georgia, si bien en el caso ucraniano, el propósito de Moscú pasaría por la vuelta de las repúblicas del Donbás a la soberanía rusa, con un referéndum previo, tal y como sucedió con Crimea en 2014.

Los efectos de las sanciones y la estrategia de Putin

Hay un componente emotivo en la actitud de Putin, que se apoya fuertemente en la historia. Esto le hace estar convencido de que las sanciones económicas que le impongan los países occidentales es un precio que merece la pena pagar si se consigue restaurar la soberanía de Rusia sobre Ucrania o una parte de ella. Las sanciones, aunque pretendan ser selectivas, siempre acaban perjudicando a la población del país afectado, que paga así las culpas de sus gobernantes.

Por otra parte, un nacionalismo que se vea a sí mismo como víctima de la maldad extranjera, que busca destruir y humillar a Rusia, podría soportar, en principio, la llegada de ataúdes de soldados rusos, pero si un conflicto se transforma en guerra de guerrillas, como en el caso de Afganistán en la década de 1980, el componente histórico-emocional termina por desgastarse. Ni siquiera una guerra relámpago, como la de Estados Unidos en Irak en 2003, garantiza que un país ocupado no se vuelva una ratonera para unos ocupantes que se presentan como liberadores.

Hay quien asegura que Putin es un buen táctico que actúa con inmejorable rapidez. Le gusta jugar, por ejemplo, con las fechas y sus símbolos. La presión militar sobre las fronteras de Ucrania coincidió con el 30 aniversario de la desaparición de la URSS en diciembre de 1991, y el octavo aniversario del derrocamiento del presidente ucraniano prorruso Yanukóvich coincide con la entrada de tropas rusas en la región del Donbás.

Sin embargo, no todos consideran que Putin sea un buen estratega a largo plazo. La ocupación de territorios en Ucrania no alejará a la OTAN de las fronteras rusas, sino que puede incrementar esa presencia militar que Moscú pretendía evitar. Podría servir para que Ucrania volviera a plantear su demanda de adhesión a la OTAN, y que las tradicionalmente neutrales Suecia y Finlandia se plantearan esa posibilidad, sobre todo si se producen situaciones de inestabilidad en los Estados bálticos, donde viven importantes minorías rusas.

Pese a todo, en el caso de Ucrania se requiere la unanimidad de los 30 países que integran la Alianza. Francia y Alemania, que nunca han apoyado abiertamente esa petición, no necesitarían oponerse frontalmente. En cambio, lo haría Hungría, pues existe una minoría húngara en territorio ucraniano y Budapest conserva abierta la herida de la desmembración de su territorio en el tratado de Trianón (1920), lo que le podría llevar a vetar la entrada de Ucrania en la Alianza.

COMENTARIO de VICENTE ESCRIVA SALVADOR 05/03/2022 a las 9:08 pm

Buen y esclarecedor artículo. Solo una matización: Nikita Serguéievich Jrushov, no era ucraniano, aunque nació en un pueblo ruso próximo a la frontera ucraniana, concretamente en Kalinovka, cerca de Kursk. Eso sí, durante la etapa bolchevique ejerció el cargo de secretario del soviet en Ucrania, antes de serlo del Comité Central de la URSS. En febrero de 1954, Nikita Kruschev regaló Crimea a la República Socialista de Ucrania en conmemoración del 300 aniversario de su adhesión a Rusia. Esa fue la explicación oficial y grandilocuente para demostrar la generosidad soviética. Pero la verdadera razón fue puramente económica. Crimea es una zona con problemas de agua dulce y esta la recibe a través de un canal que conecta con el río Dnépier. Kruschev quería que llegara el agua pero no asumir los costes por parte de la URSS. Por ello quería que se encargasen los ucranianos del gasto de tal suministro. Y la mejor manera era entregarles Crimea. Muy prosaico pero real. Enhorabuena por la publicación

Artículo en: https://www.aceprensa.com/politica/rusia/la-guerra-de-rusia-en-ucrania-entre-el-destino-historico-y-la-cruzada-cultural/?utm_source=sendinblue&utm_campaign=Newsletter_20230203&utm_medium=email

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