Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Damián Villar: el espíritu de la imaginería 

Tres foramontanos en Valladolid 07 Abr 2023 - 07:21 CET
Archivado en:

Por José María Arévalo

(Damián Villar)

Se cumplen este 2023, veinte años de la muerte de Damián Villar, el imaginero salmantino, uno de los grandes referentes de la escultura del siglo XX . Me encantó un artículo de José Á. Montero que el año pasado publicaba La Gaceta Regional de Salamanca, sobre Damián Villar, al que conocí por ser suegro de mi hermana María Antonia, padre de mi cuñado el arquitecto Miguel Villar, que tras muchos años en Salamanca tuvo que irse, con la crisis económica, a tierras murcianas, donde finalmente se ha jubilado y ha afincado allí la familia. Tengo en mi casa, sobre un bargueño familiar de hace doscientos años, una pequeña talla en barro cocido de una paloma, de las que Damián hizo varias, aunque no sé si ésta es del propio Damián o de su hijo más pequeño que Miguel, que también es escultor. Le he preguntado a mi cuñado, que fue quien me la regaló, pero tampoco se acuerda. Así que creo puede atribuirse a Damián, y así lo hago en la foto con que ilustro este artículo, además del retrato del autor.

El artículo de la Gaceta titulaba; “El escultor salmantino, fallecido en 2003, está considerado como uno de los grandes referentes de la escultura del siglo XX, especialmente en el ámbito religioso”. Vamos a verlo.

“La historia ha demostrado con multitud de ejemplos  que Salamanca ha sido y es una potencia de primer orden en creación plástica y en pasión artística. Y que el siglo XX y las dos primeras décadas del XXI han sido una verdadera época dorada en espíritu creativo, especialmente en el  apartado escultórico. Nombres como Montagut, Mateo Hernández,  González Macías, Damián Villar,  Venancio Blanco, Fernando Mayoral, Hipólito Pérez Calvo, Enrique  Orejudo, Agustín Casillas, Severiano Grande, Ángel Mateos… han  quedado grabados con letras de oro  en el libro de escultores de referencia de esta provincia. Y también, la  mayoría de ellos, en el capítulo de  imagineros.

Renovador de la escuela imaginera salmantina

Pero si hubiese que elegir entre tan vasto y fructífero elenco a uno  que aglutine el sentir y la expresividad de todos ellos, sin duda Damián Villar (1917-2003) es el que  más se aproxima, especialmente  en el apartado imaginero, ya que  está considerado como el artífice  de la renovación de la escuela imaginera salmantina, que asentada  en la sobriedad, serenidad y expresividad, goza ya de un lenguaje vigoroso propio y de tintes contemporáneos. Y es que Villar es en sí  mismo clasicismo y vanguardia,  tradición y modernidad, recogimiento y pasión.

Atraido por la creación artística desde muy joven, Damian Villar inicia su formación en la Escuela  de Artes y Oficios, bajo las lecciones del maestro Soriano Montagut.  Al estallar la Guerra Civil es trasladado a Burgos, donde ejerce como restaurador, y acabada la contienda regresa a Salamanca, donde se  le asigna un estudio de trabajo en  el patio de Escuelas Menores junto  a los pintores González Ubierna y Abraido del Rey.  En 1940 es becado por la Diputación de Salamanca para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de  Madrid, beca que cede,  apenas dos años después, al también escultor salmantino Venancio Blanco para tomar posesión de la plaza de  profesor de talla en madera en la Escuela de Artes  y Oficios de Granada, donde permanece hasta 1950.

(Paloma. Barro cocido, obra de Damián Villar)

Director de “Artes y Oficios” de Salamanca

En esta etapa realiza importantes encargos para Granada, Salamanca y Portugal. Para Salamanca, en concreto,  realiza tres magníficos pasos de Semana  Santa: Nuestro Padre  Jesús de la Pasión (1945),  El Prendimiento (1947) y la  Virgen  de la Esperanza  (1952). A pesar de ser una etapa realmente fructífera, Damián Villar sigue echando de menos a su querida tierra y hace todo lo posible por regresar a Salamanca. En 1950 ve cumplido su ruego al conseguir la  plaza de profesor de modelado y vaciado de la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal, en la que  permanece hasta 1983, siendo director de la misma durante los últimos catorce años.

En este tiempo realiza también importantes obras para la ciudad, como la Virgen de la Peña de Francia, la medalla de la Ciudad, el  Cristo para el Seminario de Calatrava, el  Cristo del  Perdón, la  Virgen de la  Vega, la Virgen del Carmen o el medallón a  Vázquez Coronado de la Plaza Mayor, entre otras muchas. Y no lejos  de aquí, en tierras madrileñas, realiza, junto al también salmantino  Manolo Gracia, el proyecto en  bronce de la Puerta de Poniente del  Valle de los Caídos.

Maestro de Venancio Blanco

Y es que hablar de Damián Villar es referirse a la figura de un artista total, tanto en el dominio de estilos como en el manejo de materiales. Ningún material le es ajeno ni  extraño (madera, marfil, terracota,  piedra, bronce…), como tampoco lo  es ningún estilo artístico, desde el  más realista con sentir clásico, hasta la figuración más insinuante y  próxima a la abstracción, esa que  su discípulo Venancio Blanco llevaría a la máxima expresión desde la  vanguardia más tradicional.

Y es que la gran imaginación de Damián Villar le lleva a una creatividad que se adelanta a su tiempo.  Marcada por su trayectoria académica, la obra de Villar rezuma espiritualidad, belleza, sentimiento,  expresividad, vitalidad y mucha  pasión. Gracias a su gran vocación  artística, pero sobre todo a su labor  callada y perseverante, el escultor  salmantino es capaz de dotar a su  obra de una sublime belleza, producto no solo de las enseñanzas  de sus maestros, sino también de  su propia labor de formación  que le llevó a domintar todos los  estilos y materiales. Pues fiel  seguidor de la escuela imaginera castellana, con Gregorio Fernández como principal referente, Villar consigue gracias a sus  estancias en Madrid y después  en Granada unir a la austeridad,  fuerza y patetismo de la escuela  castellana la elegacia, sensibilidad y dulzura de los grandes imagineros andaluces. Y cada Semana  Santa en Salamanca es todo un  ejemplo de trayectoria imaginera,  pero también todo un homenaje renovado a su obra.

Imágenes  dotadas de vida

Son muchos los que piensan que Damián Villar ha conseguido  dar forma a la madera como  pocos artistas lo han logrado,  convirtiendo sus tallas en  verdaderos iconos de  sentimiento y belleza. Y es que si uno contempla las figuras  salidas de las manos y de la  gubia del imaginero salmantino  tiene la impresión de estar ante  imágenes dotadas de vida y, por  tanto, convertidas en auténticos  instrumentos de devoción. Tanto es así, que se podría decir —sin  caer en la equivocación— que  Damián Villar sienta las bases  estéticas de la nueva  representación religiosa. Unas bases que servirán de guía para que otros muchos artistas  salmantinos pongan a prueba su  destreza y su inquietud creativa.  Por eso, las obras de este  profesor, escultor e imaginero  salmantino emocionan a la par  que apasionan e invitan a la  espiritualidad, la reflexión y el  recogimiento. Van a cumplirse —en 2023— veinte años de su  muerte, pero su presencia, lejos  de difuminarse en el tiempo,  sigue muy viva en Salamanca a  través de su obra, una muestra  de magisterio, perfeccionismo y  autenticidad”.

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by