Por José María Arévalo
(Damián Villar)
Se cumplen este 2023, veinte años de la muerte de Damián Villar, el imaginero salmantino, uno de los grandes referentes de la escultura del siglo XX . Me encantó un artículo de José Á. Montero que el año pasado publicaba La Gaceta Regional de Salamanca, sobre Damián Villar, al que conocí por ser suegro de mi hermana María Antonia, padre de mi cuñado el arquitecto Miguel Villar, que tras muchos años en Salamanca tuvo que irse, con la crisis económica, a tierras murcianas, donde finalmente se ha jubilado y ha afincado allí la familia. Tengo en mi casa, sobre un bargueño familiar de hace doscientos años, una pequeña talla en barro cocido de una paloma, de las que Damián hizo varias, aunque no sé si ésta es del propio Damián o de su hijo más pequeño que Miguel, que también es escultor. Le he preguntado a mi cuñado, que fue quien me la regaló, pero tampoco se acuerda. Así que creo puede atribuirse a Damián, y así lo hago en la foto con que ilustro este artículo, además del retrato del autor.
El artículo de la Gaceta titulaba; “El escultor salmantino, fallecido en 2003, está considerado como uno de los grandes referentes de la escultura del siglo XX, especialmente en el ámbito religioso”. Vamos a verlo.
“La historia ha demostrado con multitud de ejemplos que Salamanca ha sido y es una potencia de primer orden en creación plástica y en pasión artística. Y que el siglo XX y las dos primeras décadas del XXI han sido una verdadera época dorada en espíritu creativo, especialmente en el apartado escultórico. Nombres como Montagut, Mateo Hernández, González Macías, Damián Villar, Venancio Blanco, Fernando Mayoral, Hipólito Pérez Calvo, Enrique Orejudo, Agustín Casillas, Severiano Grande, Ángel Mateos… han quedado grabados con letras de oro en el libro de escultores de referencia de esta provincia. Y también, la mayoría de ellos, en el capítulo de imagineros.
Renovador de la escuela imaginera salmantina
Pero si hubiese que elegir entre tan vasto y fructífero elenco a uno que aglutine el sentir y la expresividad de todos ellos, sin duda Damián Villar (1917-2003) es el que más se aproxima, especialmente en el apartado imaginero, ya que está considerado como el artífice de la renovación de la escuela imaginera salmantina, que asentada en la sobriedad, serenidad y expresividad, goza ya de un lenguaje vigoroso propio y de tintes contemporáneos. Y es que Villar es en sí mismo clasicismo y vanguardia, tradición y modernidad, recogimiento y pasión.
Atraido por la creación artística desde muy joven, Damian Villar inicia su formación en la Escuela de Artes y Oficios, bajo las lecciones del maestro Soriano Montagut. Al estallar la Guerra Civil es trasladado a Burgos, donde ejerce como restaurador, y acabada la contienda regresa a Salamanca, donde se le asigna un estudio de trabajo en el patio de Escuelas Menores junto a los pintores González Ubierna y Abraido del Rey. En 1940 es becado por la Diputación de Salamanca para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, beca que cede, apenas dos años después, al también escultor salmantino Venancio Blanco para tomar posesión de la plaza de profesor de talla en madera en la Escuela de Artes y Oficios de Granada, donde permanece hasta 1950.
(Paloma. Barro cocido, obra de Damián Villar)
Director de “Artes y Oficios” de Salamanca
En esta etapa realiza importantes encargos para Granada, Salamanca y Portugal. Para Salamanca, en concreto, realiza tres magníficos pasos de Semana Santa: Nuestro Padre Jesús de la Pasión (1945), El Prendimiento (1947) y la Virgen de la Esperanza (1952). A pesar de ser una etapa realmente fructífera, Damián Villar sigue echando de menos a su querida tierra y hace todo lo posible por regresar a Salamanca. En 1950 ve cumplido su ruego al conseguir la plaza de profesor de modelado y vaciado de la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal, en la que permanece hasta 1983, siendo director de la misma durante los últimos catorce años.
En este tiempo realiza también importantes obras para la ciudad, como la Virgen de la Peña de Francia, la medalla de la Ciudad, el Cristo para el Seminario de Calatrava, el Cristo del Perdón, la Virgen de la Vega, la Virgen del Carmen o el medallón a Vázquez Coronado de la Plaza Mayor, entre otras muchas. Y no lejos de aquí, en tierras madrileñas, realiza, junto al también salmantino Manolo Gracia, el proyecto en bronce de la Puerta de Poniente del Valle de los Caídos.
Maestro de Venancio Blanco
Y es que hablar de Damián Villar es referirse a la figura de un artista total, tanto en el dominio de estilos como en el manejo de materiales. Ningún material le es ajeno ni extraño (madera, marfil, terracota, piedra, bronce…), como tampoco lo es ningún estilo artístico, desde el más realista con sentir clásico, hasta la figuración más insinuante y próxima a la abstracción, esa que su discípulo Venancio Blanco llevaría a la máxima expresión desde la vanguardia más tradicional.
Y es que la gran imaginación de Damián Villar le lleva a una creatividad que se adelanta a su tiempo. Marcada por su trayectoria académica, la obra de Villar rezuma espiritualidad, belleza, sentimiento, expresividad, vitalidad y mucha pasión. Gracias a su gran vocación artística, pero sobre todo a su labor callada y perseverante, el escultor salmantino es capaz de dotar a su obra de una sublime belleza, producto no solo de las enseñanzas de sus maestros, sino también de su propia labor de formación que le llevó a domintar todos los estilos y materiales. Pues fiel seguidor de la escuela imaginera castellana, con Gregorio Fernández como principal referente, Villar consigue gracias a sus estancias en Madrid y después en Granada unir a la austeridad, fuerza y patetismo de la escuela castellana la elegacia, sensibilidad y dulzura de los grandes imagineros andaluces. Y cada Semana Santa en Salamanca es todo un ejemplo de trayectoria imaginera, pero también todo un homenaje renovado a su obra.
Imágenes dotadas de vida
Son muchos los que piensan que Damián Villar ha conseguido dar forma a la madera como pocos artistas lo han logrado, convirtiendo sus tallas en verdaderos iconos de sentimiento y belleza. Y es que si uno contempla las figuras salidas de las manos y de la gubia del imaginero salmantino tiene la impresión de estar ante imágenes dotadas de vida y, por tanto, convertidas en auténticos instrumentos de devoción. Tanto es así, que se podría decir —sin caer en la equivocación— que Damián Villar sienta las bases estéticas de la nueva representación religiosa. Unas bases que servirán de guía para que otros muchos artistas salmantinos pongan a prueba su destreza y su inquietud creativa. Por eso, las obras de este profesor, escultor e imaginero salmantino emocionan a la par que apasionan e invitan a la espiritualidad, la reflexión y el recogimiento. Van a cumplirse —en 2023— veinte años de su muerte, pero su presencia, lejos de difuminarse en el tiempo, sigue muy viva en Salamanca a través de su obra, una muestra de magisterio, perfeccionismo y autenticidad”.
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