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Lo que puede ser el Gran Museo Paleontológico de Castilla y León 

Tres foramontanos en Valladolid 23 Jun 2023 - 07:24 CET
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Por José María Arévalo

 

(Iberosuchus, el rey de la selva. El dibujo muestra el aspecto que tendría el Iberosuchus macrodon, el principal depredador que reinaba hace 37 millones de años en la zona que hoy se corresponde con Salamanca)

Viajar a lo que fue la Salamanca de hace 45 millones de años es posible visitando la colección de vertebrados fósiles del Eoceno de la Sala de las Tortugas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Salamanca, una de las más importantes de Europa. Cerrado ahora por falta de personal, el patrimonio hoy oculto en los sótanos de Ciencias atesora potencial para convertirse en el gran museo paleontológico de Castilla y León. Lo comentaba un artículo de La Gaceta Regional.

Todo empezó en Cabrerizos

La historia de la  colección de la Sala de las Tortugas comienza en 1966, cuando el profesor  Emiliano Jiménez halló un fósil en el salmantino teso de la Flecha, en Cabrerizos. A  este hallazgo se sumaron posteriormente otros procedentes de Corrales  del Vino (Zamora) aportados por Bartolomé Casaseca, así como más  restos de la zona Cabrerizos-Aldealengua aportados por Eduardo  Carbajosa. A partir de estas  últimas aportaciones, se consiguió  completar la descripción de la  primera especie de quelonio fósil  del Eoceno de la Cuenca del  Duero.

La creciente actividad  permitió incrementar rápidamente  el número de ejemplares  registrados. Asimismo, se inició la  colaboración con el Museo  Nacional de Ciencias Naturales de  Madrid, que extendió la  investigación sobre los quelonios  del Cenozoico a toda la geografía  española. Varias publicaciones  científicas difundieron los  hallazgos y se impulsaron nuevas  campañas de excavación. Un amplio convenio entre Iberduero  (hoy Iberdrola) y la Universidad de  Salamanca logró el patrocinio de la empresa para las investigaciones  pioneras del equipo de Emiliano Jiménez. A raíz de este convenio, el 31 de  mayo de 1988 se inauguraba la Sala de las Tortugas en la Sala de la  Columna del Edificio Histórico de la Universidad.  A finales de los 80, y en apenas 4 años la Junta de Castilla y León patrocinó  el grueso de los proyectos de excavaciones paleontológicas llevadas a  cabo por equipo de la Sala de las Tortugas en diferentes emplazamientos  de la provincias de Zamora, Salamanca y Soria. Desde 1992 no se han  llevado a cabo más excavaciones.

Un Iberosuchus, cocodrilo terrestre  

No desearías encontrártelo  en tu camino. Es el mayor  depredador por estos lares.  Corre dos veces más rápido que tú,  puede llegar a medir hasta 4 metros de largo, cerca de 1,30 m de altura y su aspecto te suena de las  películas. Pero no, no es un velociraptor. En cualquier caso, como te  atrape, estás perdido. Sus dientes  aserrados son auténticos puñales,  y su mordedura es la más fuerte,  cerca de una tonelada por centímetro cuadrado. No puede ser: estabas en Aldealengua y has viajado  en la máquina del tiempo hasta hace 37 millones de años. Pero en el  Eoceno los dinosaurios estaban extinguidos. ¿Qué está pasando?

Un imaginario viajero salmantino del tiempo podría vivir esta terrorífica escena si se topara con  un Iberosuchus, cocodrilo terrestre  que vivió en la parte emergida de  lo que hoy es la Península Ibérica  y que, como los últimos cocodrilos  corredores de Europa, fueron herederos de los dinosaurios tras la  extinción de estos hace unos 65 millones de años. La especie Iberosuchus macrodon fue descrita tras un  hallazgo en la zona de Lisboa en  1975 pero los dos cráneos más completos que existen en el mundo de  esta pavorosa fiera del Eoceno se  encuentran en unas vitrinas de la  Facultad de Ciencias de la Universidad de Salamanca.

Este templo de la paleontología, conocido como la Sala de las Tortugas, expone desde 1988 una colección de vertebrados, fundamentalmente tortugas, cocodrilos, peces y  mamíferos que habitaron la Cuenca del Duero en el Eoceno. Se denomina así a la época geológica de la Tierra comprendida en la Era Cenozoica que transcurrió entre los  56 y los 34 millones de años atrás.  Al comienzo de este lapso temporal, la temperatura, los niveles de mar y la concentración de CO2  eran significativamente más altas  que las actuales. Es el Óptimo Climático del Eoceno temprano que  elevó seis grados la temperatura  media del planeta en ‘solo’ 20.000  años, se alteraron los océanos y  la atmósfera, se aceleraron las ex tinciones de especies y se propició  la aparición de linajes de los actuales mamíferos.

Justo después de esta crisis climática tuvo lugar la expansión y evolución de los reptiles  que se encuentran en la cuenca cenozoica del Duero, representados  en la sala. La cuenca del Duero entonces no vertía hacia el Atlántico,  sino que tenía un drenaje interno  (endorreísmo) y estaba dominada  por ríos en las zonas periféricas y lagos someros en las zonas centrales de la actual región castellana y  leonesa.  El territorio que comprende la  Salamanca de hoy formaba parte  de una de las islas subtropicales. El  desplazamiento hacia el norte de la  placa africana generó a partir del  Eoceno los sistemas montañosos de la península y configuró, junto  con el brazo de mar surpirenaico,  un espacio geografico aislado que  produjo especies endémicas.

(Quelónios fósiles de la Cuenca del Duero)

11 yacimientos explotados, la mayoría en Zamora

Esta  es la gran importancia que tiene la  coleccion de la sala para el estudio  de la evolución de los reptiles en la  península.  Los hallazgos obtenidos en las  excavaciones que inició el equipo  del profesor Emiliano Jiménez en  1966 se extendieron hasta 1992 en  las provincias de Salamanca, Zamora y Soria, donde afloran las rocas más antiguas (principalmente  del Eoceno) del Cenozoico de la  Cuenca del Duero con vestigios de  faunas fósiles subtropicales.  De los 11 yacimientos explotados, la mayoría en Zamora, los más  antiguos son del Eoceno Inferior o  Eoceno Medio inferior y se localizan en las proximidades de Zamora  capital, en la zona de Cubillos-Monfarracinos y Sanzoles, pero también en las localidades zamoranas  de Corrales del Vino, Casaseca de  Campeán, Jambrina, Madridanos  y Santa Clara de Avedillo.

Algo  más modernos son los yacimientos  salmantinos de Cabrerizos y San  Morales y el importante yacimiento soriano de Mazaterón, todos  ellos del Eoceno Medio superior.  Los yacimientos más modernos del  Paleógeno con fósiles en la Sala de  las Tortugas están de nuevo en Zamora (Castrillo de la Guareña) y  tienen una edad Eoceno superior y  posiblemente Oligoceno.

Hoy día la colección de vertebrados fósiles del Eoceno que reune la Sala de las Tortugas es una de  las más importantes de toda Europa, con cerca de 25.000 ejemplares  catalogados. La sala de la Columna  del Edificio Histórico de la Universidad fue en 1988 el primer emplazamiento de esta muestra y en 2000  fue trasladada a una dependencia  en los sótanos de la Facultad de  Ciencias.  Cerca de 30.000 escolares han  admirado de cerca a estos sorprendentes ‘bichos’ prehistóricos  aprendiendo al mismo tiempo sobre la evolución geológica de su  tierra natal.

Poco antes de la pandemia, en unas reformas en la sala  se actualizó la determinación de  los ejemplares expuestos, se reestructuraron los contenidos y se  realizaron diversas mejoras. A finales de 2021 fallecía Emiliano Jiménez, alma del proyecto.  Desde 2019, la Sala de las Tortugas  permanece cerrada al público. No  hay presupuesto para mantener la  instalación ni personal para organizar las visitas guiadas.

Paraiso de ‘tortugólogos’.

Los paleocheloniólogos son los  científicos que estudian las tortugas fósiles. Coloquialmente, “tortugólogos”, que en este espacio, tienen su particular “paraíso”. Los  fósiles de tortugas son los más representados en este peculiar museo de la Facultad de Ciencias. Hace 40 millones de años, en la periferia de la Cuenca del Duero proliferaban especies que hoy solo se encuentran en zonas tropicales, pertenecientes a las familias Podocnemididae, Carettochelyidae, Trionychidae y Testudinidae. La primera  de ellas es la que cuenta con una  representación más amplia en la  colección, y en ella destaca la Neochelys salmanticensis, descrita por  Emiliano Jiménez en 1968. Es la  tortuga más abundante del Eoceno  salmantino y sus restos han sido  encontrados en los escarpes del  Tormes desde Villamayor hasta  Aldealengua.

Un fragmento de la parte inferior de un caparazón de Neochelys  salmanticensis es uno de los 16 holotipos que reúne la Sala de las  Tortugas. Este es el nombre que recibe el primer ejemplar que se describe de una especie.

Un tesoro paleontológico

“Las descripciones  de entonces no eran tan detalladas  como pueden ser hoy, cuando podemos aplicar técnicas como  la tomografía computarizada”, señala Santiago  Martín de Jesús, comisario científico de la Colección de Vertebrados Fósiles de la  Cuenca del Duero – Sala de las Tortugas. “Podemos conocer las tortugas de Europa y establecer cuáles  son las diferencias con las de aquí.  De hecho estamos haciendo una  revisión completa de la especie con  todos los últimos descubrimientos”.

La Universidad cuenta con nada menos que 1.200 restos de esta  tortuga, una cantidad sin parangón en Europa, correspondientes a  animales de todas las edades. Esta  especie, presente en lagos y ríos,  podría alcanzar los 80 cm. de longitud y era una de las más grandes  de Europa en su grupo.  Siendo estudiante de Geología,  el propio Santiago Martín halló en  Aldealengua una Neochelys salmanticensis, que presentaba el peto íntegro, así como las vértebras,  el esqueleto y parte del cráneo. La  colección exhibe este ejemplar, el  más completo hallado hasta la fecha, cuyo estudio está ayudando a  complementar la información anatómica de esta especie.  La Sala atesora también una de  las mejores colecciones de Europa  de la tortuga Allaeochelys, una  gran nadadora en aguas fluviales y  que como dato curioso tiene su última vértebra cervical apoyada al caparazón, lo que le permite retraer el cuello rápidamente, y  que hoy solo vive en  Australia y Nueva  Guinea. Los yacimientos zamoranos  en Corrales y Casaseca han permitido  un estudio muy detallado.

Cocodrilo terrestre

Pero  aunque los restos  son menores en número, los cocodrilos  que dominaban el  terreno en la antigua Salamanca protagonizan el apartado más sorprendente de la visita. “El  Iberosuchus es el último de los descendientes de los cocodrilos terrestres que  aparecieron en el  Cretácico en América del Sur hace 100  millones de años, y  vivieron hasta hace  30 millones”, detalla  Santiago Martín.  Los expertos formulan la hipótesis de  que pasaron de Brasil a África antes de  la creación del Océano Atlántico y  ascendieron hasta el territorio que  hoy es la Península Ibérica llegando al sur de Francia.  La disposición lateral de los  ojos en el cráneo reveló a los investigadores que se desenvolvía en tierra a diferencia de los cocodrilos  de río, que utilizan sus ojos situados en la parte superior, para otear  sobre la superficie del agua.

Los estudios de Emiliano Jiménez sobre  este depredador apuntaban a que  el Iberosuchus podría correr sobre sus patas traseras y abalanzarse  sobre sus desprevenidas presas  asiéndolas con las extremidades  superiores. El robusto fémur que  se conserva en la Facultad de Ciencias informa de que podía mantener una postura bastante erguida.  La Sala de las Tortugas exhibe  asímismo restos de osteodermos,  las placas óseas con alvéolos que  recubrían el cuerpo de los cocodrilos y que servían para regular la  temperatura de su cuerpo. Pero a  diferencia de otros cocodrilos, las  placas del Iberosuchus eran puntiagudas para cumplir una función  defensiva. Todo un acorazado, una  máquina depredadora.

Otra especie encontrada en los  escarpes del Tormes (de ahí su  nombre científico) fue el Diplocynodon tormis, unos restos datados en 37 millones de años de antigüedad, o el Duerosuchus piscator, hallado en Corrales del Vino  (Zamora)  Las excavaciones quedaron paralizadas en 1992, y desde enton- ces sólo ha recibido pequeñas donaciones de particulares. Hoy,  treinta años después, la Sala de  las Tortugas de la Universidad sigue esperando un impulso que  convierta esta asombrosa colección de restos prehistóricos en un  museo paleontológico de primer  nivel nacional e incluso europeo.  “Sería algo muy importante para  atraer estudiantes a Salamanca, y  contribuir al aumento de matriculas en los Grados de Geología e Ingeniería Geológica”.

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