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Batalla de Pensacola (1781). 7  

Tres foramontanos en Valladolid 28 Jun 2023 - 07:24 CET
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Por Carlos de Bustamante

(Granaderos españoles y el batallón de La Habana entran en Fort George. Óleo  de H. Charles McBarron Jr.)

Creo que en estos últimos episodios sobre Pensacola cabe destacar lo que, entiendo como el acto más meritorio de un combate encarnizado:  y es, el trato humanitario, propio de auténticos caballeros, con los vencidos.  Si ` en la mesa y en el juego se conoce al caballero´, habría que añadir y en la guerra.  Porque en Pensacola, como veréis, amigos míos, tan encomiable o   más fue el triunfo español sobre el inglés, como el trato dado a los ingleses humillados por la derrota sin paliativos.

La explotación del éxito, común masacre de los que triunfan sobre los que sufren la derrota, en Pensacola, fueron las armas y medios de combate los que, sin concesiones cambiaron de dueño, pero con el ejemplar respeto para los usuarios.

Como ya está bien de `marear la perdiz´, dejo todo comentario, para que mis amigos y probables únicos lectores sigáis los Vientos de Gloria de Fernando Martínez Laínez, que hablan por sí solos.

LOS INGLESES SE RINDEN

`La gigantesca brecha abierta por la explosión del almacén de pólvora fue aprovechada por la infantería española, que se lanzó al ataque dirigido por el brigadier Girón y el coronel Ezpeleta. Frente a una desesperada resistencia, los españoles ocuparon el puesto por la noche y desde allí realizaron fuego de fusilería y artillería de campaña sobre el regimiento inglés número 60 —que guarnecía el reducto de Gales— y los marineros que defendían la zona. Pronto, los disparos de la artillería española cayeron directamente sobre la fortaleza de Pensacola, que no pudo resistir el ataque masivo. Hacia las tres de la tarde, el fuerte George asomaba bandera blanca.

El general Campbell propuso una tregua y el 9 de mayo de 1781 los defensores de Pensacola capitularon. Según relata el historiador Quatrefages, el primer asalto español fue rechazado por las guarniciones de dos puestos que flanqueaban el reducto, pero ambas posiciones resultaron insostenibles ante el fuego español, por lo que los ingleses las evacuaron. Al saberse ganador de la partida, parece que el jefe español evitó el último asalto que hubiera sido mortífero para la infantería. Se limitó a poner a sus soldados a cubierto de lo que quedaba de la Media Luna, y por medio del fuego continuado impidió a los artilleros ingleses servirse de sus piezas. Ante esta situación, Campbell propuso una «suspensión de hostilidades», que el mando español no aceptó hasta que el enemigo accediese a capitular. Como resultado, el general John Campbell y el almirante Chester, capitán general y gobernador de La Florida occidental, se entregaron con más de dos mil soldados supervivientes y todas sus banderas, pertrechos, 123 cañones, cuatro morteros y seis obuses, además de miles de fusiles y otro material bélico.

Además, se rindieron 300 legitimistas civiles norteamericanos que se enviaron a Georgia con la promesa de no volver a empuñar las armas. Los prisioneros británicos fueron embarcados a La Habana y después partieron a Nueva York, donde llegaron el 12 de julio, quedando bajo supervisión de los norteamericanos. El gobernador Chester fue devuelto directamente a Londres, y tanta generosidad enfadó a los estadounidenses, que protestaron formalmente.

El acuerdo de rendición estipulaba también la entrega de todos los fuertes y puestos ingleses en el golfo de México, excepto San Agustín de La Florida y la isla de Jamaica. Además, se acordaron honores de guerra más el transporte a Inglaterra para los vencidos, y garantías a las familias y bienes de los civiles que no habían participado en la lucha.

La ciudad de Pensacola quedó prácticamente intacta por el acuerdo previo entre los combatientes para no llevar la guerra a sus calles.

El 10 de mayo tuvo lugar la ceremonia de rendición que el propio Bernardo de Gálvez describió con estas palabras: […] a las tres de la tarde se formaron a 500 varas del fuerte Jorge seis compañías de granaderos y las de cazadores de la brigada francesa, a cuya distancia salió el general con su tropa, y después de haber entregado las banderas del regimiento Waldeck, y una de artillería, con las ceremonias acostumbradas rindieron sus armas.

A continuación, dos compañías de granaderos españoles tomaron posesión del fuerte George. España volvía a ser dueña del golfo de México y recuperaba La Florida occidental, que se extendía por el sur de Alabama hasta Luisiana. Eso obligó a los británicos a desviar tropas desde el norte en el momento culminante de la guerra contra los independentistas americanos, lo cual, sin duda, contribuyó a su derrota. También desempeñaron una actuación importante los corsarios españoles, como Jorge Farragut, que hostigaron las rutas navales inglesas y entorpecieron el abastecimiento y transporte de tropas.

En el capítulo de bajas, los británicos tuvieron 145 muertos, 382 heridos y 86 desaparecidos (desertores). Los españoles muertos fueron 74 y los heridos 198. En cuanto a los franceses, sufrieron tres muertos y 26 heridos.

Gálvez proporcionó a la flotilla francesa dinero para aprovisionarse, y estos barcos partieron y participaron en el bloqueo de Yorktown, que también contó con el apoyo de la armada española. Fue una batalla que terminó con la rendición del general británico Cornwallis el 19 de octubre de 1781 y supuso un triunfo decisivo de los rebeldes norteamericanos.

El último acto de la guerra en la región de Luisiana se produjo con la revuelta de la población de Natchez, soliviantada por el general Campbell desde Pensacola. Los 200 milicianos que habían prometido no tomar las armas al ocupar España el territorio asaltó y tomaron el fuerte de Panmure, con intención de amenazar Nueva Orleans. Pero Esteban Miró, el gobernador interino de Luisiana, marchó contra ellos y acabó con la revuelta en abril de1781…

 

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