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Batalla de Pensacola (1781). Y 9  

Tres foramontanos en Valladolid 05 Jul 2023 - 07:24 CET
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Por Carlos de Bustamante

(Granaderos españoles y el batallón de La Habana entran en Fort George. Óleo  de H. Charles McBarron Jr.)

Fernando Martínez Laínez` no ha dejado para el final el mejor vino, sino como en los banquetes de las bodas, cuando los invitados ya están bebidos, el peor´.   Sin agotar gestas heroicas de las que España es tan prolífica o más que nación alguna, nos ha dado un minucioso recorrido sólo por algunas; por supuesto notables, muy notables. Desde este veterano blog, te doy amigo Fernando -si me lo permites- las más expresivas gracias. Con tu impecable Vientos de Gloria, has dado en todos los belfos a quienes, por envidia cochina (con perdón), inventaron, ya hace años, la impresentable leyenda negra con argumentos más falsos que Judas Iscariote. E inventores de nuestros días, malévolas `memorias democráticas´ o parcialmente históricas, compitiendo en maldad antiespañola con los más gabarros de Europa o   corsarios ingleses de baja estofa. Mentís rotundo de Fernando Martínez Laínez que, sin agotar el tema, pone los puntos sobre las íes, con sus narraciones a unos y otros, sean españoles o no.  Y a los que llaman memoria histórica -comunistas y adictos- que a lo negro llaman blanco y a lo blanco negro, vuelve a darles en los `belfos´ (que con perdón es lo que tienen) con esta serie de `tropecientas´ ¡memorias históricas   verdaderas

TRISTE FINAL

Aparte de mantener en jaque al ejército británico en el sur del escenario bélico de Estados Unidos, Gálvez cooperó con la causa de la independencia norteamericana en dos expediciones importantes. Una, la que emprendió el coronel George Roger Clark, que llegó a dominar toda la región; y otra, la de James Willing, quien recibió instrucciones del Congreso norteamericano para apoderarse de todas las instalaciones inglesas en el Misisipi, lo que llevó a cabo con métodos corsarios y aterrorizando a la población civil ribereña.

Willing terminó refugiándose con sus hombres y el producto de sus rapiñas en Nueva Orleans, pero los ingleses enviaron barcos que esperaban su salida de la ciudad para detenerle. Finalmente, Gálvez concedió un salvoconducto para que la fuerza de Willing pudiera escapar por tierra, y el jefe corsario se quedó en Nueva Orleans hasta que consiguió embarcar hacia las Trece Colonias norteamericanas rebeldes. Pero durante la navegación fue apresado por la marina inglesa, que lo llevó encadenado a Nueva York.

En cuanto a la mencionada campaña de Clark, fue financiada en gran parte por Bernardo de Gálvez a través de su agente secreto Pollock, que socorrió al coronel norteamericano con pólvora y mercancías.

Conforme al tratado de paz firmado en Versalles en septiembre

de 1783 por el conde de Aranda y el duque de Manchester, Gran Bretaña cedía a España la totalidad de La Florida, sin precisar límites. Esto resultó muy perjudicial para los intereses hispanos, ya que, cuando se reconoció la independencia de Estados Unidos, se fijó como frontera meridional una línea imprecisa entre los ríos Misisipi y Apalachicola que pasaba por el paralelo 32, lo que enseguida provocó conflictos fronterizos con la emergente potencia norteamericana.

Gálvez protestó a Carlos III por este acuerdo, que dejaba a España menos de sesenta kilómetros de tierra firme sobre el golfo de México y entregaba a los norteamericanos la bahía de Mobila.

Para empeorar las cosas, el tratado también permitía la libre navegación del Misisipi a los norteamericanos. Una cesión que causó muchas fricciones y que terminó agriando las relaciones con Estados Unidos. En última instancia, los norteamericanos terminaron ganando la partida. Menos de treinta años después de la victoria de Pensacola, los territorios de Luisiana y La Florida pasaron a sus manos, ante la incapacidad crónica del gobierno de España para hacer frente a la situación.

Gálvez, después de desempeñar brevemente el gobierno de Cuba, fue nombrado virrey de Nueva España y falleció en el palacio arzobispal de Tacubaya el 30 de noviembre de 1786, a los cuarenta años recién cumplidos. Sus últimos días se vieron amargados por los rumores que los envidiosos hicieron llegar a la corte de Madrid, acusándole de querer convertirse en soberano independiente de México, lo que era rotundamente falso. Eso melló su salud y precipitó su muerte. Un triste final para un héroe.

Sus restos reposan en la iglesia de San Fernando de Ciudad de México y su gesta está hoy casi olvidada por los españoles. Casi, digo, nuestro amigo Martínez Laínez, porque los foramontanos de este blog han expuesto a la opinión pública lo que tan bella y minuciosamente   tú has escrito.

De todo corazón, gracias.

Sin enmendarte la plana, me voy a permitir que a tus Vientos de Gloria le añada algún héroe más de entre los muchos que han compuesto nuestra verdadera historia `manque les pese´ -ahora vivo en Andalucía- a esos que, sin serlo de  hecho, se autoproclaman españoles.

 

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