“Los ultras ya gobiernan”, de Iñaki Ellakuría; “Ley de Violencia de Género: el PP, tonto útil del PSOE”, de Alfonso Basallo; “El nacional catolicismo de Jorge Buxadé se abre camino en los ‘Voixos Nois’”, de Alvaro J. Medina; y “La gira televisiva de Sánchez”, de Antonio Burgos
(«La economía va como una moto». Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 4)
LOS ULTRAS YA GOBIERNAN
Artículo de Iñaki Ellakuría publicado en El Mundo el pasado día 4
ERC, Bildu, Junts acumulan muchos más méritos que acreditan su peligrosidad para la democracia española que Vox arropado por Xavier Palau, el joven político que ha logrado colocar al PP como segunda fuerza en la ciudad de Lérida, Alberto Núñez Feijóo ha asegurado en Cataluña que no llevará a cabo «políticas centralistas» si es presidente. Unas declaraciones sorprendentes, en tanto que desde la restauración de la democracia ningún líder ha aplicado medidas centralistas, sino todo lo contrario: fueron constantes las cesiones de competencias a los gobiernos locales, hasta transformar el inicial estado de las autonomías en una asimétrica estructura federal.
Así pues, esta apostasía del centralismo, innecesaria en cuanto nunca ha sido practicado por el PP -lo que no impidió que el nacionalismo definiera los gobiernos de Aznar y Rajoy como «fábrica de independentistas» y justificante del procés-, no parece ir dirigida al votante popular en Cataluña, mayoritariamente favorable a que se retire a la Generalitat las competencias en Educación y Seguridad; sino que intenta garantizar a la oligarquía catalana, puntal del sanchismo que ahora duda y calcula, de que el PP no es los fachas de Vox y que el modelo autonómico está blindado.
Esta voluntad de atar antes del 23-J el apoyo de las elites nacionalistas o, al menos, una tregua temporal, es comprensible desde el pragmatismo a corto plazo, pero lleva a Feijóo a incurrir en el mismo error que cometió María Guardiola en Extremadura o el presidente andaluz, Juanma Moreno, en el desayuno informativo organizado ayer por este diario: presentar a Vox como una amenaza real para la democracia española.
Así, por un atávico complejo de inferioridad respecto a la hegemonía política y cultural de la izquierda y el nacionalismo, que lleva al PP a intentar siempre no parecer muy de «derechas», y que es la razón de la falta de un criterio único respecto a los acuerdos locales y autonómicos con Vox, la dirección popular avala la estrategia del sanchismo político y mediático de deslegitimar, en un Pacto del Tinell a la española, cualquier acuerdo de «las derechas».
La guerra entre PP y Vox, dos partidos que comparten una misma base social, ofrece a Sánchez una de las pocas oportunidades para conservar la presidencia. Al ser motivo de desconcierto y, tal vez, de desmovilización el 23-J de muchos españoles que sólo esperan que del centro derecha emane una alternativa de gobierno al Frankenstein. Y que, obviamente, relativizan el supuesto peligro de «la extrema derecha», por la sencilla razón de que los ultras nacionalistas, a diestra y siniestra, hace cuatro décadas que gobiernan y están en las instituciones: en Cataluña, el País Vasco y tras la moción de censura a Rajoy, también en el Gobierno de España de la mano de Sánchez.
Extremistas varios con un historial a sus espaldas, el golpe de Estado del 17, la corrupción sistémica del 3%, la exclusión del español en las aulas, la cobertura moral, política y material de ETA…, que les acredita como peligro para nuestra democracia y ofrece argumentos políticos y morales para aislar a Junts, ERC, Bildu y el PNV. Más sólidos, desde luego, que la estulticia crónica de Gallardo&Buxadé o que la única medida concreta de Vox en un gobierno que Jordi Amat pudo exponer en El País para retratar el Apocalipsis facha que, dice, se avecina: la supresión en Albacete de tres carriles bici.
Artículo en: https://www.elmundo.es/espana/2023/07/03/64a32f0bfdddff85868b458a.html
LEY DE VIOLENCIA DE GÉNERO: EL PP, TONTO ÚTIL DEL PSOE
Artículo de Alfonso Basallo publicado en Actuall el pasado día 3
La bulimia ideológica del PP es tal que se traga todas las leyes ideológicas que la izquierda le pone en el pesebre. Zapatero domina el arte de mentir sin pestañear, y cuando le entrevistan coge carrerilla, se pone en modo Pinocho, y encadena una de tras de otra. Pero -nadie es perfecto- a veces se le escapa alguna verdad.
Como en la entrevista a la Sexta cuando dijo que el PP no cambió ninguna de las leyes ideológicas que él impulsó (matrimonio homosexual, aborto, memoria histórica etc.) Así es. El expresidente lo decía como un elogio para el sentido de Estado de los populares, cuando lo que deja entrever es que les considera lo que los soviéticos llamaban un Poljeznyj idiot (tonto útil).
A la dirigente extremeña María Guardiola, y a su jefe de filas, Alberto Nuñez Feijoo, les cuadra perfectamente el calificativo (no es nada personal) al haber convertido en casus belli, la violencia de género, una de esas leyes ideológicas, basadas en una patraña antropológica, que el metabolismo omnívoro del PP ha tragado, como traga todo lo que le eche el PSOE. Un casus belli que a punto ha estado de significar romper con Vox y regalarle Extremadura al PSOE. Han salvado los muebles, in extremis, pero el episodio demuestra la anemia de ideas del PP y lo movedizo de sus cimientos.
Es un hecho probado que la violencia no tiene género. En rigor, el género es gramática (masculino, femenino y neutro). El sexo, en cambio, es biología, pero eso es harina de otro costal. Sí, ya sé, hubo una vez una tal Simone de Beauvoir y luego una tal Judith Butler que coló la patraña del género en la universidad y ahora dan en las aulas gato por liebre y te pueden expulsar por llamar al pan, pan. ¿Y? También hubo una época en que doctos cátedros, que peinaban canas, comenzaban las clases cantando el Cara el Sol o, en otras latitudes, la Internacional, o La bandera en alto de Horst Wessel, y ¡ay del que no lo cantara!
Es otro hecho probado la violencia del hombre hacia la mujer, que se salda con malos tratos, vejaciones y asesinatos. Una lacra y un grave problema social. Hasta ahí estamos todos de acuerdo. En rigor, sí se puede hablar de violencia machista. El machismo sigue arraigado en determinados sectores, en forma de violencia o en forma de superioridad y condescendencia. Y pervive en esta época de supuesta emancipación de la mujer, debido precisamente a la libertad sexual, ya que la falta de respeto en un ámbito tan sagrado y delicado es la espita de la violencia en todos los sentidos.
Pero la solución no puede ser una ley que considera culpable al varón por el hecho de serlo, y a la mujer víctima por el hecho de serlo. Porque se lleva por delante el principio constitucional de la igualdad de todos ante la ley (art. 14) y la igualdad efectiva entre hombres y mujeres (art. 1 de la Ley Orgánica de 2007). Y porque al penalizar automáticamente al varón en cuanto la mujer denuncia, VioGen se carga el derecho a la presunción de inocencia (art. 24.2 de la Constitución: “Todos tienen derecho (…) a no confesarse culpables y a la presunción de inocencia”). Eso lo ve cualquiera, hasta dos conspicuos socialistas, como Joaquín Leguina y Alfonso Guerra, nada menos.
Pero el PP no sólo se zampó este disparate jurídico del PSOE, sino que lo metabolizó al sellarlo posteriormente en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género (2017) junto con todo el arco parlamentario. Actualmente solo Vox discrepa, y eso le ha granjeado la etiqueta de negacionista, cuando los verdaderos negacionistas son los demás partidos, con el PSOE a la cabeza (negacionistas de la igualdad ante la ley y de la presunción de inocencia).
¿Por qué se conduce así el PP?: ¿Son, tal vez, los famosos maricomplejines, marca de la casa?… ¿bulimia ideológica que le lleva a devorar y asimilar acríticamente cuantas migajas le pone la izquierda en el pesebre, emulando en sus reflejos al chucho de Paulov: véase la frase de Feijoo: “los derechos LGTB son sagrados”? No queremos ser mal pensados, pero ¿tendrá que ver la postura del PP con la sospechosa unanimidad de todos los partidos -excepto Vox- en torno al Pacto de Estado contra la Violencia de Género, porque hay mucho dinero de por medio? ¿Será, en fin, tacticismo, carente de principios?lo No descartemos esto último. “Mantener principios inquebrantables te convierte en una opción inútil” dejó dicho en 2016 Rafael Hernando, portavoz del PP en el Congreso.
Aunque Feijoo y Guardiola ya han reculado (¡a la fuerza ahorcan!) para desalojar al PSOE de Extremadura, lo que pone de manifiesto el affaire de los últimos días es que lo que le convierte en opción inútil es precisamente no mantener principios inquebrantables. O más exactamente lo que le convierte es en “tonto útil” del PSOE.
Artículo en: https://www.actuall.com/familia/ley-de-violencia-de-genero-el-pp-tonto-util-del-psoe/
Artículo de publicado en el pasado día
Artículo en:
EL NACIONAL CATOLICISMO DE JORGE BUXADÉ SE ABRE CAMINO EN LOS ‘VOIXOS NOIS’
Artículo de Alvaro J. Medina publicado en Moncloa.com el pasado día 3
Jorge Buxadé impone su ley en Vox. La corriente más dura de la formación liderada por Santiago Abascal no sólo gana espacio interno, sino que sus postulados prevalecen sobre la economía. La voz del vicepresidente primero de acción política de Vox y jefe del partido en el Parlamento Europeo está por encima de Iván Espinosa de los Monteros, un griterío que se ha cocido a fuego lento desde Cataluña, como lo fue la fusión con Plataforma per Cataluña (PxC), entre cuyos dirigentes había reconocidos xenófobos.
El discurso de Buxadé, conocido en tierras catalanas como el líder de los ‘Voxos Nois‘ y por su estrecha relación con Falange Española de las JONS -se presentó por este partido en las elecciones al Parlament en 1995-, ha calado hondo en la sede de Bambú en Madrid. Sus postulados se centran no sólo en conseguir bajadas de impuestos o mejorar la economía, como ha pedido Espinosa de los Monteros en los distintos gobiernos autonómicos y municipales en los que ha podido pactar con el Partido Popular.
Se dio una imagen lamentable de un partido que aspira a gobernar
Buxadé aplica también exigencias de máximos a la hora de pactar. No se conforma únicamente con los sillones o consejerías, sino que éstas deben tener un potente carga ideológica para poder amoldarlas al programa del nacional catolicismo. En estas mesas de negociación, mucho más duras y menos amistosas de lo que están acostumbrados en el PP, se exigen departamentos como Educación y lo relacionado con el campo o la agricultura, también se crean espacios para las familias. Cargos y puestos relevantes a la hora de atraer a las masas de votantes abandonados por el centrismo del PP.
Buxadé amenaza con romper si no se atienden sus exigencias
En Cataluña se tilda el error de los pactos de Vox con el PP de Andalucía y Madrid, entre otros gobiernos. «Prácticamente se regalaron», afirman las voces. «Se dio una imagen lamentable de un partido que aspira a gobernar», aseveran. Buxadé odia los chantajes, pero no escatima a la hora de amenazar con la ruptura o el bloqueo si la otra parte no se allana a sus exigencias, como ha ocurrido en Extremadura.
Los ‘populares’ se han negado a aceptar un trato con Vox hasta este pasado fin de semana. Un audio de uno de los asesores más cercanos de la candidata ‘popular’ contra Abascal ha devuelto el río al cauce y previsiblemente habrá acuerdo, pero no sólo de investidura, sino también de Gobierno, con sus cargos y sus respectivos sueldos.
Buxadé está enterrando el legado de Espinosa de los Monteros, al que ve ahora como un «comparsa del PP» y no un combatiente en la guerra ideológica en España, un batalla a la que Vox se ha sumado desde el inicio. El también abogado del Estado se ha rodeado de los suyos para poder implantar sus métodos y fórmulas desde la cabeza de la formación. Para ello, Buxadé ha facilitado el ascenso de Ignacio Garriga a la cúpula del partido, mientras que el matrimonio entre Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio reduce su exposición pública e interna. «Su discurso está ya muy visto y lejos de ganar votantes los pierden», señalan.
Buxadé ha cultivado en Cataluña a la sección más radical. El órdago separatista ha sido un gran apoyo a sus intereses, con la ruptura de España, el orden constitucional y la inmigración ilegal. A partir de ahí, reunir a sus adeptos ha sido coser y cantar, más cuando el PP había renunciado a dar esta batalla, mientras Ciudadanos está luchando por sobrevivir. Con Garriga, Vox es ahora la cuarta fuerza en el Parlament, por encima del PP y Ciudadanos juntos.
Buxadé, de Cataluña a Madrid pasando por Bruselas
Con esta voz, Buxadé ha confeccionado el resto de listas, también muy fácil al atraer a personas desaparecidas de la política, pero con fuertes convicciones. El último obstáculo salvado ha sido el de Javier Ortega Smith, en caída libre por la salida de Macarena Olona y la bronca interna en las últimas elecciones. Con todo, Vox ha triplicado sus resultados y tiene un total de 1.695 concejales, muy lejos de los más de 23.400 del PP.
Buxadé se ha ganado y muestra una confianza total en su líder, manteniendo la línea dura de someter al PP en el terreno ideológico, una guerra donde los ‘Voxos Nois‘ son expertos y donde los ‘populares’ no se mojan con suficiente contundencia. No solo se trata de la Agenda 2030, la ideología de género o la homosexualidad, sino que van más allá, con la inmigración ilegal que viene en África, pero también la que vuela de Latinoamérica. Este discurso ha calado profundamente en la UE, con una vuelta a la derecha en la mayoría de gobiernos.
Buxadé espera paciente el error de Abascal
Al mismo tiempo, el ex candidato de Falange de las JONS exige a los ‘populares’ aceptar sus peticiones en Estremadura, haciendo valer todos sus votos. «Es una falta de respeto a los votantes» es el mantra más utilizado por los dirigentes, como si en el programa electoral se hubiesen previsto los escenarios de los posibles pactos. El fin no es sólo derogar el sanchismo, sino todas las leyes ideológicas tras la cita electoral del próximo 23 de julio.
Este giro hacia una posición extrema por el momento gana adeptos, pero habrá que esperar y ver las consecuencias de los pactos, así como sus resultados, especialmente si han o no servido para eliminar la ideología o tan sólo se han mantenido a cambio de entregar sillones.
Buxadé nunca se ha postulado como cabeza de lista de Vox al Congreso por la circunscripción de Barcelona. Su voz en la Cámara Baja chocaría directamente con los postulados de Espinosa de los Monteros. «El plan no pasa por tener dos gallos en el gallinero», apuntan las fuentes consultadas. El abogado del Estado está más cómodo dando instrucciones sin luz ni taquígrafos delante o bien desde Europa, donde el discurso pasa más inadvertido. Por ahora, espera al resultado electoral para estudiar los siguientes pasos. Su objetivo no es otro que poder sustituir a Abascal una vez que el líder ceda más peso en él y su equipo.
LA GIRA TELEVISIVA DE SÁNCHEZ
Artículo de Antonio Burgos publicado en ABC el pasado día 2
Y esto no ha hecho más que empezar. Me refiero a la precampaña electoral del 23-J, a la que hay que quitarle lo de «pre». Todo el mundo lo dice: estamos en campaña siempre. No se gobierna, se hace campaña. Y los gurus de la Moncloa han cambiado las tácticas, a la vista de que los mítines tienen un alto riesgo y los debían hacer en recintos acotados y con un público adicto como de plató, pidiendo el DNI a los elegidos como asistentes para evitar abucheos. Los mítines han sido cambiados por la Vuelta a las Televisiones de España que ha emprendido Sánchez y me imagino que, tras el paréntesis en Bruselas de su posesión como presidente de turno de la UE, continuarán en las semanas que quedan de aquí al día 23.
Como artista en gira de promoción de su último disco, Sánchez ha estado ya de televisión en televisión, hasta en las enemigas, consideradas como terminales mediáticas de la derecha extrema y de la extrema derecha, de los del puro y la chistera, de los empresarios y de todo aquello que hay que destruir. Ha sido una sorpresa ver a Sánchez en televisiones donde, si antes salía, era para ponerlo verde. Y han utilizado todos los formatos y cadenas para aprovechar al máximo la transmisión del mensaje del día, del argumentario de la semana, del habitual ataque a Feijóo y al PP, aparte de la demonización de Vox.
Me imagino que los asesores de Sánchez han tomado buena nota de su paso por «El Hormiguero» como innovación del tipo de programa en que solía aparecer. El chiste lo hizo Feijóo un día después, «en el mismo sitio y a la misma hora», como cantaba Chiquetete, al decir que si nuestra economía, según Sánchez, «va como una moto», lo lógico era que fuese al programa de Pablo Motos, que miren cómo no le preguntó por Marruecos. Ay, esa memoria…
En este plan de una campaña montada con su gira por las televisiones es una pena que hayan suprimido el «Sálvame». Sánchez hubiera quedado de cine junto a Belén Esteban, Kiko Matamoros y Jorge Javier Vázquez dando su opinión sobre la Pantoja. Pero a falta de ese programa, hay decenas más de ellos donde no hay que perder la esperanza de que saldrá Sánchez para colocarnos su mercancía. De todos, el que me parece más propio es «Pasapalabra». Un «Pasablabra» a medida: «Con la V: partido machista y xenófobo de ultraderecha». ¿Y en lo de Ana Rosa, con mucho vídeo de los que circulan por las redes, no quedaría bien Sánchez? Nada digo de «Y ahora Sonsoles», soporte maravilloso para que nos convenciera de que con él estamos mejor que queremos.
¿Y «Supervivientes»? Sánchez quedaría hecho un Robinson Crusoe en todas las pruebas y nos podrìa hablar a pie de playa del cambio climático y de lo que va a aprobar para solucionarlo. Nada, nada, quiero más Sánchez en televisión. Lo quiero en «Master Chef», en el programa de Arguiñano o en el de Bertín Orborne, para descubrir sus secretaas artes culinarias. Porque en la cocina de Tezanos presentándolo como ganador está ya muy visto. «Tú cara me suena» con esa manipulada «Ruleta de la suerte».
Artículo en: http://www.antonioburgos.com/abc/2023/07/re070223.html
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