Por Carlos de Bustamante
(Chicas, Acuarela de Carlos A. Ortega Delgado en Hispacuarela de Facebook)
Me consta, queridos amigos, y más que nunca probables únicos lectores, que estas lecciones de la RAE, tienen de todo menos de fáciles. Ítem digo, que, cuantos por gracia de Dios nacimos en la cuna del castellano o donde dicen que mejor se habla -sin desmerecer a ninguna otra región de España-, llevamos en los genes algunas expresiones que nos salen solas en la escritura. Así como de otras, que, por nuevas, nos producen extrañeza y más de un rechazo. Mas no por ello dejamos de acatar la voz autorizada de la que es `mater et magistra´ de nuestro riquísimo idioma: la RAE, donde se miran más de quinientos millones de hispano parlantes; salvo -y mirad qué poca gracia tiene- los que ocupan sus asientos en el hemiciclo. Personalidades que no parece, sino que algunas procedan (con perdón) del arroyo más cercano. Tales son sus carencias del idioma que `chapurrean´. Diputados o senadores que les trae al pairo seguir las reglas o normas de la RAE-.
Y digo yo, ¿no sería obligado para ocupar un asiento donde se legisla o aprueban leyes que debieran reportar un beneficio a todos los ciudadanos, -españoles en este caso- unos conocimientos superiores a los de cajera en un supermercado, por ejemplo?
Os aseguro, amigos míos, que nada tengo en contra de este oficio tan digno como el que más y que, desarrollado con honradez, puede ser incluso santificable. Pero, digo también, sin animadversión alguna, que `zapatero a tus zapatos´. Expresión de la sabiduría popular que poco tiene que ver con su ínclito predecesor del que no puedo eximir de que sea más maestro del plagio que quien tiene el atrevimiento de sacarlo a la palestra.
Dicho lo cual, paso al apartado `h´ tanto más enrevesado que los anteriores que no pueden, ni deben, ser ignorados por sus señorías.
- h) Los agudos acabados en -n y en -s forman normalmente el femenino añadiendo una -a: guardián/guardiana, bailarín/bailarina, anfitrión/anfitriona, guardés/guardesa, marqués/marquesa, dios/ diosa. Se exceptúan `barón´ e `histrión´, cuyos femeninos se forman a través de los sufijos -esa e -isa, respectivamente: baronesa, histrionisa. También se apartan de esta regla la palabra rehén, que funciona como epiceno masculino (el rehén) o como común (el/la rehén), y la voz edecan, (ayudante de campo), que es común en cuanto al género (el/la edecán; → edecán). Por su parte, las palabras llanas con esta terminación funcionan como comunes: el/la barman.
- i) Los que acaban en – L o -z tienden a funcionar como comunes: el/la cónsul, el/la corresponsal, el/la timonel, el/la capataz, el/la juez, el/la portavoz, en consonancia con los adjetivos terminados en estas mismas consonantes, que tienen, salvo poquísimas excepciones, una única forma, válida tanto para el masculino como para el femenino: dócil, brutal, soez, feliz (no existen las formas femeninas dócila, *brutala, *soeza, *feliza). No obstante, algunos de estos sustantivos han desarrollado con cierto éxito un femenino en -a, como es el caso de juez/jueza, aprendiz/aprendiza, concejal/concejala o bedel/bedela.
- j) Los terminados en consonantes distintas de las señaladas en los párrafos anteriores funcionan como comunes: el/la chef, el/la médium, el/la pívot. Se exceptúa la voz abad, cuyo femenino es abadesa. Es especial el caso de huésped, pues, aunque hoy se prefiere su uso como común (el/la huésped), su femenino tradicional es huéspeda. (¿).
- k) Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los nombres que designan grados de la escala militar: el/la cabo, el/la brigada, el/la teniente, el/la brigadier, el/la capitán, el/la coronel, el/la alférez; los sustantivos que designan por el instrumento al músico que lo toca: el/la batería, el/la corneta, el/la contrabajo; y los sustantivos compuestos que designan persona: el/la mandamás, el/la sobrecargo, un/una cazatalentos, un/una sabelotodo, un/una correveidile.
- l) Cuando el nombre de una profesión o cargo está formado por un sustantivo y un adjetivo, ambos elementos deben ir en masculino o femenino dependiendo del sexo del referente; por tanto, debe decirse la primera ministra, una intérprete jurada, una detective privada, etc., y no la primera ministro, un intérprete jurado, un detective privado, etc.: «Me llamo Patricia Del Amo y soy detective privada» (Beccaria Luna [Esp. 2001]).
- i) Los que acaban en -l o -z tienden a funcionar como comunes: el/la cónsul, el/la corresponsal, el/la timonel, el/la capataz, el/la juez, el/la portavoz, en consonancia con los adjetivos terminados en estas mismas consonantes, que tienen, salvo poquísimas excepciones, una única forma, válida tanto para el masculino como para el femenino: dócil, brutal, soez, feliz (no existen las formas femeninas *dócila, *brutala, *soeza, *feliza).
No obstante, algunos de estos sustantivos han desarrollado con cierto éxito un femenino en -a, como es el caso de juez/jueza, aprendiz/aprendiza, concejal/concejala o bedel/bedela. Una vez puestos al atracón de tan espinosas lecciones como nos presenta la RAAE, y que servidor transcribe, finalizaré con el título -5- que le sigue, antes de que alguno de mis amigos e improbables lectores `me corra a gorrazos´ por el empacho lingüístico.
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