Por Carlos de Bustamante
(Chicas, Acuarela de Carlos A. Ortega Delgado en Hispacuarela de Facebook)
Todo lo que os quería transmitir sobre el uso del masculino y femenino -tan maltrado hoy- creo haberlo plasmado en estos cinco artículos de la mano de la RAE. Sé que excepto mis amigos habrán sido muy pocos los lectores. Lástima, porque bien hubiera querido que llegasen a quienes por su dedicación ganada a pulso o dada por parentesco, amistad, o porque a quien nos preside le dio la real gana (sin que g.a D. tenga nada que ver con la realeza). Ésos que desde las bancadas del Congreso o del Senado e incluso desde el púlpito(lo siento, pero es verdad) nos dirigen la palabra son los que con preferencia deberían haber leído, o mejor, estudiado, la riqueza de nuestro idioma por respeto a los oyentes y a esos casi seiscientos millones de hispanoparlantes, como creo haber dicho en ocasiones anteriores. Reconozco la dificultad y que en cierta manera resulta farragoso.
- GÉNERO DE LOS NOMBRES DE PAÍSES Y CIUDADES. En la asignación de género a los nombres propios de países y ciudades influye sobre todo la terminación, aunque son muy frecuentes las vacilaciones. En general puede decirse que los nombres de países que terminan en a átona concuerdan en femenino con los determinantes y adjetivos que los acompañan: «Serán los protagonistas de la Colombia del próximo siglo» (Tiempo [Col.] 2.1.90); «Hizo que la vieja España pensara sobre sus colonias» (Salvador Ecuador [Ec. 1994]); mientras que los que terminan en -a tónica o en otra vocal, así como los terminados en consonante, suelen concordar en masculino: «Para que […] construyan juntos el Panamá del futuro» (Siglo [Pan.] 15.5.97); «El México de hoy ya no es el México de hace tres años» (Proceso [Méx.] 19.1.97); «La participación de Rusia en el Iraq que resultará de la guerra dependerá de si adopta una “postura constructiva” en la ONU» (Razón [Esp.] 9.4.03). En lo que respecta a las ciudades, las que terminan en -a suelen concordar en femenino: «Hallado un tercer foro imperial en la Córdoba romana» (Vanguardia [Esp.] 10.3.94); mientras que las que terminan en otra vocal o en consonante suelen concordar en masculino, aunque en todos los casos casi siempre es posible la concordancia en femenino, por influjo del género del sustantivo ciudad: «Puso como ejemplo de convivencia cultural y religiosa el Toledo medieval» (Vanguardia [Esp.] 16.10.95); «Ya vuela […] sobre la Toledo misteriosa» (Reyes Letras [Méx. 1946]); «El Buenos Aires caótico de frenéticos muñecos con cuerda» (Sábato Héroes [Arg. 1961]); «Misteriosa Buenos Aires” (Mujica Buenos Aires [Arg. 1985] tít.). Con el cuantificador todo antepuesto, la alternancia de género se da con todos los nombres de ciudades, independientemente de su terminación: «—¿Lo sabías tú? —Bueno, Javier, lo sabe todo Barcelona” (Mendoza Verdad [Esp. 1975]); «Por toda Barcelona corre un rumor de llanto y de promesa” (Semprún Autobiografía [Esp. 1977]). La expresión masculina «el todo + nombre de ciudad» se ha lexicalizado en países como México y España con el sentido de `élite social de una ciudad’: «Su pequeño bar es el lugar donde se reúne “el todo Barcelona”» (Domingo Sabor [Esp. 1992]).
A pesar de que es `vox pópuli´ quien dice que Valladolid es la ciudad donde mejor se habla el castellano, he de reconocer que, vallisoletano de pura cepa, y por lo que a mí respecta, opino que no es Valladolid donde mejor se habla, sino que visto lo visto, es donde menos mal se habla el llamado idioma de Cervantes.
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