“El dilema del PP sobre su estrategia respecto a Vox: entre el acercamiento y el desencuentro”, de Natalia Cristóbal; “Primera exigencia desde Junts al PSOE: Que se pueda hablar en catalán en el Congreso”, de Germán González; “Maravilla de Mareta”, de Antonio Burgos; y “Tras el chasco electoral: errores, insuficiencias y el paso adelante de Feijóo”, de Federico Jiménez Losantos
(Viñeta de Nieto en ABC el pasado día 2)
EL DILEMA DEL PP SOBRE SU ESTRATEGIA RESPECTO A VOX: ENTRE EL ACERCAMIENTO Y EL DESENCUENTRO
Artículo de Natalia Cristóbal publicado en El Debate el pasado día 2
Los populares fueron la lista más votada pero, con los números sobre la mesa, no puede formar gobierno como esperaba. Surge en sus filas la necesidad de preguntarse qué fallo y cuáles serán los pasos a seguir tras el 23-J.
¿Distanciarse de Vox para ensanchar el electorado y atraer a votantes socialistas, o aproximarse a la formación de Santiago Abascal y recuperar al votante conservador? ¿Continuar con el giro al centro, o girar a la derecha? ¿Insistir en buscar acuerdos con el PSOE, o naturalizar los pactos con Vox? Son algunas preguntas que quizá estén hoy rondando en Génova, y entre el electorado del Partido Popular.
Aun sin saber qué escenario habrá a la vuelta de verano, si una repetición electoral o un nueva legislatura con Pedro Sánchez en La Moncloa, los populares se plantean si deben continuar con la estrategia seguida hasta ahora, en línea con las primeras opciones, o cambiar. Lo que sí han dejado claro es que cierran filas en torno al liderazgo de Feijóo.
Él y Abascal se reunieron a mediados de la semana pasada para analizar el panorama tras las elecciones, que, con los números encima de la mesa, les han dejado sin posibilidad de gobernar. Cada uno lo ha achacado a distintos factores, pero surge en ambos la necesidad de preguntarse qué falló para que el PSOE ganara un millón de votos y hoy pueda sumar para reeditar su Gobierno y para que la suma de sus respectivos escaños no sea suficiente como esperaban.
En busca de mayorías y de la centralidad
Cuando tomó las riendas del PP, hace más de un año, Feijóo lo erigió como el partido de las mayorías. Él acumulaba cuatro mayorías absolutas en Galicia, y esperaba gobernar en solitario, en las comunidades autónomas y a nivel nacional. En el Congreso de Sevilla, en abril de 2022, apeló a una política de «adultos», sin soflamas, y enunció su intención de «ensanchar el partido para sumar» y hacer del PP una formación donde cupiesen diferentes sensibilidades.
Se quiso entonces distanciar de Vox, apenas un mes después del pacto alcanzado con el partido de Abascal en Castilla y León, que también generó debate en Génova. Y durante el tiempo que ha seguido después, con la mirada puesta en este año electoral, Feijóo ha venido defendiendo una política basada en la centralidad y la moderación, alejada de «populismos», y una política de diálogo y de consensos.
El PP planteó en clave nacional las elecciones autonómicas y municipales, como un duelo entre Feijóo y Sánchez, y centró su objetivo en «derogar el sanchismo», como también hizo ante las generales. En sus mítines llamó a los votantes del PSOE desencantados con la deriva de su partido en manos de Sánchez, así como a los de Podemos que no quisieran que Vox tuviera poder de decisión en un futuro gobierno, y a los propios votantes de Vox, apelando al voto útil.
Tensiones por los pactos autonómicos
Las declaraciones de dirigentes del PP mostrando un acercamiento al PSOE y lanzando críticas y mensajes contra Vox provocaron el enfado de los de Abascal, que criticó a los populares por «amenazar» la alternativa y les acusó de «blanquear» a Sánchez al ofrecerle pactos y tenderle la mano.
Los acuerdos alcanzados con Vox en tres regiones, la Comunidad Valenciana, Extremadura y Baleares, en las dos primeras entrando en el Ejecutivo, fueron utilizados por el PSOE y Sumar como una baza política azuzando, de nuevo, el miedo a la «ultraderecha» para movilizar a su electorado de cara al 23-J. PP y Vox ya pronosticaron que generaría gran revuelo en el sector de la izquierda y sus terminales mediáticas, como ocurrió con el pacto entre Alfonso Fernández Mañueco y Juan García-Gallardo en 2022.
Precisamente por esa razón desde las filas populares se barajaba la opción de retrasar la firma de los pactos autonómicos hasta después de las generales. Sin embargo, y previo aviso por parte de los barones del PP de que hablarían con todas las fuerzas políticas para tratar de buscar apoyos para sus investiduras, la conformación de los Ejecutivos autonómicos, aunque a diferentes ritmos, llegó.
El líder popular valenciano, Carlos Mazón, fue el primero en dar el paso. Naturalizó su acuerdo, entendiendo que había que poner en marcha lo antes posible el Gobierno que habían demandado en las urnas los valencianos. En la región extremeña, en cambio, las declaraciones de María Guardiola contra Vox generaron un fuerte desencuentro que pudo conducir a una repetición electoral. No obstante, se dio por cerrado el capítulo y firmaron un acuerdo por el que Vox entraba en el Gobierno con una consejería. Tampoco gustó en Bambú que el PP eligiera pactar con el partido de Miguel Ángel Revilla en Cantabria; y las tensiones en Murcia contribuyeron, y aún lo hacen hoy, a encallar unas relaciones maltrechas.
Reunificar el centro-derecha
José María Aznar en su momento reivindicó la moderación y el diálogo, y consiguió aunar varias corrientes, desde conservadores y liberales hasta democratacristianos, bajo las siglas del PP, aunque entonces no existían otras formaciones en la derecha, apelando a una unión del centro-derecha español que pudiera ser percibida como una alternativa real al socialismo.
Mariano Rajoy también defendió la moderación. Sin embargo su contexto fue otro. Han sido traídas a colación en varias ocasiones las declaraciones que pronunció cuando se postulaba en 2008 como candidato a la reelección al frente del PP: «Si alguien quiere irse al partido liberal o al conservador, que se vaya». Se interpretó como una interpelación directa a la entonces presidenta madrileña Esperanza Aguirre, que era partidaria de no «rehuir» los debates ideológicos.
Es en la ‘era Rajoy’ cuando surgen dos nuevos partidos en el espacio a la derecha del PSOE, Ciudadanos, hoy extinto, y Vox, que se mantiene como tercera fuerza política nacional. Tras las elecciones, hubo quien defendió que mientras Vox existiese el centro-derecha no podría gobernar, o que mientras el centro-derecha se presentara dividido no se desbancaría a Sánchez.
Dentro del PP hay voces como la de Mazón o la de Isabel Díaz Ayuso que sí naturalizan los pactos con Vox, o la propia Aguirre, que estos días criticaba que algunos populares compren el «marco ideológico de la izquierda» que estigmatiza a los de Abascal y prefieran un PSOE fuerte. Frente a esa línea que aboga por pactar, coexistiendo con Vox, y por no dejar de defender –o volver a defender– ciertos postulados, otra parece apostar por reunificar el centro-derecha creciendo por el centro y sin mirar a Vox, como sostuvo recientemente Juanma Moreno. El PP tiene ante sí un dilema que aclarar antes de la próxima cita con las urnas, o bien en unos meses o, como tarde, dentro de cuatro años.
PRIMERA EXIGENCIA DESDE JUNTS AL PSOE: QUE SE PUEDA HABLAR EN CATALÁN EN EL CONGRESO
Artículo de Germán González publicado en El Mundo el pasado día 1
Un sector de JxCat pide al partido de Puigdemont, que ponga «un precio muy alto», como es la amnistía y la autodeterminación, para investir a Pedro Sánchez.
El ex presidente catalán Carles Puigdemont pierde apoyos dentro de su partido, Junts Per Catalunya (JxCat) en su defensa cerrada de no hacer presidente del Gobierno al dirigente socialista Pedro Sánchez. Cada vez más hay voces internas que le instan a negociar, con condiciones, posibles acuerdos para garantizar un gobierno de la izquierda frente a PP y Vox y que pasarían por el entendimiento con el PSOE, aunque para eso se debería arrinconar al sector más unilateral e irredento de Junts que rechaza cualquier tipo de pacto con los que consideran los «partidos del 155».
De esta forma, Acció per la República, una organización de independientes de Junts per Catalunya, han reclamado un «frente común» con ERC para la negociación con el PSOE que también pasaría por una «posible reconstrucción del pacto de gobierno en la Generalitat», pese a que hace unos meses defendió la salida de Junts del Ejecutivo catalán. Además, instan a JxCat a «mantener el pulso» con sus dos principales exigencias, como son la autodeterminación y la amnistía, así como con alguna otra medida como «accediendo a votar la presidencia del Congreso a cambio de la aceptación del uso ordinario del catalán, euskera y gallego en las cámaras».
El uso de las lenguas cooficiales del Estado desde la tribuna parlamentaria es una vieja aspiración de las formaciones nacionalistas que han visto como desde la presidencia del Congreso se les llamaban al orden cuando las utilizaban de forma reiterada al defender propuestas en la última legislatura. Acció per la República recuerda que «sólo un precio muy alto y muy fácil de explicar puede justificar el voto favorable al candidato a la presidencia del Gobierno español. Además, aseguran que no se debe ver «una posible repetición electoral como una amenaza» y mantienen que, si se debe volver a las urnas, el presidente Puigdemont debería «recoser el movimiento independentista alrededor de una lista electoral abierta, transversal, integradora y de futuro, capaz de volver a hacer un pulso a un estado español caduco».
Acció per la República reclama que los «nacionalismos periféricos» deben «revalorizar sus escaños» para que no se produzca «la mayoría alternativa de la derecha», aunque añaden que «el apoyo al candidato socialista no puede ser fruto del miedo a la amenaza que supone Vox. Hay que llevar a PSOE y Sumar a una lógica de negociación política».
Sin embargo, dentro de JxCat hay más voces que están a favor del pragmatismo para apoyar a Pedro Sánchez ante cualquier tentación de una oposición frontal que lleve a una nueva repetición electoral. El ex presidente de la Generalitat Artur Mas aconsejó a Carles Puigdemont que sea «más exigente que intransigente» en la negociación para la investidura. En declaraciones a Catalunya Ràdio, Mas apuntó que querer hacer nuevas elecciones a toda costa es una «temeridad» ya que no es «un escenario deseable», puesto que ahora los partidos independentistas tienen «la llave de todo».
En este sentido, Mas defendió también una «estrategia conjunta de negociación» entre Junts y ERC, pese a que no significa que los dos partidos estén de acuerdo en todo, sino que permita abordar «la solución del conflicto político entre Cataluña y el Estado Español». Así, añadió que el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, «hace poco tiempo» defendía que «los grandes temas» eran la amnistía y el referéndum, por lo que no ve imposible pactar «una hoja de ruta». De esta forma Mas pidió «cohesión» al independentismo en Madrid ya que «cuando tienes una posición decisiva en la política española, debes jugarla en favor de tu proyecto».
El ex presidente catalán también es consciente de que es «casi imposible» que Sánchez acepte un referéndum, pero pidió «esperar a los primeros movimientos de los socialistas conjuntamente con Sumar» ya que «la responsabilidad última de esta negociación no recae ni en Junts, ni en ERC». «Si el tándem PSOE-Sumar no quiere abordar la solución del conflicto catalán, deberá entender que la negociación con los partidos independentistas no sea fácil», recordó Artur Mas.
Artículo en: https://www.elmundo.es/cataluna/2023/08/01/64c7f988fc6c838b558b459e.html
MARAVILLA DE MARETA
Artículo de Antonio Burgos publicado en ABC el pasado día 31
Estaban este año demasiado revueltas las aguas del acuífero de Doñana como para que Sánchez comenzara sus vacaciones en Las Marismillas, previa copita de manzanilla en Bajo de Guía y cruce del Guadalquivir en barcaza. Hay demasiada polémica sobre los acuíferos de Doñana como para apareciera una imagen de Sánchez en el Palacio, que tiene un césped de verde y de bien regado que ríase usted de la pista grande de hierba de Wimbledon. Por eso las vacaciones de Sánchez empiezan en La Mareta, en la Costa Teguise de Lanzarote, casoplón de playa obra de César Manrique, regalo personal de Hussein I de Jordania a Don Juan Carlos I en 1989, y que el Rey pasó inmediatamente a la propiedad del Patrimonio Nacional, para que luego digan y larguen del padre de Don Felipe VI. ¡Dios, la que le hubieran liado si Don Juan Carlos considera La Mareta de su propiedad y no la cede al Estado!
Como los partidos no están para estas cosas, no sé si es lícito o ilícito que un presidente en funciones use para su veraneo particular los bienes del Estado, cual La Mareta, como si estuviera ejerciendo ya con la elección de la mayoría parlamentaria en el Congreso. Sea como fuere, es una maravilla que Sánchez pueda irse a La Mareta con Begoña Gómez su mujer, y con sus dos hijas, Carlota y Ainhoa, y sus invitados, sin mayores complicaciones, y sin las averías que al llegar se encuetra cualquier español al abrir su apartamento de la playa o al chalé en primera línea que heredó de sus padres. Sólo por gozar de directamente del veraneo merecen la pena los malos ratos que los presidentes han de pasar a lo largo del año y la de sapos que han de tragar. ¿Usted se figura la maravilla que es poder disfrutar de una casa en la playa sin tener que pagar el IBI semestral ni la cuota mensual de los gastos de comunidad? Y sin tener que ir a la pesadez de la reunión de vecinos, donde el mijitas de siempre dice cada vez que en su apartamento hay una filtraciòn en el bajante de la cocina que le ha dicho el seguro que no le corresponde pagar a ellos, porque es del edificio, y que hace ya dos reuniones que se aprobó que se lo arreglaban y aún no han hecho nada.
¿No es una maravilla llegar a La Mareta sólo con la maleta y sin mayores preocupaciones? Una maravilla impagable, y los que tienen apartamento en la playa lo saben. Que lleguen, deshagan las maletas, no se encuentren ningún desaguisado de todo el año sin usar y Begoña no le diga:
— Pedro, tienes que avisar urgentemente al fontanero, porque en el cuarto de baño de las niñas no sale el agua caliente. Y, ah, al servicio técnico del lavavajillas, porque al encenderlo salta el diferencial. A ver si consigues que esta misma tarde vengan, no vaya esto a salir ardiendo.
Una maravilla, todo funcionando, como nuevo, nada roto, ni un bombilla fundida. La lavadora en perfecto estado de revista, sin que haya que llamar a servicio técnico alguno, que sabe Dios los días que tardan en venir y cuando llegan estamos en la playa. Y el televisor con la señal más nítida que nunca. Y ni una telaraña, ni una cucaracha, y la terraza, limpísima. ¡Así quieren todos ser presidentes! Para no llevarse en La Mareta un solo disgusto de los que al resto de los españoles nos da el apartamento cada año el día que llegamos.
Artículo en: http://www.antonioburgos.com/abc/2023/07/re073123.html
TRAS EL CHASCO ELECTORAL: ERRORES, INSUFICIENCIAS Y EL PASO ADELANTE DE FEIJÓO
Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 30
Las cosas en España, y en el mundo de hoy en general, van tan deprisa que el chasco electoral del 23 de Julio nos parece ya lejanísimo, y apenas ha pasado una semana. Los que pensaban ganar, no sabían por cuánto, siguen preguntándose cómo perdieron y ni siquiera se paran a pensar por cuánto. Es como si de golpe, toda España, masiva y mayoritariamente, se hubiera puesto a votar a Sánchez, cuando lo único que ha conseguido ese sujeto es que una colección de delincuentes, de terroristas a golpistas pasando por el Cártel de Puebla, se apresten a formar con él una mayoría parlamentaria que sólo tiene en común el «vasto plan de demoliciones» como el de Azaña, y que, para su desgracia y la de la Nación, tomó cuerpo en la II República.
El error de las encuestas
Todas las encuestas, incluso las encargadas por el Gobierno, se equivocaron en el porcentaje de voto y la atribución de escaños al PP y Vox. Ni Tezanos, que hace unas horquillas como las tragaderas de su jefe acertó el resultado. Y sin embargo, lo primero que hay que reseñar es que las derechas lograron un número altísimo de votos, más de once millones, el segundo mejor de su historia, en pleno verano y con todas las trampas del Gobierno en contra. El PP ganó holgadamente las elecciones, Vox perdió más de 600.000 votos, y el bloque de derechas se quedó a sólo cuatro escaños de la mayoría absoluta. Basta ver los escasísimos votos por los que los perdieron para comprobar que una colaboración inteligente les habría permitido conquistarlos-es el caso de tres escaños en Cataluña, uno en Guipúzcoa, donde la unión era de rigor-, para lograr la mayoría absoluta y derrotar a Sánchez y su banda. No ha habido pocos votos en la derecha. Lo que han estado es mal repartidos.
El error de las encuestas que acertaron plenamente en las elecciones de dos meses antes, sobre todo GAD3, que por eso era la más fiable, fue creer, porque era un acto de fe, que había una porción suficiente de voto socialista para pasarse al PP y darle la victoria. Michavila ha explicado que de los tres cuartos de millón de votos socialistas que calcularon que votarían a Feijóo sólo lo hizo un cuarto de millón. Pero ese error no nacía de una estadística, sino de una superstición muy arraigada en la derecha: la del PSOE bueno. Y, evidentemente, ese PSOE no existe.
La excusa del «miedo a Vox» que da Michavila tampoco me parece buena. Vox sólo da miedo a los que les gusta el género de terror. Lo que pasa es que a la izquierda le gusta atribuir el terror a la Derecha. Antes de Vox, el miedo al fascismo, la pérdida de derechos y demás trapacerías del PSOE era el «Dóberman» de las elecciones de 1993, y desde el 11M de 2004, con Zapatero, la Derecha ha sido siempre culpable de lo que no era para que la izquierda pactara con los culpables que sí eran y de los delitos más atroces, desde el terrorismo etarra al golpismo separatista y a la feroz discriminación lingüística y legal a los que en las regiones separatistas pretenden ejercer sus derechos constitucionales.
Con Sánchez, la indiferencia moral, la indigencia intelectual, visible en sus leyes de género, y el cambio de discurso y de aliados según le convenía al PSOE ha alcanzado un nivel de intensidad todavía superior al Zapatero. No sé en qué se basan los demóscopos para creer que un millón de socialistas era capaz de rectificar y votar a la Derecha, con Feijóo o con Santa Rita. El sectarismo, blindado por una mayoría mediática aplastante, ha hecho de la Izquierda, en la que ya no hay diferencia entre socialistas y comunistas, una secta donde toda la información viene de dentro y al enemigo de fuera se le puede llamar como se quiera. El cordón sanitario siempre está dispuesto. Y siempre funciona. Las elecciones que en las dos últimas décadas ha ganado la izquierda las ha ganado siempre desde el extremismo. Pero los tontos de la derecha siguen empeñados en que se ganan en el centro que voló Zapatero. Vamos, que no existe.
No hay una posición de centro, intermedia, entre tener una monarquía parlamentaria y derribarla, no hay un término medio entre cumplir la Constitución e incumplirla, no es posible respetar la Ley y no respetarla. No es posible que la soberanía nacional sea del pueblo español y no lo sea, o lo sea a medias. La soberanía, y la Constitución, son o no son. Zapatero dijo que «el concepto de nación es discutido y discutible», pero no discutía el de nación catalana, cuando dijo que aceptaría «cualquier estatuto que viniera de Cataluña», antes de procrear él ese estatuto anticonstitucional.
Tampoco existe una posición de centro, equilibrada, entre aceptar que los etarras manden en las instituciones cuando la mitad de sus crímenes están sin juzgar o considerarlo inaceptable. Que hay sociedades profundamente corrompidas por el totalitarismo de pistola o mediático, como la catalana o la vasca, no supone que toda España deba corromperse, siquiera a medias. El centrismo siempre me ha parecido un fruto de los complejos de la Derecha y del pancismo de los que confunden política y administración, tal vez porque llegan a la política con el único bagaje de haber ganado una oposición. Es el caso de la Brigada Aranzadi de Soraya, que ante el golpe de Estado en Cataluña dijo que presentaría «un incidente de ejecución de sentencia», tras asegurar que no habría urnas y mandar al «Piolín». Que esa escoria política, esos inútiles, esos traidores a España y a la Constitución tenga o quiera tener todavía algo que decir en el PP y la política nacional es inaceptable. Y su falta de valor intelectual y político es lo que abona errores como el del «PSOE bueno» que en cualquier momento se irá a votar al PP. Parodiando al PSOE, el PP debería gritar en Génova 13 «¡con Soraya no!».
Las culpas repartidas del «voto útil»
Tras el chasco, evitable si se hubiera creído menos en las encuestas y más en la colaboración contra el enemigo común separatista, en Cataluña y el País Vasco, PP y Vox, sobre todo Abascal en su discurso de la noche del 23J, han condenado como afrenta intolerable la llamada al «voto útil». Esa es una excusa pesada y estúpida. Todos los partidos creen que su voto es útil; si no lo creyeran, no habrían nacido. La utilidad puede ser inmediata o no, moral o política, pero todos ven útil el voto a sus candidatos.
En el PP dicen que el voto a Vox ha sido «inútil» contra Sánchez y «lo será siempre». Pero ese «siempre» es recentísimo. A las ocho de la noche del 23J no existía. Cabe llegar a esa conclusión después, y muchos votantes de Vox lo harán, pero no por falta de utilidad de su voto, sino porque no ven a Vox capaz de aprovecharlo. Hablar de «demonización de Vox» por el PP como si Vox no hubiera demonizado al PP y el PSOE no hubiera demonizado a Vox es grotesco. Es la fórmula podemita de culpar a otros de lo que has hecho mal o no te ha salido bien. Es abonarse a la irresponsabilidad, a la perpetua adolescencia ideológica y, más pronto que tarde, a la inutilidad. Pero no del voto: de una política que no se toma en serio ir a las mayorías.
El liderazgo de Feijóo no debería discutirse
La campaña de Vox ha sido malísima, salvo los anuncios en YouTube, y Abascal ha ido arrastrando los pies de plaza en plaza, pero sin convicción. La campaña del PP, desde el Verano Azul de Bendodo y Semper a ese monumento a la estupidez oportunista llamado María Guardiola, ha sido también horrorosa. Mohosa como la de Rajoy, Soraya y Montoro en 2011. Y, en el fondo, sustentada en la misma idea arriolista, la de recibir el Poder a base de no moverse y no provocar a la Izquierda. ¡Como si fuera tonta! Lo que no cabe en la derecha, sobre todo en Génova 13, es un tonto más.
Lo único indiscutible, tan bueno que ni el PP se lo creía, fue el debate cara a cara de Feijóo contra Sánchez. Cabe discutir si debió también ir al debate a cuatro, donde Abascal tampoco fue capaz de asegurar su voto, y favoreció, aunque poco, la estrategia de Sánchez de poner en primer plano a Sumar, que, en realidad, ha restado 700.000 votos a Podemos en su peor resultado. También pareció inteligente apartarse del «debate de perdedores» y hoy se discute, como todo. Salvo «Verano Azul», que es una memez indiscutible.
En todo caso, lo que allí emergió y me parece un error ponerlo en duda, de forma ingenua Esperanza Aguirre y más esquinada Moreno Bonilla, es el liderazgo de Feijóo. Su anuncio de ir a una sesión de investidura es un paso al frente en ese liderazgo, y si lo hace como en el debate, se convertirá en la primera moción de censura contra Sánchez. La que le pidieron Arrimadas y Abascal que presentara en su día. Es evidente que hay un PP más sorayo, el andaluz, y otro más liberal, el de Madrid, pero Feijóo llegó al liderazgo del PP pactando con ambos.
Y ese pacto debe mantenerse frente a su peor enemigo, que es el PP mismo, ayudado por los periodistas que desde hace años se han dedicado a impedir cualquier alternativa de derechas a cualquier Izquierda. Si los políticos del PP no saben todavía que hay unos cuantos, no más de cinco, cuyo único objetivo es favorecer al PSOE y que ante ellos deben callar, porque, digan lo que digan, se utilizará contra el PP, no han entendido nada. Basta discriminar, sin censurar. Y no son medios, son agentes del ayer Comando Rubalcaba, hoy Brigada Barroso, que van a ir siempre con la misma matraca: la derecha más centrada, la menos ultra, la que no asusta… Es decir, la que quiere la izquierda. Ayuso lo dejó muy claro en rueda de prensa: «Yo no acepto el marco mental de la Izquierda». El día en que ese PP que va de moderado lo entienda, la derecha vencerá.
Hay quien cree que el apoyo al liderazgo de Feijóo es una opción. Es una necesidad. Ante la investidura de Sánchez para derribar el régimen del 78 no caben dudas ni matices, o se le hace frente o no. Y el que debe hacerle frente es Feijóo, con o sin Abascal. Feijóo ya demostró ante Sánchez que como líder político vale infinitamente más que él. Pero en la derecha gana a veces el discurso de la «mano tendida», el «sentido de Estado» y demás gansadas mariacomplejinadas. Que Feijóo lo finja es normal, recordemos el error de Rivera acertando el diagnóstico y no la táctica. Lo grave sería que lo creyera, y, sinceramente, creo que sabe que le espera una legislatura de perros, peor que la de Aznar del 93 al 96, cuando Vox no existía y el peligro del franquismo y el túnel del tiempo, encarnados en el dóberman nazi, eran exactamente los mismos que ahora. Hay que excavar trincheras, blocaos y bloqueos para defender la Nación y la Constitución. Y el jefe de obra es Feijóo. No le demos más vueltas; y Abascal, si quiere ser útil, que también es posible. Sánchez lo va a poner tan terroríficamente difícil que todo es posible. Y a esa posibilidad, que es pura necesidad, debemos aferrarnos.
Home